<p>A <a href=»https://www.elmundo.es/e/jo/jose-luis-abalos.html» target=»_blank»><strong>José Luis Ábalos</strong></a> le preocupaba su pelo incluso durante la pandemia. En pleno confinamiento, convenció a su amigo<a href=»https://www.elmundo.es/espana/koldo-garcia.html» target=»_blank»><strong> Koldo García </strong></a>para someterse a un tratamiento capilar. Contactaron con un médico del hospital privado Imed de Valencia que había trabajado en Turquía. Se citaron con él en Top Clinic, <strong>un centro de medicina estética de Massanass</strong>a, a ocho kilómetros de la capital.</p>
Mauricio Anglés, que se cambió el nombre por el de Joaquín Martins, recibió durante la pandemia en su clínica estética de Valencia al ex ministro y su asesor. Les hizo un injerto capilar y les compró mascarillas. Recibió la mitad. Les denunció.
A José Luis Ábalos le preocupaba su pelo incluso durante la pandemia. En pleno confinamiento, convenció a su amigo Koldo García para someterse a un tratamiento capilar. Contactaron con un médico del hospital privado Imed de Valencia que había trabajado en Turquía. Se citaron con él en Top Clinic, un centro de medicina estética de Massanassa, a ocho kilómetros de la capital.
-¿Ellos sabían quién era usted?
-No, yo creo que no.
Mauricio Anglés, hermano del fugitivo por el crimen de las niñas de Alcàsser en 1992, se presentó como Joaquín. Es el nombre que escogió cuando Antonio Anglés se convirtió en el fugitivo más buscado de la historia de España.
«Primero vino Koldo. Era sábado. Al siguiente fin de semana volvió con Ábalos. Cerramos el centro para ellos«, relata a este suplemento Mauricio Anglés, que cambió su nombre por Joaquín Martins Monroig, sobre el día en el que se hicieron el injerto capilar. Les llevó un chófer.
Cuenta que fueron agradables, que estuvieron seis horas en la clínica y que comieron allí. «Les había pedido un menú de un catering. Me dijeron que no, que querían un bocadillo de jamón serrano«. Se bebieron una cerveza. «Eran muy campechanos. Me dijeron que estaban hartos de los restaurantes de Madrid».
A Joaquín lo conocían como un empresario con gasolineras low cost en Valencia, que también tenía pisos y una clínica de tratamientos de belleza, a día de hoy cerrada. Ábalos y Koldo vieron en él a un posible amigo y socio en ese momento tan crítico. «Me dijeron que las mascarillas se iban a agotar. Y les dije, ‘bueno, mandadme un pedido de 20.000’. Saqué de mi caja fuerte casi 10.000 euros. A los dos días me llegaron la mitad de lo que me dijeron«. Nunca le llegaron las otras 10.000. Cuando en 2024 se enteró de que estaban siendo investigados por corrupción les puso una denuncia.
Joaquín [Mauricio] dice que tiene un sexto sentido para captar las intenciones de las personas, que reconoce a los problemáticos. «Como hablamos de las gasolineras me dijeron que me podían dejar la gasolina más barata. Íbamos a reunirnos, pero ni siquiera se lo comenté a mis socios porque pensé que había gato encerrado».
El hermano de Antonio Anglés no muestra ninguna emoción cuando le preguntamos por su familia, por sus orígenes. «Me he criado en un ambiente muy conflictivo, estuve en el reformatorio de Godella. Luego muchos años en prisión, por atracos y cosas que hice en su día. Me he codeado todo tipo de gente con la que he hecho negocios».
Joaquín narra que dejó «a Mauri» en la cárcel. Todos los hermanos Anglés -eran nueve y se han muerto tres, porque, según cree, Antonio está muerto- se cambiaron el nombre y el apellido para que no se les vinculase al crimen de Alcàsser. Recibe a LOC en una de las casas que alquila su familia en Valencia.
Se reúne ahí con la editora de su biografía, Sobreviviendo al apellido Anglés. Lleva un Rolex, unas zapatillas Cavalli y una bandolera de Louis Vuitton que parecen auténticas. Se perfuma antes de salir por la puerta. «Es Dior Sauvage. Tengo varias colonias».
Le cuesta confiar en los periodistas, teme que le graben sin avisar. «Entiéndelo, nos han hecho muchas jugadas. He vivido de todo. Cuando iba al programa Esta noche cruzamos el Mississippi era un show. Pero me metía heroína. Si me ofrecían dinero iba a donde fuese».
Empezó a consumir cuando tenía 12 años. Creía que era normal. «Nos veíamos desbordados. Te dicen que tu hermano ha cometido un hecho tan atroz… Y la prensa, las cámaras. Un asedio».
-¿Dejó de querer a Antonio?
-Radicalmente. Le he deseado la muerte muchas veces. Mi padre era alcohólico y en una ocasión mi hermano Antonio, un día que llegó borracho, le zarandeó. Mi otro hermano, Luis, que era esquizofrénico, cogió un cuchillo de la cocina y lo atravesó. Pensé que lo había matado. Muchas veces pienso que si ese día hubiera muerto…
La vida de Joaquín, Mauri, nunca fue normal. Estuvo en cinco internados, atracaba a gente de su pueblo o alrededores, huía de la Guardia Civil en su moto, y cuando su vida pudo cambiar de rumbo decidió quedarse con su madre. Tenía ocho años cuando un asistente social se hizo cargo de sus hermanos.
«Nos consiguió una familia para irnos los fines de semana con ellos. Nos íbamos de vacaciones, teníamos juguetes, nos daban una educación muy buena… Y un día escuché cómo hablaban de que nos querían adoptar. Cogí a otro de mis hermanos y nos escapamos por la ventana. Yo quería irme con mi madre «, relata. Estuvieron toda la noche escondidos en una obra. Aquella noche llovió en Valencia. «Nos calamos. Una señora nos dio una caracola de chocolate».
Reconoce que ahora sería otra persona si se hubiera dejado adoptar. «Podría haber sido médico, cualquier otra cosa, pero en ese en ese momento quería estar con mi madre«. Cuando volvió a casa le contó la situación a su hermano, Antonio Anglés. Él prefirió ahorrarse la conversación con el asistente social. «Lo amenazó con una escopeta. Me lo confesó Francis, el asistente, hace unos años».
Joaquín se quita la americana cuando el sol lleva un rato dándole en la cara. Empalma los cigarros, pero ya casi no bebe. Se rehabilitó en Proyecto Hombre.
Aunque él nunca se presente como Mauricio Anglés, siempre hay alguien que lo reconoce. Está acostumbrado a esa losa, pero le duele el estigma de su familia. Tiene un hijo adolescente al que le han hecho preguntas en el instituto. «Un día, estábamos de vacaciones en Canarias y me preguntó por las niñas de Alcàsser. Eso sí que me da mucha pena».
Llevaba años disfrutando de una especie de anonimato hasta que tuvo que volver a dar la cara por una entrevista de Miguel Ricart en un canal de YouTube que lo inculpaba en el crimen de su hermano. «Le he puesto una querella. A él y al youtuber». Se ha sometido al polígrafo de Conchita en su propio canal de YouTube, El desván de Mauri, con la intención de limpiar su imagen.
-¿Alguna vez ha sido feliz?
-Fui feliz cuando salí de prisión [se refiere a la primera vez, en los años 90. Ha estado encarcelado en tres ocasiones, la última en 2024 por secuestro y torturas a un empresario. Estuvo 18 meses en la cárcel de Picassent. Joaquín (Mauri) sostiene que es inocente].
LOC




