Reza Pahlavi: el desasosiego del hijo del sha por la ‘traición’ de Trump

<p>¿Ha echado por tierra en unos días <a href=»https://www.elmundo.es/loc/casa-real/2024/04/20/66222acbfdddff7a488b4584.html»>Reza Pahlavi, hijo del último sha de Persia</a>, los <strong>esfuerzos de varias décadas para ser percibido como un posible líder de transición</strong> para su país? No son pocas las declaraciones de activistas por los derechos humanos iraníes en el exilio en ese sentido. Pero, sobre todo, la evolución de los acontecimientos que se suceden desde que Estados Unidos e Israel comenzaron los<a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/03/12/69b25bb73380902694904c5b-directo.html»> ataques contra la República Islámica </a>el 1 de marzo ha dejado en una <strong>posición más que delicada al príncipe </strong>que tuvo que abandonar Teherán con 17 años y que<strong> lleva residiendo la mayor parte de su vida en un distrito acomodado a las afueras de Washington.</strong></p>

Seguir leyendo

 El descarte del presidente de EEUU como posible líder para una transición en Irán y la evolución de una guerra que enroca al régimen y se ceba con la población civil dañan la imagen del Heredero, ya lastrado por su seguidismo israelí.  

¿Ha echado por tierra en unos días Reza Pahlavi, hijo del último sha de Persia, los esfuerzos de varias décadas para ser percibido como un posible líder de transición para su país? No son pocas las declaraciones de activistas por los derechos humanos iraníes en el exilio en ese sentido. Pero, sobre todo, la evolución de los acontecimientos que se suceden desde que Estados Unidos e Israel comenzaron los ataques contra la República Islámica el 1 de marzo ha dejado en una posición más que delicada al príncipe que tuvo que abandonar Teherán con 17 años y que lleva residiendo la mayor parte de su vida en un distrito acomodado a las afueras de Washington.

Y todo porque, como el resto de los mortales, incluido muy probablemente el mismo presidente Donald Trump, el primogénito de Farah Dibacreía que las cosas se iban a desarrollar de un modo bien distinto. En las semanas previas al comienzo de la Operación rugido de león, en los pasillos de la Casa Blanca se coqueteaba con una intervención rápida, no al estilo de la de Venezuela que se saldó con la hollywoodiense captura del tirano Maduro y sin apenas víctimas mortales, en una misión fugaz, limpia y demasiado fácil para EEUU, pero al menos sí bastante contenida en busca del desmoronamiento de la cúpula del régimen de los ayatolás y el alzamiento de los iraníes contra la dictadura. De hecho, los servicios de Inteligencia israelíes habían diseñado minuciosamente el plan para liquidar tanto al ayatolá Jamenei como a sus principales lugartenientes, percibido como la ventana de oportunidad que desencadenara el cambio.

Reza Pahlavi estaba bastante bien informado de las intenciones de Washington y Tel Aviv. Sus contactos con el Gobierno de Netanyahu son excelentes, así como sus conexiones con varios de los halcones de la Administración Trump. Y en todas sus declaraciones desde diciembre se percibía la ansiedad del Heredero del milenario Trono del Pavo Real ante la acariciada caída de los ayatolás. Las masivas protestas ciudadanas de enero, durísimamente reprimidas por Teherán, con al menos 7.000 muertos entre los manifestantes, mostraron al mundo el deseo de cambio de una parte de los iraníes -difícil de cuantificar-, y Reza Pahlavi vio engrandecida su figura como rostro de la oposición, al tiempo que acogió con satisfacción que tanto dentro de Irán como sobre todo en las concentraciones de la diáspora en todo el mundo se ondearan fotografías suyas y la vieja bandera imperial del león como rechazo a la República Islámica.

Sin embargo, el régimen no ha caído en estas dos semanas de guerra. Antes al contrario, la misma designación de Mojtaba Jamenei -hijo del abatido ayatolá- como nuevo líder supremo es un desafío a EEUU e Israel que confirma lo prietas que están las filas de la dictadura iraní. Y no sólo no se ha producido una revolución ciudadana, a modo de reverso de la que acabó con la Monarquía en 1979, sino que el endurecimiento de la represión dentro de las fronteras iraníes dificulta mucho más que antes de la guerra cualquier articulación de movimientos sociales en busca del cambio.

Y si ello ya de por sí complica las posibilidades de Reza Pahlavi de jugar algún papel protagonista en este tiempo histórico, sin olvidar que la oposición iraní lleva décadas profundamente dividida y que muchos son tan contrarios al régimen de Jamenei como al hijo del sha, su alineamiento tan absoluto con la estrategia de Washington y Tel Aviv le está costando duras críticas y seguramente provocando arrobas de impopularidad entre muchos ciudadanos iraníes que sufren los bombardeos contra instalaciones civiles a diario.

En ese sentido, la célebre activista por los derechos humanos en el exilio Nasrin Parvaz, hacía hincapié en un duro artículo publicado en su web en la incomprensión que despierta que Reza Pahlavi al celebrar bombardeos que acaban con la vida de tantos civiles, afeándole en concreto que se apresurara a escribir un tuit de profundo pésame cuando se conocieron las primeras muertes de soldados estadounidenses en Oriente Próximo sin que hiciera al menos lo mismo tras el bombardeo a una escuela femenina de Irán que dejó casi 200 víctimas, sobre todo niñas, y que todas las investigaciones apuntan a que fue obra de EEUU en lo que podría constituir un claro crimen de guerra.

Manifestación a favor de Reza Pahlavi en Los Ángeles la semana pasada.
Manifestación a favor de Reza Pahlavi en Los Ángeles la semana pasada.AFP

A Reza Pahlavi se le percibe hoy como alguien totalmente entregado a Trump, incapaz de elevar la voz ni de hacer ninguna crítica que pueda molestar al voluble inquilino de la Casa Blanca. Y ello sumado a su fuerte postura pro israelí -a pesar de que es sabido que el rechazo a las políticas del Estado hebreo es mayoritario entre iraníes de todas las posturas-, está dibujando un perfil del Heredero difícilmente compatible con una figura aglutinante y de consenso como la que intentó labrarse.

Por si fuera poco, en el círculo de Pahlavi se disimula mal la frustración por lo que se considera una jugada incomprensible de Trump, que

deja al príncipe en una situación con algunos paralelismos claros con lo vivido por la líder opositora venezolana María Corina Machado. Y es que el presidente estadounidense descartó al hijo del sha como «un buen candidato» para liderar una transición en el país persa, la víspera de lanzar el ataque contra el régimen chií. «A algunas personas les gusta, y hemos estado pensando en ello. Es agradable, pero alguien de dentro tal vez sería más apropiado», soltó en el Despacho Oval junto al canciller alemán.

Los bombardeos de EEUU e Israel han causado también graves daños en la estructura del Palacio de Golestán, catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y una de las joyas históricas de la capital persa. Se trata de uno de los lugares más icónicos de la Monarquía persa. En su Salón de los Espejos se casaron el sha y la bella Farah Diba en 1959. No deja de haber algo de metáfora en que Washington y Tel Aviv muestren tan poco cuidado en su guerra por los símbolos de la Corona.

 LOC

Noticias Similares