Reencontrar a Miró en Mallorca

<p>Cuando uno cree que de <strong>Joan Miró</strong> (1893-1983) lo ha visto todo, una exposición logra lo inesperado y vuelve a encender la chispa. Esa guspira màgica da título a <i>Reencontrar a Miró. </i>La chispa mágica, la muestra que, hasta enero de 2027, presenta la<strong> Fundació Pilar i Joan Miró</strong> a Mallorca y que invita a mirar de nuevo la obra del artista desde el escenario decisivo en su trayectoria.</p>

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 La Fundació Pilar i Joan Miró invita con su magnífica exposición actual a mirar de nuevo al artista.  

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Cuando uno cree que de Joan Miró (1893-1983) lo ha visto todo, una exposición logra lo inesperado y vuelve a encender la chispa. Esa guspira màgica da título a Reencontrar a Miró. La chispa mágica, la muestra que, hasta enero de 2027, presenta la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca y que invita a mirar de nuevo la obra del artista desde el escenario decisivo en su trayectoria.

Sólo podía ser en Mallorca. La relación de Miró con la isla fue larga y decisiva: aquí pasó temporadas de niño con sus abuelos maternos en Sóller, aquí se casó en 1929 con la mallorquina Pilar Juncosa y aquí decidió instalarse definitivamente en 1956. Ese traslado marca uno de los giros más radicales de su trayectoria. Lejos de París -donde había abrazado las vanguardias- y de Nueva York -donde su obra alcanzó consagración internacional-, Mallorca se convierte en el lugar donde Miró se permite empezar de nuevo.

©Successió Miró

Todo se hace patente en la exposición -que prolonga la línea de investigación iniciada el año pasado con La chispa mágica del proyecto Paysage Miró, un ambicioso recorrido por la obra del artista en Palma- que indaga en el origen: una piedra, una almendra, un erizo… pequeños hallazgos fortuitos y cotidianos -esas chispas que aparecen sin buscarlas- y que guían su proceso creativo.

Entre las 65 pinturas y dibujos, 15 esculturas y maquetas, más de un centenar de documentos y fotografías, decenas de objetos y varios vídeos exhibidos en el Edificio Moneo hay verdaderos tesoros, ejemplos experimentales de su carrera. Porque es en la isla donde Miró, ya consagrado, decide cuestionarlo todo: la imagen que el mundo tiene de su obra y también la que él mismo tiene de ella. «En Mallorca empecé a hacer mi autocrítica. Fui despiadado conmigo mismo», afirmaba en 1961.

©Successió Miró
J. Taltavull

Ese espíritu se entiende aún mejor al salir de las salas de exposición y cruzar los jardines hasta el Taller Sert, el estudio que el arquitecto Josep Lluís Sert diseñó para Miró en 1956 y que hoy puede visitarse. Allí, rodeado de objetos encontrados, materiales rescatados del suelo del taller o simples fragmentos de madera, Miró desarrolló durante casi tres décadas un proceso creativo guiado por el azar, la materia y esas pequeñas chispas capaces de transformar lo cotidiano en arte.

Fundació Miró Mallorca. Calle de Saridakis, 29. Palma. Martes, miércoles, jueves, viernes y sábado, de 10.00 a 18.00 (19.00 en verano). Domingo y festivos, de 10.00 a 15.00. Lunes, cerrado.

Entrada general, 10 euros.

www.miromallorca.com

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