Rosalía, ¡no hay nada más grande que cantar en casa!

Rosalía , oh fenómeno. En su anterior gira, ‘Motomami’, algunos criticaron la ausencia de músicos en directo y su abuso de músicas pregrabadas. ¿Qué hace Rosalía? Pues empezar los conciertos de su siguiente gira haciendo pasear a toda una orquesta por el público y arrancar con una sonora obertura con aire de pasodoble. ¿Querías músicos? Pues toma, dos cajas. Así arranca el tour de ‘Lux’, así arrancó en Madrid , así en Lisboa y así también en Barcelona, con el público rendido de antemano a los pies de la gran diva, vestida con tutú y aspecto de bailarina de juguete.La catalana jugaba en casa y se notaba. Con la mera mención de Barcelona en la canción ‘Reliquia’ , el estruendo ya fue enorme. Su corazón nunca ha sido suyo, afirmaba, ella siempre lo da y así entró en el escenario, como la reliquia de las 15.000 personas que llenaba el Palau Sant Jordi . Las canciones de ‘Lux’ volvieron a ser las protagonistas absolutas del concierto, capturando a la perfección la esencia Rosalía, todo lo que es y lo que quiere ser. El aplauso final a la primera canción fue tan atronador que casi la hace llorar. Sin apenas fuerzas para hablar, arrancó en seguida con la gruesa y brutal ‘Porcelana’, que con sus ritmos rotos consiguió enloquecer de vida al público, mientras ella volaba en los brazos de sus bailarines.En la parte superior del escenario había situado un marcador que reproducía las letras de las canciones y la traducción de sus mil lenguas, lo que ayudaba mucho a entender lo que pasaba sobre el escenario como si de una ópera contemporánea se tratara. Mientras, Rosalía rompía cualquier coreografía estándar del pop con una danza más expresionista y bruta. No había virtuosismo, sólo emoción, que es de lo que se trata. Porque la voz es la protagonista absoluta del disco ‘Lux’ y también de su versión en directo, en un concierto que no necesita mucha parafernalia escénica para seducir. Como en ‘Divinize’, que con apenas unas telas levantadas por golpes de aire ya quedaba marcada gráficamente esas canciones que se mueven entre Nine Inch Nails y la ópera. Noticia relacionada general No No Rosalía y su estética LUX: de sus cejas al maquillaje, la manicura y los peinados Araceli NicolásAquí llegó una de las primeras sorpresas de la noche, una versión sui generis de la canción de Dido que sampleó Eminem en ‘Stan’. «Buenas noches, Barcelona, como estáis hoy. Yo encantada de veros. He de reconocer que normalmente tengo un poco de nervios y me pongo en modo torbellino antes de un concierto. Pero es que hoy es más evidente por una razón muy concreta, porque canto en mi ciudad», dijo Rosalía emocionada, en su primera interactuación con el público. «Una vez conocí a Peret entre bambalinas y me dijo; ‘por qué te pones tan nerviosa, yo nunca me he puesto nervioso’. Ese día entendí que quería tanto a su ciudad y le invadía tanta alegría que no le quedaba energía para nada más. Quién sabe si me llegará a mí ese día. Pero te diré una cosa, Barcelona, que te quiero con locura. Para una artista cantar en tu ciudad es la experiencia más intensa y gratificante que puedes vivir. Es tocar frente a la gente que te ha visto crecer y confrontar quién eras y con quién eres. En tu ciudad, es imposible huir de ti misma», dijo emocionada en catalán, para acabar entre lágrimas. «Yo no quería llorar tan pronto, hostias», acabó, ruborizada, dando por finalizada la primera parte del concierto.«Bueno, seguimos, ¿no?», continuó. La segunda parte arrancó con furia con ‘Berghein’ y su maravilla y alocada versión remix, dando paso a una puesta en escena barroca y salvaje de pura adrenalina. «¡Seguimos bailando, ok!», dijo al acabar y empezó con ‘Saoko’, obligando al público a cantar con ella y ensordeciendo de tal modo al Palau Sant Jordi que hizo auténtico daño a los oídos. «Yo me transformo», cantó y vaya si se transformó, con perreo incluido, continuando con ‘La fama’ y una enorme sonrisa de oreja a oreja. Aunque el punto álgido de esta parte del espectáculo llegó con ‘La combi versace’. Pocas veces a una artista se la ha visto tan feliz sobre un escenario. Bien arropada por su cuerpo de baile, cerró esta segunda parten con ‘De madrugá’ .Rosalía desborda emoción al cantar en Barcelona bien arropada por su orquestaLos interludios, como en todos los conciertos del mundo, son un poco pesados, porque en un concierto de Rosalía, lo que quieres es más Rosalía, pero la percusión y las palmas en esta segunda interrupción no estuvieron mal del todo. Pronto volvió a aparecer la diva con ‘El redentor’ . Subida a una especie de torre medieval, reverberó y ‘arabizó’ su voz hasta transportarte a otro tiempo y espacio. Pero éste es un concierto de ‘flashes’ y desde aquí nos transportó a los años 20 poniéndose dentro del marco de un cuadro para cantar ‘Can’t take my eyes off you’, de Frankie Valli & the Four Seasons, pero popularizada en los 80 por los Pet Shop Boys . Unos afortunados fans pudieron subir al escenario, donde se escondía la actriz Yolanda Ramos . Si en Madrid fue Aitana la que entró en el confesionario, ahora le tocó el turno a las alocadas historias de la actriz. «Nosotras escuchamos y no juzgamos, así que cuéntamelo todo», dijo Rosalía. «Aquí toca hablar de un cabrón, ¿no?», contestó Ramos y a continuación explicó su humillante lío de una sola noche con un músico. La actriz estuvo muy divertida, como en sus apariciones televisivas, e hizo llorar de risa a Rosalía. «Cuando el perla me vio desnuda, lo primero que me dijo fue: ¿te puedo depilar? Así encontré lo que buscaba, la depresión total», señaló. La anécdota acabó con sus pelos puestos en un vaso de agua y ella bebiendo minutos después del mismo vaso por error «y yo escupiendo bolas de pelo como si fuera un gato». Moraleja, remató Rosalía con doble intención, «nunca te acuestes con un músico». Y así arrancó ‘La perla’, con el público completando la letra, incluso las partes habladas. «Mira Barcelona, yo no soy de muchos vicios, pero una copita de vino que no me la quite nadie», dijo antes de subirse sobre un piano y cantar ‘ Sauvignon Blanc’ . Antes defendió a los vinos catalanes y habló con su pianista, al que conoció en la escuela Taller de Músics hace justo quince años. En ese momento, vio entre el público a una niña vasca de trece años, de la que éste era su primer concierto. «Mi primer concierto fue también aquí, en el Palau Sant Jordi, y fue de Estopa», le confesó Rosalía y entonces pidió a la gente que encendiera las luces del móvil mientras cantaba la balada. Todos obedecieron, claro que sí, en uno de los momentos más delicados y hermosos de la noche.Rosalía se transformaEl nuevo intermezzo invitaba al público a imitar la pose de famosos cuadros, pero los improvisados protagonistas tardaron en darse cuenta y dejar de saludar a la cámara. Al menos era distraído, que es de lo que se trataba. Rosalía apareció entonces paseándose por el público vestida de Madonna para interpretar ‘Dios es un stalker’. Acabó junto a la orquesta, con la que interpretó «La rumba del perdón», con el público acompañándola con palmas. Con ‘Cuuuute’, otra intensa y disruptiva vuelta a ‘Motomami’, se cerró este tercer acto, con una especie de botafumeiro balanceándose sobre su cabeza y la cantante catalana haciendo a todos gritar «voti, voti, voti, hijo de… quien no voti».El último acto arrancó con ‘Bizcochito’. A veces tanta interrupción rompía el ritmo del concierto, pero sólo hicieron falta las célebres frases sintéticas de la canción para volver a atrapar al público. Su voz sonaba ahora pitufada, con un extraño efecto, pero el ritmo y la alegría era contagiosa. «Seguimos con la fiesta o qué», dijo entonces y dio paso a ‘Despechá’. El final, con ‘Novia robot’ y ‘Focu ranni’ quedó un poco kitsch y sin la fuerza suficiente para el extraordinario esfuerzo de toda la noche de Rosalía, pero su regreso último con ‘Magnolias’ llevó al público al borde de las lágrimas. Lo cierto es que fue un final atípico , anticlimático, pero valiente. ¿Valía la pena interpretar todas las canciones de Lux y olvidar prácticamente sus otras épocas? Esa era la visión de Rosalía, la historia que quería contar. Las luces se abrieron y no hubo más despedidas. La gente quedó con ganas de más, pero siempre se hubiesen quedado con ganas de más, es el efecto que provocan las grandes artistas. Rosalía , oh fenómeno. En su anterior gira, ‘Motomami’, algunos criticaron la ausencia de músicos en directo y su abuso de músicas pregrabadas. ¿Qué hace Rosalía? Pues empezar los conciertos de su siguiente gira haciendo pasear a toda una orquesta por el público y arrancar con una sonora obertura con aire de pasodoble. ¿Querías músicos? Pues toma, dos cajas. Así arranca el tour de ‘Lux’, así arrancó en Madrid , así en Lisboa y así también en Barcelona, con el público rendido de antemano a los pies de la gran diva, vestida con tutú y aspecto de bailarina de juguete.La catalana jugaba en casa y se notaba. Con la mera mención de Barcelona en la canción ‘Reliquia’ , el estruendo ya fue enorme. Su corazón nunca ha sido suyo, afirmaba, ella siempre lo da y así entró en el escenario, como la reliquia de las 15.000 personas que llenaba el Palau Sant Jordi . Las canciones de ‘Lux’ volvieron a ser las protagonistas absolutas del concierto, capturando a la perfección la esencia Rosalía, todo lo que es y lo que quiere ser. El aplauso final a la primera canción fue tan atronador que casi la hace llorar. Sin apenas fuerzas para hablar, arrancó en seguida con la gruesa y brutal ‘Porcelana’, que con sus ritmos rotos consiguió enloquecer de vida al público, mientras ella volaba en los brazos de sus bailarines.En la parte superior del escenario había situado un marcador que reproducía las letras de las canciones y la traducción de sus mil lenguas, lo que ayudaba mucho a entender lo que pasaba sobre el escenario como si de una ópera contemporánea se tratara. Mientras, Rosalía rompía cualquier coreografía estándar del pop con una danza más expresionista y bruta. No había virtuosismo, sólo emoción, que es de lo que se trata. Porque la voz es la protagonista absoluta del disco ‘Lux’ y también de su versión en directo, en un concierto que no necesita mucha parafernalia escénica para seducir. Como en ‘Divinize’, que con apenas unas telas levantadas por golpes de aire ya quedaba marcada gráficamente esas canciones que se mueven entre Nine Inch Nails y la ópera. Noticia relacionada general No No Rosalía y su estética LUX: de sus cejas al maquillaje, la manicura y los peinados Araceli NicolásAquí llegó una de las primeras sorpresas de la noche, una versión sui generis de la canción de Dido que sampleó Eminem en ‘Stan’. «Buenas noches, Barcelona, como estáis hoy. Yo encantada de veros. He de reconocer que normalmente tengo un poco de nervios y me pongo en modo torbellino antes de un concierto. Pero es que hoy es más evidente por una razón muy concreta, porque canto en mi ciudad», dijo Rosalía emocionada, en su primera interactuación con el público. «Una vez conocí a Peret entre bambalinas y me dijo; ‘por qué te pones tan nerviosa, yo nunca me he puesto nervioso’. Ese día entendí que quería tanto a su ciudad y le invadía tanta alegría que no le quedaba energía para nada más. Quién sabe si me llegará a mí ese día. Pero te diré una cosa, Barcelona, que te quiero con locura. Para una artista cantar en tu ciudad es la experiencia más intensa y gratificante que puedes vivir. Es tocar frente a la gente que te ha visto crecer y confrontar quién eras y con quién eres. En tu ciudad, es imposible huir de ti misma», dijo emocionada en catalán, para acabar entre lágrimas. «Yo no quería llorar tan pronto, hostias», acabó, ruborizada, dando por finalizada la primera parte del concierto.«Bueno, seguimos, ¿no?», continuó. La segunda parte arrancó con furia con ‘Berghein’ y su maravilla y alocada versión remix, dando paso a una puesta en escena barroca y salvaje de pura adrenalina. «¡Seguimos bailando, ok!», dijo al acabar y empezó con ‘Saoko’, obligando al público a cantar con ella y ensordeciendo de tal modo al Palau Sant Jordi que hizo auténtico daño a los oídos. «Yo me transformo», cantó y vaya si se transformó, con perreo incluido, continuando con ‘La fama’ y una enorme sonrisa de oreja a oreja. Aunque el punto álgido de esta parte del espectáculo llegó con ‘La combi versace’. Pocas veces a una artista se la ha visto tan feliz sobre un escenario. Bien arropada por su cuerpo de baile, cerró esta segunda parten con ‘De madrugá’ .Rosalía desborda emoción al cantar en Barcelona bien arropada por su orquestaLos interludios, como en todos los conciertos del mundo, son un poco pesados, porque en un concierto de Rosalía, lo que quieres es más Rosalía, pero la percusión y las palmas en esta segunda interrupción no estuvieron mal del todo. Pronto volvió a aparecer la diva con ‘El redentor’ . Subida a una especie de torre medieval, reverberó y ‘arabizó’ su voz hasta transportarte a otro tiempo y espacio. Pero éste es un concierto de ‘flashes’ y desde aquí nos transportó a los años 20 poniéndose dentro del marco de un cuadro para cantar ‘Can’t take my eyes off you’, de Frankie Valli & the Four Seasons, pero popularizada en los 80 por los Pet Shop Boys . Unos afortunados fans pudieron subir al escenario, donde se escondía la actriz Yolanda Ramos . Si en Madrid fue Aitana la que entró en el confesionario, ahora le tocó el turno a las alocadas historias de la actriz. «Nosotras escuchamos y no juzgamos, así que cuéntamelo todo», dijo Rosalía. «Aquí toca hablar de un cabrón, ¿no?», contestó Ramos y a continuación explicó su humillante lío de una sola noche con un músico. La actriz estuvo muy divertida, como en sus apariciones televisivas, e hizo llorar de risa a Rosalía. «Cuando el perla me vio desnuda, lo primero que me dijo fue: ¿te puedo depilar? Así encontré lo que buscaba, la depresión total», señaló. La anécdota acabó con sus pelos puestos en un vaso de agua y ella bebiendo minutos después del mismo vaso por error «y yo escupiendo bolas de pelo como si fuera un gato». Moraleja, remató Rosalía con doble intención, «nunca te acuestes con un músico». Y así arrancó ‘La perla’, con el público completando la letra, incluso las partes habladas. «Mira Barcelona, yo no soy de muchos vicios, pero una copita de vino que no me la quite nadie», dijo antes de subirse sobre un piano y cantar ‘ Sauvignon Blanc’ . Antes defendió a los vinos catalanes y habló con su pianista, al que conoció en la escuela Taller de Músics hace justo quince años. En ese momento, vio entre el público a una niña vasca de trece años, de la que éste era su primer concierto. «Mi primer concierto fue también aquí, en el Palau Sant Jordi, y fue de Estopa», le confesó Rosalía y entonces pidió a la gente que encendiera las luces del móvil mientras cantaba la balada. Todos obedecieron, claro que sí, en uno de los momentos más delicados y hermosos de la noche.Rosalía se transformaEl nuevo intermezzo invitaba al público a imitar la pose de famosos cuadros, pero los improvisados protagonistas tardaron en darse cuenta y dejar de saludar a la cámara. Al menos era distraído, que es de lo que se trataba. Rosalía apareció entonces paseándose por el público vestida de Madonna para interpretar ‘Dios es un stalker’. Acabó junto a la orquesta, con la que interpretó «La rumba del perdón», con el público acompañándola con palmas. Con ‘Cuuuute’, otra intensa y disruptiva vuelta a ‘Motomami’, se cerró este tercer acto, con una especie de botafumeiro balanceándose sobre su cabeza y la cantante catalana haciendo a todos gritar «voti, voti, voti, hijo de… quien no voti».El último acto arrancó con ‘Bizcochito’. A veces tanta interrupción rompía el ritmo del concierto, pero sólo hicieron falta las célebres frases sintéticas de la canción para volver a atrapar al público. Su voz sonaba ahora pitufada, con un extraño efecto, pero el ritmo y la alegría era contagiosa. «Seguimos con la fiesta o qué», dijo entonces y dio paso a ‘Despechá’. El final, con ‘Novia robot’ y ‘Focu ranni’ quedó un poco kitsch y sin la fuerza suficiente para el extraordinario esfuerzo de toda la noche de Rosalía, pero su regreso último con ‘Magnolias’ llevó al público al borde de las lágrimas. Lo cierto es que fue un final atípico , anticlimático, pero valiente. ¿Valía la pena interpretar todas las canciones de Lux y olvidar prácticamente sus otras épocas? Esa era la visión de Rosalía, la historia que quería contar. Las luces se abrieron y no hubo más despedidas. La gente quedó con ganas de más, pero siempre se hubiesen quedado con ganas de más, es el efecto que provocan las grandes artistas.  RSS de noticias de cultura

Rosalía, oh fenómeno. En su anterior gira, ‘Motomami’, algunos criticaron la ausencia de músicos en directo y su abuso de músicas pregrabadas. ¿Qué hace Rosalía? Pues empezar los conciertos de su siguiente gira haciendo pasear a toda una orquesta por el público y arrancar … con una sonora obertura con aire de pasodoble. ¿Querías músicos? Pues toma, dos cajas. Así arranca el tour de ‘Lux’, así arrancó en Madrid, así en Lisboa y así también en Barcelona, con el público rendido de antemano a los pies de la gran diva, vestida con tutú y aspecto de bailarina de juguete.

 

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