La madrugada de este martes, 7 de julio, falleció en Madrid, a los 76 años, Ángela de Solís Beaumont y Téllez-Girón, XVII duquesa de Osuna, y esa misma tarde se celebró una misa en el tanatorio de San Isidro de Madrid, donde fue trasladada. La aristócrata, que estaba enferma desde hacía años y vivía ingresada en una residencia de la capital, era titular de una de las casas aristocráticas más importantes de España junto con Alba, Medinaceli y Medina-Sidonia. Curiosamente, todas encabezadas por mujeres, Cayetana, Victoria, Luisa y Ángela María, su madre, que formaron un poderoso póker de damas.
La aristócrata, que estaba enferma desde hacía años y vivía ingresada en una residencia de la capital, ha muerto a los 76 años.
La madrugada de este martes, 7 de julio, falleció en Madrid, a los 76 años, Ángela de Solís Beaumont y Téllez-Girón, XVII duquesa de Osuna, y esa misma tarde se celebró una misa en el tanatorio de San Isidro de Madrid, donde fue trasladada. La aristócrata, que estaba enferma desde hacía años y vivía ingresada en una residencia de la capital, era titular de una de las casas aristocráticas más importantes de España junto con Alba, Medinaceli y Medina-Sidonia. Curiosamente, todas encabezadas por mujeres, Cayetana, Victoria, Luisa y Ángela María, su madre, que formaron un poderoso póker de damas.
En el pasado, su estirpe llegó a acumular casi cuarenta títulos nobiliarios, aunque mermaron a causa de las distribuciones hechas por la familia y Ángela heredó doce tras morir su madre. Los más importantes eran el ducado de Osuna, otorgado por Felipe II en el siglo XVI a su antepasado Pedro Téllez-Girón, señor de Osuna, y dotado de «grandeza inmemorial», el máximo nivel nobiliario, y el de conde-duque de Benavente, también con grandeza inmemorial. Heredó asimismo los condados de Peñaranda de Bracamonte y Oropesa, ambos con grandeza, de La Puebla de Montalbán, de Pinto y de Alcaudete, además de los marquesados de Jabalquinto, Lombay, Berlanga, Frechilla, Villamiel y Toral.
Una notable lista de dignidades nobiliarias que, sin embargo, nunca convirtieron en personaje mediático a esta discretísima sevillana de fuerte personalidad, que siempre huyó de la prensa rosa, por lo que se conocen pocos detalles de su vida. Era la primogénita de Ángela María Téllez-Girón, XVI duquesa de Osuna, que falleció en mayo de 2015 con 91 años, una mujer cosmopolita que hablaba cuatro idiomas y era amante de los toros, el flamenco y la poesía, pues tenía parentesco con el poeta Rafael de León. Su padre era Pedro Solís-Beaumont y Lasso de la Vega, un aristócrata pariente de los marqueses de Motilla y de Matilde, exesposa del duque de Alba, con el que se casó en 1946. De esta unión, además de Ángela, nació también María Gracia, duquesa de Plasencia, pero Pedro Solís-Beaumont falleció en 1959 y en 1963 Ángela María Téllez contrajo una segunda unión con José María de la Torre, marqués de Moztemuzo, con quien tuvo otras dos hijas, Pilar y Asunción.
En 1973 Ángela, su primogénita, se casó en primeras nupcias con Álvaro de Ulloa y Suelves, conde de Adanero y marqués de Castro-Serna, boda que fue un acontecimiento social, pues la pareja fue apadrinada por el conde de Barcelona, padre del Rey Juan Carlos. La novia lucía una espectacular tiara de familia sobre su velo antiguo de tul y el ágape se celebró en el palacio familiar de La Puebla de Montalbán, en Toledo. De este matrimonio nacieron dos hijas, Ángela, la mayor, duquesa de Gandía y marquesa de Peñafiel, que está casada con el vizconde de la Nava, y Cristina, duquesa de Arcos, casada con Jaime Álvarez de las Asturias Bohorques, que hasta el pasado marzo fue decana de la Diputación de la Grandeza, el órgano de gobierno de los nobles.
Su matrimonio con Álvaro de Ulloa terminó en divorcio y Ángela contrajo segundas nupcias con José Antonio Muñiz Beltrán, unión fugaz que también se rompió al regresar de su luna de miel. Se casó por tercera vez en 1994 con Pedro Romero Solís-Beaumont, hijo del marqués de Marchelina, con el que no tuvo hijos y del que también acabó divorciándose.
Además de su ristra de títulos, y de los palacios mencionados, la Casa de Osuna cuenta con un valioso patrimonio histórico-artístico, que, a diferencia de la de Alba o Medinaceli, no se ha constituido en fundación. Llegó a su máximo esplendor en el siglo XVIII, siendo su titular María Josefa Pimentel Téllez-Girón, esa condesa-duquesa de Benavente que inmortalizó Goya en un lienzo. Dueña de castillos como el de Arcos o el de Beauring, en Bélgica, también poseía otros palacios por España.
Ella y su marido, Pedro de Alcántara, vivían con tal derroche que tenían un centenar de personas a su servicio, incluido un peluquero francés que peinaba a los lacayos a la moda parisina. Artífices del madrileño parque de El Capricho, sus salones eran frecuentados por escritores como Moratín e Iriarte y el famoso músico Boccherini. Pero fue el nieto de estos, Mariano Téllez-Girón, XI duque de Osuna, quien acabó de dilapidar el patrimonio familiar: embajador en Rusia, en sus fastuosas fiestas de San Petersburgo compraba vajillas de oro que sus invitados arrojaban al río Neva. Además, mantenía en Madrid cinco residencias abiertas donde los criados servían la mesa a diario por si se presentaba el duque, que acabó arruinado, obligando a sus descendientes a desprenderse de muchas propiedades.
La madre de Ángela María, junto a su primer marido, Pedro Solís-Beaumont, padre de la aristócrata, hicieron un titánico esfuerzo por recuperar el patrimonio de sus antepasados, cuyos monumentos más emblemáticos son el castillo de Espejo, en Córdoba, y los palacios de La Puebla de Montalbán, en Toledo, del siglo XVI, localidad donde también poseen una importante finca, y el de Sevilla, en la plaza de Jesús de la Redención. En este último, cada Feria de Sevilla se celebraba una fiesta a la que acudía la flor y nata de la aristocracia; incluso un año lo visitó el Príncipe Felipe, con la anécdota de que inesperadamente se fue la luz, teniendo a toda prisa que iluminar con velas el palacio para recibirle.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón


