De acuerdo con un viejo dicho sobre la vida en Washington, aquellos que permanecen en esa ciudad tan hiper-politizada durante demasiado tiempo, corren el riesgo de convertirte exactamente en aquello que al principio despreciaban. Durante el primer año de su retorno a la Casa Blanca, Donald Trump no ha sido capaz de resistirse a esa legendaria metamorfosis capitalina. Hasta el punto de enfrentarse a las mismas complicaciones sufridas por su némesis, Joe Biden . Desde cuestionamientos sobre su edad y salud hasta reproches sobre su gestión inflacionaria de la economía de Estados Unidos. Sin embargo, de la somnolienta encarnación de ‘Sleepy Donald’, en los últimos diez días Trump se ha transformado en el peor W. Bush de la invasión de Irak en 2003. Con la correspondiente resurrección de los Cheney, los Rumsfeld y los Vulcanos que pensaban que era posible construir «su propia realidad». En su deriva neocon en contra de la ortodoxia aislacionista de la nueva derecha populista, Trump está llevando hasta sus últimas consecuencias su «puedo hacer lo que nos dé la gana». No pasan desapercibidas las bochornosas similitudes entre la retórica empleada tanto por Trump como Putin para justificar una guerra de agresión vagamente definida, con objetivos cambiantes, amenazas exageradas y duración indefinida. Hasta llegar a la insistencia compartida por la Casa Blanca y el Kremlin en evitar calificar sus acciones como actos de guerra.Noticia relacionada opinion No No ¿Por qué Trump se olvida en Irán de todo lo que le ha llevado a la Casa Blanca? Pedro Rodríguez En Irán, Trump está enterrando el pensamiento tradicional de Estados Unidos desde la liberación de Kuwait para ir a la guerra: la llamada doctrina Powell. Formulada por el general y secretario de Estado a partir de la catástrofe de Vietnam, la fuerza debía ser el último recurso. Y de ser inevitable, siempre con un objetivo claro, con una estrategia de salida clara, empleo de todos los recursos disponibles y respaldo de la opinión pública. En esa fosa común, tal y como analizaba ‘Politico’, también va el siglo XX y «sus villanos, sus alianzas, sus normas políticas y sus altos el fuego» sin ofrecer al mundo un nuevo equilibrio.
De acuerdo con un viejo dicho sobre la vida en Washington, aquellos que permanecen en esa ciudad tan hiper-politizada durante demasiado tiempo, corren el riesgo de convertirte exactamente en aquello que al principio despreciaban. Durante el primer año de su retorno a la Casa … Blanca, Donald Trump no ha sido capaz de resistirse a esa legendaria metamorfosis capitalina. Hasta el punto de enfrentarse a las mismas complicaciones sufridas por su némesis, Joe Biden. Desde cuestionamientos sobre su edad y salud hasta reproches sobre su gestión inflacionaria de la economía de Estados Unidos.
Sin embargo, de la somnolienta encarnación de ‘Sleepy Donald’, en los últimos diez días Trump se ha transformado en el peor W. Bush de la invasión de Irak en 2003. Con la correspondiente resurrección de los Cheney, los Rumsfeld y los Vulcanos que pensaban que era posible construir «su propia realidad». En su deriva neocon en contra de la ortodoxia aislacionista de la nueva derecha populista, Trump está llevando hasta sus últimas consecuencias su «puedo hacer lo que nos dé la gana».
No pasan desapercibidas las bochornosas similitudes entre la retórica empleada tanto por Trump como Putin para justificar una guerra de agresión vagamente definida, con objetivos cambiantes, amenazas exageradas y duración indefinida. Hasta llegar a la insistencia compartida por la Casa Blanca y el Kremlin en evitar calificar sus acciones como actos de guerra.
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En esa fosa común, tal y como analizaba ‘Politico’, también va el siglo XX y «sus villanos, sus alianzas, sus normas políticas y sus altos el fuego» sin ofrecer al mundo un nuevo equilibrio.
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