Tarde de toreros. De toreros en mayúsculas, con entrega y ambición. Ni un quite perdonaron en un larguísimo festejo que nunca perdió el interés, con toros de buena condición. De las mejores tardes de la feria, como tantas veces suele ocurrir en esos carteles ‘tapados’. Y eso que la corrida tuvo una víspera torcida al rechazarse la de Lagunajanda. Hasta la finca ‘Linejo’ viajaron los camiones para embarcar otra de Montalvo, reseñada inicialmente para la Copa Chenel. ¿Algo que decir por parte de la Fundación? Se quedaron los finalistas sin los toros de Juan Ignacio Pérez-Tabernero, aunque el ganadero comentaba que intentará reunir otro encierro para los triunfadores chenelistas, pero que el objetivo era salvar la tarde de San Isidro. Salvada quedó, aunque el serio primero ya naufragara, renqueante de las manos y candidato al pañuelo verde, que asomó en un desatinado quite. Hasta tres hierros, de manejable condición, acabarían saltando al ruedo, con la terna poniendo muchísimo.Pesador el sobrero de Casa de los Toreros, aunque se cayese el segundo dígito y la tablilla anunciase 65 kilos: 625 arrojó en la báscula este Laborioso, un gran toro. Con sabrosos lances rodilla en tierra lo saludó José Garrido, que dejó una bonita media. Espléndidas la tercera y la cuarta chicuelinas del quite, con compás y torería, y una larga de remate. Rodilla en tierra arrancó la faena con el noble y humillador ejemplar. Mucho gusto puso en todo, con dos series de naturales de categoría, de vuelos echados, ligados y enroscándoselo a la cintura. Qué hondura tuvieron, de lo más profundo de San Isidro, aunque el público pecase de frialdad. Sopló Eolo cuando cambió a estribor y disminuyó el nivel, pero lo aupó de nuevo con una estocada en todo lo alto y cortó una oreja, con el mérito añadido de hacerlo rompiendo plaza. taurina_0639Buscaba la Puerta Grande el extremeño y en el cuarto se plantó a portagayola, una portagayola de verdad, con la puntera sobre la segunda raya y aguantando hasta dibujar el lance completo. Qué expresión más bella tenía este Caprichoso, con clase, pero con el defecto de escarbar una barbaridad. Se abandonó Garrido en el inicio de hinojos, con media docena inmensa. Inteligente y muy templado se mostró mientras un sector andaba temeroso por el posible triunfo. Tranquilidad a los guardianes de no sé qué esencias: el toro fue a menos y no hubo opción. Noticia relacionada general No No Feria de San Isidro Al filo de la navaja: de una correosa pelea a la clase de Buenacara Rosario PérezUna polvareda levantó Ismael Martín en la bienvenida al segundo: de todo hizo. Ahí quedó después el quite de oro. Portentosas sus facultades en banderillas, parando el toro a la Fandila. Puro espectáculo el del torero con raíces suizas y criado en Cantalpino. Principió con un pase cambiado imposible, en el que el de Montalvo no se lo llevó por delante de milagro. Tanta calidad como contado empuje poseía el animal, en el que quiso mucho, con decisión y frescura, aunque no siempre con lucimiento. Se tiró a matar con el corazón y saludó tras una petición insuficiente. El último parCuerpo a tierra tuvo que echar Martín en la portagayola al quinto, que se le vino cruzado y lo lanzó por los aires en un durísimo volteretón. Para atrás fue Bombón cuando acusó su mermado poder en banderillas. Ni la paliza le frenó marcharse a chiqueros en el sobrero de Bohórquez, un aparato, cuya altura traspasaba la hombrera de Ismael. Con qué desparpajo veroniqueó: hubo lances de ¡ole! Soberbio el último par, exponiendo con un Harangán que transmitía. Para explosión, la apertura de rodillas, con un arrojo que conmovía. Meritísima su actitud, con las telas adelantadas, puestas y dispuestas. De infarto las bernadinas de aquel valentísimo David contra el grandón Goliat. El acero frenó un premio mayor a la vuelta al ruedo.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Miercoles, 3 de junio de 2026. Vigésima tercera corrida. 16.811 espectadores. Toros de Montalvo, de mejor condición que poder y empuje: buenos 4º y 6º; Casa de los Toreros (1º bis), estupendo, y Fermín Bohórquez (5º bis), notable. José Garrido, de gris perla y oro: gran estocada (oreja); media tendida y dos descabellos (saludos). Ismael Martín, de sangre de toro y oro: estocada (petición y saludos); pinchazo y estocada desprendida (petición y vuelta al ruedo). Samuel Navalón, de blanco y oro: estocada hasta la empuñadura (saludos tras aviso); pinchazo y estocada (saludos tras dos avisos).Más justo de presencia el tercero, de buena condición pero carente de chispa. Firmeza y temple de Samuel Navalón, administrando distancias y alturas. En las cercanías acabó el de Ayora, con un desplante a cuerpo limpio. No quiso ser menos el valenciano y recibió portagayola al último, un notable Emisor, con clase y nobleza, tanta que ni hizo por él tras prenderlo por la corva. Ahí se creció Navalón, con valor y series redondas en las que se adivinaba su prometedor futuro. Lástima que el pinchazo y los dos avisos le privasen del trofeo, pero ahí quedó su tarde y la de sus compañeros. Una tarde de toreros (y toros, ojo al de Casa de…). De las que hacen afición. Tarde de toreros. De toreros en mayúsculas, con entrega y ambición. Ni un quite perdonaron en un larguísimo festejo que nunca perdió el interés, con toros de buena condición. De las mejores tardes de la feria, como tantas veces suele ocurrir en esos carteles ‘tapados’. Y eso que la corrida tuvo una víspera torcida al rechazarse la de Lagunajanda. Hasta la finca ‘Linejo’ viajaron los camiones para embarcar otra de Montalvo, reseñada inicialmente para la Copa Chenel. ¿Algo que decir por parte de la Fundación? Se quedaron los finalistas sin los toros de Juan Ignacio Pérez-Tabernero, aunque el ganadero comentaba que intentará reunir otro encierro para los triunfadores chenelistas, pero que el objetivo era salvar la tarde de San Isidro. Salvada quedó, aunque el serio primero ya naufragara, renqueante de las manos y candidato al pañuelo verde, que asomó en un desatinado quite. Hasta tres hierros, de manejable condición, acabarían saltando al ruedo, con la terna poniendo muchísimo.Pesador el sobrero de Casa de los Toreros, aunque se cayese el segundo dígito y la tablilla anunciase 65 kilos: 625 arrojó en la báscula este Laborioso, un gran toro. Con sabrosos lances rodilla en tierra lo saludó José Garrido, que dejó una bonita media. Espléndidas la tercera y la cuarta chicuelinas del quite, con compás y torería, y una larga de remate. Rodilla en tierra arrancó la faena con el noble y humillador ejemplar. Mucho gusto puso en todo, con dos series de naturales de categoría, de vuelos echados, ligados y enroscándoselo a la cintura. Qué hondura tuvieron, de lo más profundo de San Isidro, aunque el público pecase de frialdad. Sopló Eolo cuando cambió a estribor y disminuyó el nivel, pero lo aupó de nuevo con una estocada en todo lo alto y cortó una oreja, con el mérito añadido de hacerlo rompiendo plaza. taurina_0639Buscaba la Puerta Grande el extremeño y en el cuarto se plantó a portagayola, una portagayola de verdad, con la puntera sobre la segunda raya y aguantando hasta dibujar el lance completo. Qué expresión más bella tenía este Caprichoso, con clase, pero con el defecto de escarbar una barbaridad. Se abandonó Garrido en el inicio de hinojos, con media docena inmensa. Inteligente y muy templado se mostró mientras un sector andaba temeroso por el posible triunfo. Tranquilidad a los guardianes de no sé qué esencias: el toro fue a menos y no hubo opción. Noticia relacionada general No No Feria de San Isidro Al filo de la navaja: de una correosa pelea a la clase de Buenacara Rosario PérezUna polvareda levantó Ismael Martín en la bienvenida al segundo: de todo hizo. Ahí quedó después el quite de oro. Portentosas sus facultades en banderillas, parando el toro a la Fandila. Puro espectáculo el del torero con raíces suizas y criado en Cantalpino. Principió con un pase cambiado imposible, en el que el de Montalvo no se lo llevó por delante de milagro. Tanta calidad como contado empuje poseía el animal, en el que quiso mucho, con decisión y frescura, aunque no siempre con lucimiento. Se tiró a matar con el corazón y saludó tras una petición insuficiente. El último parCuerpo a tierra tuvo que echar Martín en la portagayola al quinto, que se le vino cruzado y lo lanzó por los aires en un durísimo volteretón. Para atrás fue Bombón cuando acusó su mermado poder en banderillas. Ni la paliza le frenó marcharse a chiqueros en el sobrero de Bohórquez, un aparato, cuya altura traspasaba la hombrera de Ismael. Con qué desparpajo veroniqueó: hubo lances de ¡ole! Soberbio el último par, exponiendo con un Harangán que transmitía. Para explosión, la apertura de rodillas, con un arrojo que conmovía. Meritísima su actitud, con las telas adelantadas, puestas y dispuestas. De infarto las bernadinas de aquel valentísimo David contra el grandón Goliat. El acero frenó un premio mayor a la vuelta al ruedo.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Miercoles, 3 de junio de 2026. Vigésima tercera corrida. 16.811 espectadores. Toros de Montalvo, de mejor condición que poder y empuje: buenos 4º y 6º; Casa de los Toreros (1º bis), estupendo, y Fermín Bohórquez (5º bis), notable. José Garrido, de gris perla y oro: gran estocada (oreja); media tendida y dos descabellos (saludos). Ismael Martín, de sangre de toro y oro: estocada (petición y saludos); pinchazo y estocada desprendida (petición y vuelta al ruedo). Samuel Navalón, de blanco y oro: estocada hasta la empuñadura (saludos tras aviso); pinchazo y estocada (saludos tras dos avisos).Más justo de presencia el tercero, de buena condición pero carente de chispa. Firmeza y temple de Samuel Navalón, administrando distancias y alturas. En las cercanías acabó el de Ayora, con un desplante a cuerpo limpio. No quiso ser menos el valenciano y recibió portagayola al último, un notable Emisor, con clase y nobleza, tanta que ni hizo por él tras prenderlo por la corva. Ahí se creció Navalón, con valor y series redondas en las que se adivinaba su prometedor futuro. Lástima que el pinchazo y los dos avisos le privasen del trofeo, pero ahí quedó su tarde y la de sus compañeros. Una tarde de toreros (y toros, ojo al de Casa de…). De las que hacen afición. RSS de noticias de cultura
Tarde de toreros. De toreros en mayúsculas, con entrega y ambición. Ni un quite perdonaron en un larguísimo festejo que nunca perdió el interés, con toros de buena condición. De las mejores tardes de la feria, como tantas veces suele ocurrir en esos carteles ‘tapados’. … Y eso que la corrida tuvo una víspera torcida al rechazarse la de Lagunajanda. Hasta la finca ‘Linejo’ viajaron los camiones para embarcar otra de Montalvo, reseñada inicialmente para la Copa Chenel. ¿Algo que decir por parte de la Fundación? Se quedaron los finalistas sin los toros de Juan Ignacio Pérez-Tabernero, aunque el ganadero comentaba que intentará reunir otro encierro para los triunfadores chenelistas, pero que el objetivo era salvar la tarde de San Isidro. Salvada quedó, aunque el serio primero ya naufragara, renqueante de las manos y candidato al pañuelo verde, que asomó en un desatinado quite. Hasta tres hierros, de manejable condición, acabarían saltando al ruedo, con la terna poniendo muchísimo.
Pesador el sobrero de Casa de los Toreros, aunque se cayese el segundo dígito y la tablilla anunciase 65 kilos: 625 arrojó en la báscula este Laborioso, un gran toro. Con sabrosos lances rodilla en tierra lo saludó José Garrido, que dejó una bonita media. Espléndidas la tercera y la cuarta chicuelinas del quite, con compás y torería, y una larga de remate. Rodilla en tierra arrancó la faena con el noble y humillador ejemplar. Mucho gusto puso en todo, con dos series de naturales de categoría, de vuelos echados, ligados y enroscándoselo a la cintura. Qué hondura tuvieron, de lo más profundo de San Isidro, aunque el público pecase de frialdad. Sopló Eolo cuando cambió a estribor y disminuyó el nivel, pero lo aupó de nuevo con una estocada en todo lo alto y cortó una oreja, con el mérito añadido de hacerlo rompiendo plaza.
Buscaba la Puerta Grande el extremeño y en el cuarto se plantó a portagayola, una portagayola de verdad, con la puntera sobre la segunda raya y aguantando hasta dibujar el lance completo. Qué expresión más bella tenía este Caprichoso, con clase, pero con el defecto de escarbar una barbaridad. Se abandonó Garrido en el inicio de hinojos, con media docena inmensa. Inteligente y muy templado se mostró mientras un sector andaba temeroso por el posible triunfo. Tranquilidad a los guardianes de no sé qué esencias: el toro fue a menos y no hubo opción.
Una polvareda levantó Ismael Martín en la bienvenida al segundo: de todo hizo. Ahí quedó después el quite de oro. Portentosas sus facultades en banderillas, parando el toro a la Fandila. Puro espectáculo el del torero con raíces suecas y criado en Cantalpino. Principió con un pase cambiado imposible, en el que el de Montalvo no se lo llevó por delante de milagro. Tanta calidad como contado empuje poseía el animal, en el que quiso mucho, con decisión y frescura, aunque no siempre con lucimiento. Se tiró a matar con el corazón y saludó tras una petición insuficiente.
Cuerpo a tierra tuvo que echar Martín en la portagayola al quinto, que se le vino cruzado y lo lanzó por los aires en un durísimo volteretón. Para atrás fue Bombón cuando acusó su mermado poder en banderillas. Ni la paliza le frenó marcharse a chiqueros en el sobrero de Bohórquez, un aparato, cuya altura traspasaba la hombrera de Ismael. Con qué desparpajo veroniqueó: hubo lances de ¡ole! Soberbio el último par, exponiendo con un Harangán que transmitía. Para explosión, la apertura de rodillas, con un arrojo que conmovía. Meritísima su actitud, con las telas adelantadas, puestas y dispuestas. De infarto las bernadinas de aquel valentísimo David contra el grandón Goliat. El acero frenó un premio mayor a la vuelta al ruedo.
Feria de San Isidro
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Monumental de las Ventas
Miercoles, 3 de junio de 2026. Vigésima tercera corrida. 16.811 espectadores. Toros de Montalvo, de mejor condición que poder y empuje: buenos 4º y 6º; Casa de los Toreros (1º bis), estupendo, y Fermín Bohórquez (5º bis), notable.
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José Garrido,
de gris perla y oro: gran estocada (oreja); media tendida y dos descabellos (saludos). -
Ismael Martín,
de sangre de toro y oro: estocada (petición y saludos); pinchazo y estocada desprendida (petición y vuelta al ruedo). -
Samuel Navalón,
de blanco y oro: estocada hasta la empuñadura (saludos tras aviso); pinchazo y estocada (saludos tras dos avisos).
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Más justo de presencia el tercero, de buena condición pero carente de chispa. Firmeza y temple de Samuel Navalón, administrando distancias y alturas. En las cercanías acabó el de Ayora, con un desplante a cuerpo limpio. No quiso ser menos el valenciano y recibió portagayola al último, un notable Emisor, con clase y nobleza, tanta que ni hizo por él tras prenderlo por la corva. Ahí se creció Navalón, con valor y series redondas en las que se adivinaba su prometedor futuro. Lástima que el pinchazo y los dos avisos le privasen del trofeo, pero ahí quedó su tarde y la de sus compañeros. Una tarde de toreros (y toros). De las que hacen afición.
