Trump amenaza a Irán con destruir los puentes y centrales eléctricas

Donald Trump aprovechó el domingo de Pascua, en uno de los momentos más tensos de la guerra con Irán, para lanzar su ultimátum más duro hasta ahora contra Teherán. Lo hizo a su manera, desde Truth Social, con una mezcla de exhibición de poderío militar, desafío verbal y amenaza directa. «Abrid el jodido estrecho, malditos locos, o viviréis en el infierno. Ya lo veréis», escribió, en un mensaje que elevó todavía más el tono del pulso que mantiene con la república islámica.No se quedó ahí. El presidente puso además fecha al desenlace. El martes, dijo, será el día en que Irán afronte las consecuencias si no reabre el estrecho de Ormuz, la arteria marítima por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial . «El martes será el día de las centrales eléctricas y de los puentes, todo en uno, en Irán. No habrá nada igual», advirtió, en una referencia explícita a posibles ataques contra infraestructuras estratégicas del país.La amenaza supone un salto cualitativo en esta guerra. Estados Unidos ha golpeado durante décadas objetivos militares, instalaciones nucleares, arsenales, centros de mando o posiciones de milicias, pero no ha hecho de la destrucción deliberada de infraestructuras civiles una bandera en sus grandes conflictos recientes. Noticia relacionada general No No Trump recuerda a Irán su ultimátum: «Faltan 48 horas para que se desate el infierno» David AlandeteCruzar esa línea tendría implicaciones militares, políticas y legales de enorme calado. El derecho internacional humanitario prohíbe los ataques contra objetivos civiles salvo que exista una justificación militar directa, clara y proporcionada. Si no se cumple ese criterio, esos bombardeos pueden ser considerados crímenes de guerra.Trump lanzó ese mensaje apenas minutos después de anunciar el rescate del segundo aviador estadounidense derribado en Irán. Utilizó ese golpe de efecto para proyectar la idea de que Washington mantiene la iniciativa y puede escalar todavía más si Teherán no cede sus exigencias. La Casa Blanca intenta así combinar presión militar sobre el terreno con una intimidación pública destinada a quebrar la resistencia del régimen iraní.Fin del ultimátumEl ultimátum no nació este domingo tampoco. Trump lo planteó hace días , cuando dio a Irán un plazo de diez días para reabrir Ormuz. Ese plazo vence este martes. Desde entonces, el presidente ha ido endureciendo el lenguaje, mientras dejaba abierta la posibilidad de que los ayatolás diesen marcha atrás y aceptasen una salida que evitara una nueva fase de la guerra. Esa es una de las claves de esta crisis: la Casa Blanca ha querido mantener hasta el final una pequeña rendija para la negociación, pero siempre apoyada en la amenaza de un castigo devastador.Lo que ha ocurrido es que Teherán no ha cedido, ni aun sometido a toda la presión. Irán ha mantenido el pulso, no ha dado señales de aceptar las exigencias estadounidenses y ha convertido el estrecho de Ormuz en un campo central de esta batalla. Para el régimen, resistir ahí tiene un enorme valor estratégico y simbólico. No solo pone a prueba la capacidad de Estados Unidos de imponer su voluntad, sino que también demuestra a sus aliados y a su opinión pública que no está dispuesto a rendirse bajo presión.Esa resistencia iraní explica la escalada de Trump. A medida que se acerca el final del plazo de diez días sin avances visibles, el presidente ha pasado de las amenazas generales a señalar objetivos concretos, mientras ha anulado sus planes de viaje y ha permanecido en el Despacho Oval. Ya no habla solo de represalias vagas o de una respuesta severa. Habla de puentes, de centrales eléctricas y de infraestructuras que sostienen el funcionamiento del país. Es una forma de decir que, si Irán no cede, la siguiente fase no consistirá solo en seguir golpeando capacidades militares, sino en afectar al corazón mismo del Estado iraní.Si Irán no cede, la siguiente fase de EE.UU. no consistirá solo en seguir golpeando capacidades militares, sino en afectar al corazón mismo del Estado iraníEn Washington, ese tono ha provocado inquietud. El senador demócrata Tim Kaine alertó de que esa retórica es «realmente peligrosa», porque en una guerra abierta aumenta el riesgo de represalias contra militares estadounidenses capturados o aislados tras las líneas enemigas. La crítica no es menor. Llega justo después de una operación de rescate extremadamente delicada y recuerda que, en conflictos de este tipo, las palabras del comandante en jefe también tienen consecuencias sobre el terreno.Pero Trump parece haber asumido ese riesgo. No da señales de querer rebajar la presión. Al contrario, ha optado por redoblarla en un momento en el que considera que Irán puede estar más debilitado y más expuesto. El mensaje del domingo de Resurrección fue, en ese sentido, algo más que una amenaza improvisada en redes sociales. Fue una advertencia con calendario, objetivos y voluntad de ser tomada literalmente.Lo que está en juego ahora no es solo la reapertura de Ormuz ni el flujo del petróleo mundial. También está en juego la credibilidad del propio Trump, según se admite en su propio partido. Si Irán no se mueve antes del martes, el presidente tendrá que decidir entre ejecutar su amenaza y cruzar una línea que Estados Unidos ha evitado hasta ahora, o retroceder después de haber elevado el tono al máximo.   

Donald Trump aprovechó el domingo de Pascua, en uno de los momentos más tensos de la guerra con Irán, para lanzar su ultimátum más duro hasta ahora contra Teherán. Lo hizo a su manera, desde Truth Social, con una mezcla de exhibición de poderío … militar, desafío verbal y amenaza directa. «Abrid el jodido estrecho, malditos locos, o viviréis en el infierno. Ya lo veréis», escribió, en un mensaje que elevó todavía más el tono del pulso que mantiene con la república islámica.

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