Miguel de Unamuno, 90 años del misterio de una muerte que nadie ha sabido resolver

Luis García Jambrina tenía poco más de 20 años cuando empezó a trabajar en la Casa Museo del escritor Miguel de Unamuno . Durante año y medio tuvo acceso a los documentos del filósofo y escritor: a sus escritos, recortes de prensa, cartas…, «donde el intelectual aseguraba que se encontraba el auténtico Unamuno». Desde ese primer contacto de proximidad con el autor de ‘El sentimiento trágico de la vida’, Jambrina sintió la necesidad de novelar sus últimos meses de vida en Salamanca y todas las extrañas circunstancias que rodearon su muerte. Porque la pregunta continúa vigente 90 años después: ¿murió por causas naturales o fue asesinado?Esa es la pregunta clave que mueve ‘El último caso de Unamuno’ (Alfaguara) , segunda novela de Jambrina con el icónico escritor transformado en detective a lo Sherlock Holmes . En esta ocasión se convertirá en objeto y sujeto de la investigación, en dos historias paralelas que servirán de espejo. Por un lado, está el misterioso suicidio de un prestigioso y acaudalado jurista, que Unamuno investigará. Y, después, la propia muerte del intelectual, que su amigo y abogado Manuel Rivera y la anarquista y su amor platónico, Teresa Maragall, intentarán resolver. Son dos presuntos crímenes a puerta cerrada que harán que Unamuno descubra quién puede asesinarle incluso antes de que ocurra. «Me interesaba presentar la hipótesis de que, si Unamuno fue asesinado, ni mucho menos fue un caso aislado y que ocultar asesinatos como si fueran muertes naturales era un patrón común en aquella época», señala Jambrina en declaraciones a ABC. Después de ‘El primer caso de Unamuno’ (Alfaguara), situado en 1905, ahora el escritor nos coloca en esos últimos meses de 1936, desde el célebre 12 de octubre, en el que Unamuno se enfrentó a Millán-Astray, fundador de la Legión y jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda, hasta el 31 de diciembre, cuando aparecerá muerto en su domicilio después de la visita del joven falangista Bartolomé Aragón. Como indica la novela: «Unamuno no murió en 1936, murió de 1936». «Hace 40 años que llevo esta historia en la cabeza, pero es tan compleja que entonces no me veía capacitado. Trece novelas, varios libros de relatos y dos ensayos después, ahora era el momento de escribirla», asegura Jambrina.Noticia Relacionada estandar Si Frank Alpresa, el artista que transformaba tus libros en obras de arte carlos salaCompleja, porque la novela, muy documentada y sabiendo jugar, en todo momento, con la tensión entre realidad y ficción, nos describe al detalle esa Salamanca de finales del 36, ciudad donde Franco había establecido su cuartel general y buscaba dominar por completo a la falange. Hay escenas que no se pueden asegurar que sucedieran, pero que serían más que probables, como una presunta reunión entre Franco y Millán Astray después del 12 de octubre en la que el futuro dictador intenta calmar al fundador de la Legión, que quiere sacar a Unamuno a la fuerza de su casa y fusilarlo. «Después de lo de Lorca, no era conveniente matar públicamente a otro intelectual, algo que las potencias internacionales no hubiesen visto bien. Franco sabía que las guerras no sólo se ganan en el campo de batalla y tenía muy en cuenta el relato que llegaba al extranjero», señala Jambrina.Lo que sí sucedió después de aquella célebre exclamación: «venceréis, pero no convenceréis» , en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, es que el filósofo vivió los siguientes meses en arresto domiciliario, apartado del Ayuntamiento, destituido como decano vitalicio de la Universidad y repudiado por sus colegas al reprocharle haber puesto en peligro a la institución universitaria. «Había orden de disparar a matar si se le veía saliendo de su casa y entrando en un vehículo. Para los militares, Unamuno era una bomba de relojería que podía explotar en cualquier momento y eso le hacía peligroso», afirma Jambrina.Después del ensayo ‘La doble muerte de Unamuno’, escrito junto a Manuel Menchón , Jambrina vuelve a indagar en uno de los misterios sin resolver del tempestuoso arranque de la Guerra Civil española, un momento convulso que vio como Unamuno apoyaba primero la insurrección militar para luego enfrentarse a sus representantes cara a cara en su propia casa. « ‘Los hunos y los hotros’, como él decía , intentaron apropiarse de Unamuno como figura de prestigio y convertirlo en bandera de sus intereses; pero el filósofo siempre fue un solitario, un hereje, como se describía, que no se casaba con nadie. El intelectual verdadero no casa bien con las ideologías», argumenta el autor de ‘El manuscrito de piedra’.La exhumación pendienteJambrina, que estos días está en Barcelona para participar en el Festival de Novela Negra BCNegre, forma parte del grupo que intenta conseguir que se dé luz verde a la exhumación de los restos del filósofo y que se determine de una vez por todas, a través del análisis forense, si en realidad fue envenenado. De momento, con la iniciativa de la Universidad de Salamanca (USAL) y la del País Vasco (EHU) , ya se ha conseguido el apoyo de la familia. Un simple análisis de paternidad consiguió que exhumaran a Dalí hace diez años. ¿Qué es necesario para que hagan lo propio con Unamuno? «Creo, sinceramente, que es el momento, que estamos maduros para saber la verdad. Quizá lo que descubramos no sea concluyente, pero hemos de intentar saber qué ocurrió», señala Jambrina.Desde que arrancase su serie sobre el detective Unamuno , muchos han sido los testimonios que le han llegado hablando de aquella última tarde. «Me llamó un señor diciéndome que su madre conocía a una mujer que participó en la mortaja del cadáver y que vio la herida de una punción en la nuca de Unamuno. Otra mujer me habló de cómo la criada, la única que estaba en la casa de Unamuno en el momento de su muerte, aseguraba que Aragón no fue la única visita del filósofo aquel día. Son testimonios creíbles, pero en los que no puedes apoyar ninguna investigación seria. Lo que sí puedes es escribir una novela», concluye Jambrina.Noticia Relacionada estandar Si ¿Cuántos secretos esconden las míticas casas señoriales de la campiña inglesa? carlos salaY aunque parezca que, con la muerte de Unamuno, se cierre la serie del filósofo como detective, Jambrina asegura que al menos habrá una tercera novela para documentar toda la España de principios del siglo XX. «Cuando utilicé a Fernando de Rojas como personaje novelesco, lo hice para fabular sobre un escritor del que no tenemos prácticamente datos. Con Unamuno me pasa lo contrario, está absolutamente documentado y todo el mundo lo conoce. Intento, por eso, mostrar su lado menos conocido, como su vida familiar o su sentido del humor, algo que la gente no conoce y sólo tiene la imagen de escritor serio y torturado en constante crisis existencial. Es un reto apasionante, pero yo lo hago sin miedo, de tú a tú», asegura Jambrina. Luis García Jambrina tenía poco más de 20 años cuando empezó a trabajar en la Casa Museo del escritor Miguel de Unamuno . Durante año y medio tuvo acceso a los documentos del filósofo y escritor: a sus escritos, recortes de prensa, cartas…, «donde el intelectual aseguraba que se encontraba el auténtico Unamuno». Desde ese primer contacto de proximidad con el autor de ‘El sentimiento trágico de la vida’, Jambrina sintió la necesidad de novelar sus últimos meses de vida en Salamanca y todas las extrañas circunstancias que rodearon su muerte. Porque la pregunta continúa vigente 90 años después: ¿murió por causas naturales o fue asesinado?Esa es la pregunta clave que mueve ‘El último caso de Unamuno’ (Alfaguara) , segunda novela de Jambrina con el icónico escritor transformado en detective a lo Sherlock Holmes . En esta ocasión se convertirá en objeto y sujeto de la investigación, en dos historias paralelas que servirán de espejo. Por un lado, está el misterioso suicidio de un prestigioso y acaudalado jurista, que Unamuno investigará. Y, después, la propia muerte del intelectual, que su amigo y abogado Manuel Rivera y la anarquista y su amor platónico, Teresa Maragall, intentarán resolver. Son dos presuntos crímenes a puerta cerrada que harán que Unamuno descubra quién puede asesinarle incluso antes de que ocurra. «Me interesaba presentar la hipótesis de que, si Unamuno fue asesinado, ni mucho menos fue un caso aislado y que ocultar asesinatos como si fueran muertes naturales era un patrón común en aquella época», señala Jambrina en declaraciones a ABC. Después de ‘El primer caso de Unamuno’ (Alfaguara), situado en 1905, ahora el escritor nos coloca en esos últimos meses de 1936, desde el célebre 12 de octubre, en el que Unamuno se enfrentó a Millán-Astray, fundador de la Legión y jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda, hasta el 31 de diciembre, cuando aparecerá muerto en su domicilio después de la visita del joven falangista Bartolomé Aragón. Como indica la novela: «Unamuno no murió en 1936, murió de 1936». «Hace 40 años que llevo esta historia en la cabeza, pero es tan compleja que entonces no me veía capacitado. Trece novelas, varios libros de relatos y dos ensayos después, ahora era el momento de escribirla», asegura Jambrina.Noticia Relacionada estandar Si Frank Alpresa, el artista que transformaba tus libros en obras de arte carlos salaCompleja, porque la novela, muy documentada y sabiendo jugar, en todo momento, con la tensión entre realidad y ficción, nos describe al detalle esa Salamanca de finales del 36, ciudad donde Franco había establecido su cuartel general y buscaba dominar por completo a la falange. Hay escenas que no se pueden asegurar que sucedieran, pero que serían más que probables, como una presunta reunión entre Franco y Millán Astray después del 12 de octubre en la que el futuro dictador intenta calmar al fundador de la Legión, que quiere sacar a Unamuno a la fuerza de su casa y fusilarlo. «Después de lo de Lorca, no era conveniente matar públicamente a otro intelectual, algo que las potencias internacionales no hubiesen visto bien. Franco sabía que las guerras no sólo se ganan en el campo de batalla y tenía muy en cuenta el relato que llegaba al extranjero», señala Jambrina.Lo que sí sucedió después de aquella célebre exclamación: «venceréis, pero no convenceréis» , en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, es que el filósofo vivió los siguientes meses en arresto domiciliario, apartado del Ayuntamiento, destituido como decano vitalicio de la Universidad y repudiado por sus colegas al reprocharle haber puesto en peligro a la institución universitaria. «Había orden de disparar a matar si se le veía saliendo de su casa y entrando en un vehículo. Para los militares, Unamuno era una bomba de relojería que podía explotar en cualquier momento y eso le hacía peligroso», afirma Jambrina.Después del ensayo ‘La doble muerte de Unamuno’, escrito junto a Manuel Menchón , Jambrina vuelve a indagar en uno de los misterios sin resolver del tempestuoso arranque de la Guerra Civil española, un momento convulso que vio como Unamuno apoyaba primero la insurrección militar para luego enfrentarse a sus representantes cara a cara en su propia casa. « ‘Los hunos y los hotros’, como él decía , intentaron apropiarse de Unamuno como figura de prestigio y convertirlo en bandera de sus intereses; pero el filósofo siempre fue un solitario, un hereje, como se describía, que no se casaba con nadie. El intelectual verdadero no casa bien con las ideologías», argumenta el autor de ‘El manuscrito de piedra’.La exhumación pendienteJambrina, que estos días está en Barcelona para participar en el Festival de Novela Negra BCNegre, forma parte del grupo que intenta conseguir que se dé luz verde a la exhumación de los restos del filósofo y que se determine de una vez por todas, a través del análisis forense, si en realidad fue envenenado. De momento, con la iniciativa de la Universidad de Salamanca (USAL) y la del País Vasco (EHU) , ya se ha conseguido el apoyo de la familia. Un simple análisis de paternidad consiguió que exhumaran a Dalí hace diez años. ¿Qué es necesario para que hagan lo propio con Unamuno? «Creo, sinceramente, que es el momento, que estamos maduros para saber la verdad. Quizá lo que descubramos no sea concluyente, pero hemos de intentar saber qué ocurrió», señala Jambrina.Desde que arrancase su serie sobre el detective Unamuno , muchos han sido los testimonios que le han llegado hablando de aquella última tarde. «Me llamó un señor diciéndome que su madre conocía a una mujer que participó en la mortaja del cadáver y que vio la herida de una punción en la nuca de Unamuno. Otra mujer me habló de cómo la criada, la única que estaba en la casa de Unamuno en el momento de su muerte, aseguraba que Aragón no fue la única visita del filósofo aquel día. Son testimonios creíbles, pero en los que no puedes apoyar ninguna investigación seria. Lo que sí puedes es escribir una novela», concluye Jambrina.Noticia Relacionada estandar Si ¿Cuántos secretos esconden las míticas casas señoriales de la campiña inglesa? carlos salaY aunque parezca que, con la muerte de Unamuno, se cierre la serie del filósofo como detective, Jambrina asegura que al menos habrá una tercera novela para documentar toda la España de principios del siglo XX. «Cuando utilicé a Fernando de Rojas como personaje novelesco, lo hice para fabular sobre un escritor del que no tenemos prácticamente datos. Con Unamuno me pasa lo contrario, está absolutamente documentado y todo el mundo lo conoce. Intento, por eso, mostrar su lado menos conocido, como su vida familiar o su sentido del humor, algo que la gente no conoce y sólo tiene la imagen de escritor serio y torturado en constante crisis existencial. Es un reto apasionante, pero yo lo hago sin miedo, de tú a tú», asegura Jambrina.  RSS de noticias de cultura

Luis García Jambrina tenía poco más de 20 años cuando empezó a trabajar en la Casa Museo del escritor Miguel de Unamuno. Durante año y medio tuvo acceso a los documentos del filósofo y escritor: a sus escritos, recortes de prensa, cartas…, «donde … el intelectual aseguraba que se encontraba el auténtico Unamuno». Desde ese primer contacto de proximidad con el autor de ‘El sentimiento trágico de la vida’, Jambrina sintió la necesidad de novelar sus últimos meses de vida en Salamanca y todas las extrañas circunstancias que rodearon su muerte. Porque la pregunta continúa vigente 90 años después: ¿murió por causas naturales o fue asesinado?

Esa es la pregunta clave que mueve ‘El último caso de Unamuno’ (Alfaguara), segunda novela de Jambrina con el icónico escritor transformado en detective a lo Sherlock Holmes. En esta ocasión se convertirá en objeto y sujeto de la investigación, en dos historias paralelas que servirán de espejo. Por un lado, está el misterioso suicidio de un prestigioso y acaudalado jurista, que Unamuno investigará. Y, después, la propia muerte del intelectual, que su amigo y abogado Manuel Rivera y la anarquista y su amor platónico, Teresa Maragall, intentarán resolver. Son dos presuntos crímenes a puerta cerrada que harán que Unamuno descubra quién puede asesinarle incluso antes de que ocurra. «Me interesaba presentar la hipótesis de que, si Unamuno fue asesinado, ni mucho menos fue un caso aislado y que ocultar asesinatos como si fueran muertes naturales era un patrón común en aquella época», señala Jambrina en declaraciones a ABC.

Después de ‘El primer caso de Unamuno’ (Alfaguara), situado en 1905, ahora el escritor nos coloca en esos últimos meses de 1936, desde el célebre 12 de octubre, en el que Unamuno se enfrentó a Millán-Astray, fundador de la Legión y jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda, hasta el 31 de diciembre, cuando aparecerá muerto en su domicilio después de la visita del joven falangista Bartolomé Aragón. Como indica la novela: «Unamuno no murió en 1936, murió de 1936». «Hace 40 años que llevo esta historia en la cabeza, pero es tan compleja que entonces no me veía capacitado. Trece novelas, varios libros de relatos y dos ensayos después, ahora era el momento de escribirla», asegura Jambrina.

Compleja, porque la novela, muy documentada y sabiendo jugar, en todo momento, con la tensión entre realidad y ficción, nos describe al detalle esa Salamanca de finales del 36, ciudad donde Franco había establecido su cuartel general y buscaba dominar por completo a la falange. Hay escenas que no se pueden asegurar que sucedieran, pero que serían más que probables, como una presunta reunión entre Franco y Millán Astray después del 12 de octubre en la que el futuro dictador intenta calmar al fundador de la Legión, que quiere sacar a Unamuno a la fuerza de su casa y fusilarlo. «Después de lo de Lorca, no era conveniente matar públicamente a otro intelectual, algo que las potencias internacionales no hubiesen visto bien. Franco sabía que las guerras no sólo se ganan en el campo de batalla y tenía muy en cuenta el relato que llegaba al extranjero», señala Jambrina.

Lo que sí sucedió después de aquella célebre exclamación: «venceréis, pero no convenceréis», en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, es que el filósofo vivió los siguientes meses en arresto domiciliario, apartado del Ayuntamiento, destituido como decano vitalicio de la Universidad y repudiado por sus colegas al reprocharle haber puesto en peligro a la institución universitaria. «Había orden de disparar a matar si se le veía saliendo de su casa y entrando en un vehículo. Para los militares, Unamuno era una bomba de relojería que podía explotar en cualquier momento y eso le hacía peligroso», afirma Jambrina.

Después del ensayo ‘La doble muerte de Unamuno’, escrito junto a Manuel Menchón, Jambrina vuelve a indagar en uno de los misterios sin resolver del tempestuoso arranque de la Guerra Civil española, un momento convulso que vio como Unamuno apoyaba primero la insurrección militar para luego enfrentarse a sus representantes cara a cara en su propia casa. «‘Los hunos y los hotros’, como él decía, intentaron apropiarse de Unamuno como figura de prestigio y convertirlo en bandera de sus intereses; pero el filósofo siempre fue un solitario, un hereje, como se describía, que no se casaba con nadie. El intelectual verdadero no casa bien con las ideologías», argumenta el autor de ‘El manuscrito de piedra’.

La exhumación pendiente

Jambrina, que estos días está en Barcelona para participar en el Festival de Novela Negra BCNegre, forma parte del grupo que intenta conseguir que se dé luz verde a la exhumación de los restos del filósofo y que se determine de una vez por todas, a través del análisis forense, si en realidad fue envenenado. De momento, con la iniciativa de la Universidad de Salamanca (USAL) y la del País Vasco (EHU), ya se ha conseguido el apoyo de la familia. Un simple análisis de paternidad consiguió que exhumaran a Dalí hace diez años. ¿Qué es necesario para que hagan lo propio con Unamuno? «Creo, sinceramente, que es el momento, que estamos maduros para saber la verdad. Quizá lo que descubramos no sea concluyente, pero hemos de intentar saber qué ocurrió», señala Jambrina.

Desde que arrancase su serie sobre el detective Unamuno, muchos han sido los testimonios que le han llegado hablando de aquella última tarde. «Me llamó un señor diciéndome que su madre conocía a una mujer que participó en la mortaja del cadáver y que vio la herida de una punción en la nuca de Unamuno. Otra mujer me habló de cómo la criada, la única que estaba en la casa de Unamuno en el momento de su muerte, aseguraba que Aragón no fue la única visita del filósofo aquel día. Son testimonios creíbles, pero en los que no puedes apoyar ninguna investigación seria. Lo que sí puedes es escribir una novela», concluye Jambrina.

Y aunque parezca que, con la muerte de Unamuno, se cierre la serie del filósofo como detective, Jambrina asegura que al menos habrá una tercera novela para documentar toda la España de principios del siglo XX. «Cuando utilicé a Fernando de Rojas como personaje novelesco, lo hice para fabular sobre un escritor del que no tenemos prácticamente datos. Con Unamuno me pasa lo contrario, está absolutamente documentado y todo el mundo lo conoce. Intento, por eso, mostrar su lado menos conocido, como su vida familiar o su sentido del humor, algo que la gente no conoce y sólo tiene la imagen de escritor serio y torturado en constante crisis existencial. Es un reto apasionante, pero yo lo hago sin miedo, de tú a tú», asegura Jambrina.

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