La mejor descripción de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) se la debemos, claro, a Paul Auster. Se lo dijo a ella en algún momento de los primeros 2000: «Siri, puede que seas la única persona en el mundo que está suscrita al ‘Journal of Consciousness Studies’ y a ‘Vogue’». Inteligencia y elegancia.Cuando se conocieron, él tenía 34 años, un divorcio y un hijo; ella tenía 26. Eran guapos, guapísimos, y alcanzaron el éxito escribiendo, esa cosa tan rara. Estuvieron juntos más de cuatro décadas. Poco antes de morirse, mirando un viejo álbum de fotos, él soltó: «¡Madre mía, éramos espectaculares! Qué guapos éramos cuando éramos jóvenes». La mujer que ahora lo recuerda –qué sonrisa la del recuerdo– no es la misma; la mujer que ahora lo recuerda lo vio consumirse por un cáncer: vio todo lo que se puede ver de un hombre, vivió todo lo que se puede vivir en un matrimonio, de la euforia al horror. Ya habrá tiempo para el horror… Ahora tiene 71 años y acaba de publicar ‘Historias de fantasmas’ (Seix Barral), un libro que tiene algo de diario y algo de ensayo y algo de carta y algo de deseo: es una historia de amor.Noticia relacionada general No No Siri Hustvedt, sobre Paul Auster: «Nuestro matrimonio ha sido como un largo diálogo» Javier Ansorena«Muy pronto me di cuenta de que lo que estaba escribiendo era una simulación o una recreación del diálogo que Paul y yo habíamos tenido a través de estos más de 40 años de relación», cuenta. «Mi pensamiento racional, consciente, sabe que está muerto. Pero hay, digamos, una parte inconsciente encarnada dentro del nosotros. El sistema nervioso es muy sensible al trauma, a que se le quite algo, a que se le prive de algo. Y se inclina a crear lo que falta. Yo he visto esto, lo he vivido». Notaba su presencia en casa, la sentía, olía el mismo tabaco que él dejó de fumar diez años antes de morir. «Es que éramos Paul y Siri, Siri y Paul. Y ese espacio compartido que se crea entre dos personas [el nosotros] de repente te falta. Y lo que tienes es el recuerdo de lo que fue. Y ese recuerdo cambia quién has sido y quién eres. Paul cogió una parte de mí y se la llevó a la tumba, porque él cambió por vivir conmigo. Y yo sigo viviendo con partes de él incorporadas en mí». Paul le dijo una vez: «Si viviéramos juntos otros cien años, nos convertiríamos en la misma persona».«No se puede amar durante mucho tiempo si no es aceptando la dinámica del cambio. Si quieres una pareja estática, bueno, pues adiós, nunca va a funcionar. Pero si tú esperas algo de ese nosotros, si entiendes que eso es lo importante, el espacio intermedio entre los dos, entonces es inevitable que las personas se vayan acomodando a las necesidades del otro. No se puede estar vivo sin esa interacción mutua constante».Cambió hasta su escritura: se robaban frases, ideas, lecturas, siempre sin saberlo. «Y la razón por la que yo quise incluir esto en el libro era demostrar cómo de real era esa influencia, esa influencia tan profunda. Pero yo no puedo decir cómo me influyó Paul, ni él os podría decir cómo le influí yo. Las mayores influencias no son conscientes».«Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó» Siri HustvedtY ahora, el horror, o sea, la muerte de Ruby, su nieta, por una negligencia de Daniel, el hijo del primer matrimonio de Paul, que murió de sobredosis a los seis meses, como la cría. «Hablar de Paul sin hablar de mi hijastro, de nuestra nieta, sería un fraude, sería absurdo, especialmente porque esto se publicó en todas partes, y me refiero a todo el mundo, o sea, India, Corea, Japón, Europa y, por supuesto, Estados Unidos. Entonces, ¿cómo no hacerlo? Era algo que yo no podía poner en palabras, fuera de la gente más cercana, inmediata e íntima. Y al mismo tiempo, sabía que tenía que abordarlo. Los hechos están ahí. No menciono a ninguno de los miembros de la familia de Daniel porque no quería involucrarlos, y además sería injusto, porque yo no estaba viviendo eso, yo estaba viviendo nuestra historia. Yo tenía ese cómic que hizo Daniel cuando tenía 12 años y me lo dio, y ahí descubrí una especie de parábola de su necesidad de esconderse. Con eso, él podía hablar con su propia voz en el libro. Es otro elemento de esa versión joven de una persona que ha muerto. Y tenía que dejar claro cómo de dolido y enfadado estaba Paul cuando descubrimos que este bebé pequeñito [hace una pausa, como trayendo las palabras y apartando el dolor] había fallecido por una negligencia y por la adicción y por todo eso. Y al mismo tiempo, fue muy importante para mí que eso no se apropiase de la historia. Como digo en el libro, había cosas horribles que sucedieron en nuestra vida, pero no fue horrible entre nosotros nunca. Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó». «La muerte de Ruby y la negligencia de Daniel es algo que no se puede superar, nunca. Nunca voy a superar eso. Creo lo que puedes hacer es mirarlo directamente a los ojos, no intentar suavizarlo ni hacerlo más bello, solo puedes aceptar que esa realidad tan truculenta es parte de la vida. Y que en nuestro caso convivió con una ternura inmensa y un amor inmenso que Paul y yo teníamos. Y nos enganchamos a eso, nos aferramos a eso hasta el día de su muerte».—¿Cómo se mira a la muerte después de verla tan cerca?—Ver a Paul morir en mis brazos, sentir que se moría, fue algo muy grande. Es algo mucho mayor que la muerte de mis padres, porque ellos eran la generación anterior… Lo he pensado mucho. ¿Por qué soy yo distinta? ¿En qué? ¿Qué es lo que ha cambiado en mí? No estoy totalmente segura, pero sé que algo ha ocurrido, me siento más cerca de la muerte. No me quiero morir, pero me siento más cerca y posiblemente con menos miedo. Pero no estoy segura, y no creo que vaya a saberlo hasta que la tenga enfrente. Me gustaría creer que tendría la valentía que él tuvo. Espero. Pero no lo puedo saber hasta que suceda. La mejor descripción de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) se la debemos, claro, a Paul Auster. Se lo dijo a ella en algún momento de los primeros 2000: «Siri, puede que seas la única persona en el mundo que está suscrita al ‘Journal of Consciousness Studies’ y a ‘Vogue’». Inteligencia y elegancia.Cuando se conocieron, él tenía 34 años, un divorcio y un hijo; ella tenía 26. Eran guapos, guapísimos, y alcanzaron el éxito escribiendo, esa cosa tan rara. Estuvieron juntos más de cuatro décadas. Poco antes de morirse, mirando un viejo álbum de fotos, él soltó: «¡Madre mía, éramos espectaculares! Qué guapos éramos cuando éramos jóvenes». La mujer que ahora lo recuerda –qué sonrisa la del recuerdo– no es la misma; la mujer que ahora lo recuerda lo vio consumirse por un cáncer: vio todo lo que se puede ver de un hombre, vivió todo lo que se puede vivir en un matrimonio, de la euforia al horror. Ya habrá tiempo para el horror… Ahora tiene 71 años y acaba de publicar ‘Historias de fantasmas’ (Seix Barral), un libro que tiene algo de diario y algo de ensayo y algo de carta y algo de deseo: es una historia de amor.Noticia relacionada general No No Siri Hustvedt, sobre Paul Auster: «Nuestro matrimonio ha sido como un largo diálogo» Javier Ansorena«Muy pronto me di cuenta de que lo que estaba escribiendo era una simulación o una recreación del diálogo que Paul y yo habíamos tenido a través de estos más de 40 años de relación», cuenta. «Mi pensamiento racional, consciente, sabe que está muerto. Pero hay, digamos, una parte inconsciente encarnada dentro del nosotros. El sistema nervioso es muy sensible al trauma, a que se le quite algo, a que se le prive de algo. Y se inclina a crear lo que falta. Yo he visto esto, lo he vivido». Notaba su presencia en casa, la sentía, olía el mismo tabaco que él dejó de fumar diez años antes de morir. «Es que éramos Paul y Siri, Siri y Paul. Y ese espacio compartido que se crea entre dos personas [el nosotros] de repente te falta. Y lo que tienes es el recuerdo de lo que fue. Y ese recuerdo cambia quién has sido y quién eres. Paul cogió una parte de mí y se la llevó a la tumba, porque él cambió por vivir conmigo. Y yo sigo viviendo con partes de él incorporadas en mí». Paul le dijo una vez: «Si viviéramos juntos otros cien años, nos convertiríamos en la misma persona».«No se puede amar durante mucho tiempo si no es aceptando la dinámica del cambio. Si quieres una pareja estática, bueno, pues adiós, nunca va a funcionar. Pero si tú esperas algo de ese nosotros, si entiendes que eso es lo importante, el espacio intermedio entre los dos, entonces es inevitable que las personas se vayan acomodando a las necesidades del otro. No se puede estar vivo sin esa interacción mutua constante».Cambió hasta su escritura: se robaban frases, ideas, lecturas, siempre sin saberlo. «Y la razón por la que yo quise incluir esto en el libro era demostrar cómo de real era esa influencia, esa influencia tan profunda. Pero yo no puedo decir cómo me influyó Paul, ni él os podría decir cómo le influí yo. Las mayores influencias no son conscientes».«Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó» Siri HustvedtY ahora, el horror, o sea, la muerte de Ruby, su nieta, por una negligencia de Daniel, el hijo del primer matrimonio de Paul, que murió de sobredosis a los seis meses, como la cría. «Hablar de Paul sin hablar de mi hijastro, de nuestra nieta, sería un fraude, sería absurdo, especialmente porque esto se publicó en todas partes, y me refiero a todo el mundo, o sea, India, Corea, Japón, Europa y, por supuesto, Estados Unidos. Entonces, ¿cómo no hacerlo? Era algo que yo no podía poner en palabras, fuera de la gente más cercana, inmediata e íntima. Y al mismo tiempo, sabía que tenía que abordarlo. Los hechos están ahí. No menciono a ninguno de los miembros de la familia de Daniel porque no quería involucrarlos, y además sería injusto, porque yo no estaba viviendo eso, yo estaba viviendo nuestra historia. Yo tenía ese cómic que hizo Daniel cuando tenía 12 años y me lo dio, y ahí descubrí una especie de parábola de su necesidad de esconderse. Con eso, él podía hablar con su propia voz en el libro. Es otro elemento de esa versión joven de una persona que ha muerto. Y tenía que dejar claro cómo de dolido y enfadado estaba Paul cuando descubrimos que este bebé pequeñito [hace una pausa, como trayendo las palabras y apartando el dolor] había fallecido por una negligencia y por la adicción y por todo eso. Y al mismo tiempo, fue muy importante para mí que eso no se apropiase de la historia. Como digo en el libro, había cosas horribles que sucedieron en nuestra vida, pero no fue horrible entre nosotros nunca. Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó». «La muerte de Ruby y la negligencia de Daniel es algo que no se puede superar, nunca. Nunca voy a superar eso. Creo lo que puedes hacer es mirarlo directamente a los ojos, no intentar suavizarlo ni hacerlo más bello, solo puedes aceptar que esa realidad tan truculenta es parte de la vida. Y que en nuestro caso convivió con una ternura inmensa y un amor inmenso que Paul y yo teníamos. Y nos enganchamos a eso, nos aferramos a eso hasta el día de su muerte».—¿Cómo se mira a la muerte después de verla tan cerca?—Ver a Paul morir en mis brazos, sentir que se moría, fue algo muy grande. Es algo mucho mayor que la muerte de mis padres, porque ellos eran la generación anterior… Lo he pensado mucho. ¿Por qué soy yo distinta? ¿En qué? ¿Qué es lo que ha cambiado en mí? No estoy totalmente segura, pero sé que algo ha ocurrido, me siento más cerca de la muerte. No me quiero morir, pero me siento más cerca y posiblemente con menos miedo. Pero no estoy segura, y no creo que vaya a saberlo hasta que la tenga enfrente. Me gustaría creer que tendría la valentía que él tuvo. Espero. Pero no lo puedo saber hasta que suceda. RSS de noticias de cultura
La mejor descripción de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) se la debemos, claro, a Paul Auster. Se lo dijo a ella en algún momento de los primeros 2000: «Siri, puede que seas la única persona en el mundo que está suscrita al ‘Journal of Consciousness Studies’ … y a ‘Vogue’». Inteligencia y elegancia.
Cuando se conocieron, él tenía 34 años, un divorcio y un hijo; ella tenía 26. Eran guapos, guapísimos, y alcanzaron el éxito escribiendo, esa cosa tan rara. Estuvieron juntos más de cuatro décadas. Poco antes de morirse, mirando un viejo álbum de fotos, él soltó: «¡Madre mía, éramos espectaculares! Qué guapos éramos cuando éramos jóvenes».
La mujer que ahora lo recuerda –qué sonrisa la del recuerdo– no es la misma; la mujer que ahora lo recuerda lo vio consumirse por un cáncer: vio todo lo que se puede ver de un hombre, vivió todo lo que se puede vivir en un matrimonio, de la euforia al horror. Ya habrá tiempo para el horror… Ahora tiene 71 años y acaba de publicar ‘Historias de fantasmas’ (Seix Barral), un libro que tiene algo de diario y algo de ensayo y algo de carta y algo de deseo: es una historia de amor.
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«Muy pronto me di cuenta de que lo que estaba escribiendo era una simulación o una recreación del diálogo que Paul y yo habíamos tenido a través de estos más de 40 años de relación», cuenta. «Mi pensamiento racional, consciente, sabe que está muerto. Pero hay, digamos, una parte inconsciente encarnada dentro del nosotros. El sistema nervioso es muy sensible al trauma, a que se le quite algo, a que se le prive de algo. Y se inclina a crear lo que falta. Yo he visto esto, lo he vivido». Notaba su presencia en casa, la sentía, olía el mismo tabaco que él dejó de fumar diez años antes de morir. «Es que éramos Paul y Siri, Siri y Paul. Y ese espacio compartido que se crea entre dos personas [el nosotros] de repente te falta. Y lo que tienes es el recuerdo de lo que fue. Y ese recuerdo cambia quién has sido y quién eres. Paul cogió una parte de mí y se la llevó a la tumba, porque él cambió por vivir conmigo. Y yo sigo viviendo con partes de él incorporadas en mí».
Paul le dijo una vez: «Si viviéramos juntos otros cien años, nos convertiríamos en la misma persona».
«No se puede amar durante mucho tiempo si no es aceptando la dinámica del cambio. Si quieres una pareja estática, bueno, pues adiós, nunca va a funcionar. Pero si tú esperas algo de ese nosotros, si entiendes que eso es lo importante, el espacio intermedio entre los dos, entonces es inevitable que las personas se vayan acomodando a las necesidades del otro. No se puede estar vivo sin esa interacción mutua constante».
Cambió hasta su escritura: se robaban frases, ideas, lecturas, siempre sin saberlo. «Y la razón por la que yo quise incluir esto en el libro era demostrar cómo de real era esa influencia, esa influencia tan profunda. Pero yo no puedo decir cómo me influyó Paul, ni él os podría decir cómo le influí yo. Las mayores influencias no son conscientes».
«Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó»
Siri Hustvedt
Y ahora, el horror, o sea, la muerte de Ruby, su nieta, por una negligencia de Daniel, el hijo del primer matrimonio de Paul, que murió de sobredosis a los seis meses, como la cría. «Hablar de Paul sin hablar de mi hijastro, de nuestra nieta, sería un fraude, sería absurdo, especialmente porque esto se publicó en todas partes, y me refiero a todo el mundo, o sea, India, Corea, Japón, Europa y, por supuesto, Estados Unidos. Entonces, ¿cómo no hacerlo? Era algo que yo no podía poner en palabras, fuera de la gente más cercana, inmediata e íntima. Y al mismo tiempo, sabía que tenía que abordarlo. Los hechos están ahí. No menciono a ninguno de los miembros de la familia de Daniel porque no quería involucrarlos, y además sería injusto, porque yo no estaba viviendo eso, yo estaba viviendo nuestra historia. Yo tenía ese cómic que hizo Daniel cuando tenía 12 años y me lo dio, y ahí descubrí una especie de parábola de su necesidad de esconderse. Con eso, él podía hablar con su propia voz en el libro. Es otro elemento de esa versión joven de una persona que ha muerto. Y tenía que dejar claro cómo de dolido y enfadado estaba Paul cuando descubrimos que este bebé pequeñito [hace una pausa, como trayendo las palabras y apartando el dolor] había fallecido por una negligencia y por la adicción y por todo eso. Y al mismo tiempo, fue muy importante para mí que eso no se apropiase de la historia. Como digo en el libro, había cosas horribles que sucedieron en nuestra vida, pero no fue horrible entre nosotros nunca. Lo horrible y lo bello se mezclan en la vida de muchas personas. Y en nuestro caso, lo horrible no nos destruyó».
«La muerte de Ruby y la negligencia de Daniel es algo que no se puede superar, nunca. Nunca voy a superar eso. Creo lo que puedes hacer es mirarlo directamente a los ojos, no intentar suavizarlo ni hacerlo más bello, solo puedes aceptar que esa realidad tan truculenta es parte de la vida. Y que en nuestro caso convivió con una ternura inmensa y un amor inmenso que Paul y yo teníamos. Y nos enganchamos a eso, nos aferramos a eso hasta el día de su muerte».
—¿Cómo se mira a la muerte después de verla tan cerca?
—Ver a Paul morir en mis brazos, sentir que se moría, fue algo muy grande. Es algo mucho mayor que la muerte de mis padres, porque ellos eran la generación anterior… Lo he pensado mucho. ¿Por qué soy yo distinta? ¿En qué? ¿Qué es lo que ha cambiado en mí? No estoy totalmente segura, pero sé que algo ha ocurrido, me siento más cerca de la muerte. No me quiero morir, pero me siento más cerca y posiblemente con menos miedo. Pero no estoy segura, y no creo que vaya a saberlo hasta que la tenga enfrente. Me gustaría creer que tendría la valentía que él tuvo. Espero. Pero no lo puedo saber hasta que suceda.

