Morante hace pleno en El Puerto

El Puerto de Santa María está de moda. Venir a los toros se ha convertido este verano en mucho más que acudir a una corrida. Es reservar mesa, buscar hotel, encontrarse con amigos, alargar la sobremesa y terminar caminando hacia la Plaza Real entre aficionados llegados desde todos los rincones de España. Es una fiesta. Y en el centro de todo aparece un nombre: Morante de la Puebla.Tres veces ha hecho ya el paseíllo el cigarrero en la Plaza Real y tres veces se ha colgado el «No hay localidades». Para mañana tampoco queda papel. Cuatro tardes de Morante y cuatro llenos. Pleno absoluto. Una apuesta personal de Carlos Zúñiga que podía parecer arriesgada cuando decidió anunciar cuatro veces al torero en una misma temporada y que ha terminado convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos taurinos del verano.Porque los llenos de Morante no se quedan dentro de la plaza. Se notan mucho antes de que suenen los clásicos clarines portuenses. Los nota la hostelería, con restaurantes y terrazas llenos; los hoteles, con aficionados que aprovechan la corrida para pasar el fin de semana en la Bahía de Cádiz; y toda una ciudad que encuentra en los toros un formidable reclamo turístico y económico en pleno agosto.Hay aficionados que llegan desde Sevilla y regresan después de la corrida, pero también quienes vienen desde Madrid, Extremadura, País Vasco, Castilla o cualquier otro punto de España y convierten la tarde de toros en una excusa perfecta para disfrutar de El Puerto y de Cádiz. Comer, beber, dormir y vivir la ciudad. La Plaza Real vuelve a ejercer como ese gran motor que históricamente fue para una localidad que siempre entendió el verano alrededor de los toros.Hasta el Ayuntamiento encontró a la salida su particular manera de participar en el movimiento económico de la jornada. En los alrededores de la plaza eran numerosos los vehículos estacionados fuera de las zonas habilitadas, aunque sin impedir la circulación, y muchos de ellos aparecieron multados al término del festejo. Restaurantes, hoteles, bares… y también alguna receta sobre el parabrisas. El fenómeno Morante genera riqueza para casi todos. Incluso, por lo visto, para las arcas municipales.Dentro de la plaza, Morante volvió a dejar su sello. Cortó una oreja a su primero después de una faena de enorme gusto, con naturales largos y templados y un toreo encajado frente a un animal al que le faltaron fuerzas y transmisión. Con el cuarto volvió a intentarlo todo ante otro toro de escasas posibilidades, después de dejar un precioso recibo de capa toreando a una mano, cambiándose el capote en cada lance, para salirse después a la verónica y rematar con una serpentina.Y precisamente ese cuarto se lo brindó al futbolista Dani Parejo . El fútbol y los toros se encontraron por un instante sobre el albero de la Plaza Real. Morante sabe ahora también lo que significa mirar hacia el césped desde la barrera. Su hijo José Antonio ha cambiado el capote del padre por el balón y se abre camino como futbolista en la cantera del Betis, llegando además a las categorías inferiores de la selección española. De torero a futbolista. Del futbolista al torero. La montera terminó en las manos de Parejo antes de que Morante regresara al centro de una plaza entregada a su figura.La gran alegría de la noche tuvo acento portuense. Daniel Crespo aprovechó su oportunidad ante sus paisanos y cortó tres orejas para salir a hombros de la Plaza Real. Mostró temple, gusto y una predisposición impecable, especialmente frente a su primero, un buen toro de El Freixo. Una actuación importante para un torero al que se le notó la falta de actuaciones, pero también las ganas de aprovechar una de esas oportunidades que pueden cambiar el rumbo de una carrera. Manzanares, por su parte, dejó detalles de calidad y oficio, aunque se marchó sin trofeos.Pero para comprender verdaderamente la noche había que mirar también a los tendidos. Y después salir a la calle.La Plaza Real estaba llena. Los restaurantes estaban llenos. Las terrazas estaban llenas. Los hoteles recibían aficionados llegados para pasar el fin de semana. Las calles hervían antes y después de la corrida. Y algún parabrisas esperaba a su dueño con una desagradable sorpresa municipal.Todo forma parte de un verano en el que Carlos Zúñiga ha conseguido devolver a El Puerto esa sensación de que ir a los toros es mucho más que sentarse dos horas en una localidad. Es hacer del día una fiesta. Es recuperar esa liturgia tan taurina de llegar con tiempo, comer con los amigos, discutir de toros antes de que salga el primero y prolongar la conversación cuando ya se han cerrado las puertas de la plaza.Mañana volverá Morante. Otra vez estará llena la Plaza Real . Cuarta comparecencia y cuarto «No hay localidades». Una apuesta que ha encontrado la mejor respuesta posible en las taquillas y, sobre todo, en las calles de una ciudad que vuelve a respirar toros en pleno verano.Cuatro de cuatro. Y El Puerto, mientras tanto, hace su agosto. El Puerto de Santa María está de moda. Venir a los toros se ha convertido este verano en mucho más que acudir a una corrida. Es reservar mesa, buscar hotel, encontrarse con amigos, alargar la sobremesa y terminar caminando hacia la Plaza Real entre aficionados llegados desde todos los rincones de España. Es una fiesta. Y en el centro de todo aparece un nombre: Morante de la Puebla.Tres veces ha hecho ya el paseíllo el cigarrero en la Plaza Real y tres veces se ha colgado el «No hay localidades». Para mañana tampoco queda papel. Cuatro tardes de Morante y cuatro llenos. Pleno absoluto. Una apuesta personal de Carlos Zúñiga que podía parecer arriesgada cuando decidió anunciar cuatro veces al torero en una misma temporada y que ha terminado convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos taurinos del verano.Porque los llenos de Morante no se quedan dentro de la plaza. Se notan mucho antes de que suenen los clásicos clarines portuenses. Los nota la hostelería, con restaurantes y terrazas llenos; los hoteles, con aficionados que aprovechan la corrida para pasar el fin de semana en la Bahía de Cádiz; y toda una ciudad que encuentra en los toros un formidable reclamo turístico y económico en pleno agosto.Hay aficionados que llegan desde Sevilla y regresan después de la corrida, pero también quienes vienen desde Madrid, Extremadura, País Vasco, Castilla o cualquier otro punto de España y convierten la tarde de toros en una excusa perfecta para disfrutar de El Puerto y de Cádiz. Comer, beber, dormir y vivir la ciudad. La Plaza Real vuelve a ejercer como ese gran motor que históricamente fue para una localidad que siempre entendió el verano alrededor de los toros.Hasta el Ayuntamiento encontró a la salida su particular manera de participar en el movimiento económico de la jornada. En los alrededores de la plaza eran numerosos los vehículos estacionados fuera de las zonas habilitadas, aunque sin impedir la circulación, y muchos de ellos aparecieron multados al término del festejo. Restaurantes, hoteles, bares… y también alguna receta sobre el parabrisas. El fenómeno Morante genera riqueza para casi todos. Incluso, por lo visto, para las arcas municipales.Dentro de la plaza, Morante volvió a dejar su sello. Cortó una oreja a su primero después de una faena de enorme gusto, con naturales largos y templados y un toreo encajado frente a un animal al que le faltaron fuerzas y transmisión. Con el cuarto volvió a intentarlo todo ante otro toro de escasas posibilidades, después de dejar un precioso recibo de capa toreando a una mano, cambiándose el capote en cada lance, para salirse después a la verónica y rematar con una serpentina.Y precisamente ese cuarto se lo brindó al futbolista Dani Parejo . El fútbol y los toros se encontraron por un instante sobre el albero de la Plaza Real. Morante sabe ahora también lo que significa mirar hacia el césped desde la barrera. Su hijo José Antonio ha cambiado el capote del padre por el balón y se abre camino como futbolista en la cantera del Betis, llegando además a las categorías inferiores de la selección española. De torero a futbolista. Del futbolista al torero. La montera terminó en las manos de Parejo antes de que Morante regresara al centro de una plaza entregada a su figura.La gran alegría de la noche tuvo acento portuense. Daniel Crespo aprovechó su oportunidad ante sus paisanos y cortó tres orejas para salir a hombros de la Plaza Real. Mostró temple, gusto y una predisposición impecable, especialmente frente a su primero, un buen toro de El Freixo. Una actuación importante para un torero al que se le notó la falta de actuaciones, pero también las ganas de aprovechar una de esas oportunidades que pueden cambiar el rumbo de una carrera. Manzanares, por su parte, dejó detalles de calidad y oficio, aunque se marchó sin trofeos.Pero para comprender verdaderamente la noche había que mirar también a los tendidos. Y después salir a la calle.La Plaza Real estaba llena. Los restaurantes estaban llenos. Las terrazas estaban llenas. Los hoteles recibían aficionados llegados para pasar el fin de semana. Las calles hervían antes y después de la corrida. Y algún parabrisas esperaba a su dueño con una desagradable sorpresa municipal.Todo forma parte de un verano en el que Carlos Zúñiga ha conseguido devolver a El Puerto esa sensación de que ir a los toros es mucho más que sentarse dos horas en una localidad. Es hacer del día una fiesta. Es recuperar esa liturgia tan taurina de llegar con tiempo, comer con los amigos, discutir de toros antes de que salga el primero y prolongar la conversación cuando ya se han cerrado las puertas de la plaza.Mañana volverá Morante. Otra vez estará llena la Plaza Real . Cuarta comparecencia y cuarto «No hay localidades». Una apuesta que ha encontrado la mejor respuesta posible en las taquillas y, sobre todo, en las calles de una ciudad que vuelve a respirar toros en pleno verano.Cuatro de cuatro. Y El Puerto, mientras tanto, hace su agosto.  RSS de noticias de cultura

El Puerto de Santa María está de moda. Venir a los toros se ha convertido este verano en mucho más que acudir a una corrida. Es reservar mesa, buscar hotel, encontrarse con amigos, alargar la sobremesa y terminar caminando hacia la Plaza Real entre aficionados … llegados desde todos los rincones de España. Es una fiesta. Y en el centro de todo aparece un nombre: Morante de la Puebla.

 

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