La revolución de ir llorado a las entrevistas

<p><strong>LA NECESIDAD DE CONTARLO TODO.</strong> Salir del armario ha cambiado hoy su connotación. Si antes estaba relacionado exclusivamente con la homosexualidad, ahora son distintos los secretos que da apuro contar por temor a qué pensarán de ti los demás y cómo se comportarán contigo desde el momento en que los compartas. Uno de los últimos se trata de tener VIH, que por otra parte no es lo mismo que tener sida, algo que aún parece que hay que aclarar. Contaba este fin de semana en <i>El País</i><strong>Eduardo Casanova</strong> su experiencia como seropositivo, aún difícil en estos tiempos en los que sabemos casi todo sobre este virus que no debería suponer hoy ningún estigma. Leo la entrevista y los comentarios (muchas veces lo realmente interesante) y me siento algo estafada. Por un lado encuentro valiente su apertura en canal, por otro me asustan las elevadas cifras de contagio a estas alturas con toda la info que hay. Por otro me espanta que haya tanta gente mala y paleta que se sirva de esta circunstancia del actor para hacerle daño. Por otro descubro el término serofobia, de la que Casanova dice ser víctima. A la vez, su relato me suena oportunista; a ver, tiene que serlo, coincide con la promo de su último documental, titulado <i>Sidosa</i>. Sin embargo, termina hablando poco del docu y demasiado de sí mismo desde una trinchera ideológica y esta voluntad de normalización, aunque loable, no me termina de convencer. Que si le insultan, que si le dicen que es culpable de tener VIH… Que si Vox, que si la humanidad tiene que extinguirse… A Casanova se le conoce más por sus polémicas que por su cine y quizás convendría hacerle ver que si no cae bien no es ni por ser gay ni por portar un virus indetectable si se trata en España, como es su afortunado caso (la pesadez, en cambio sí se detecta). Últimamente agradezco mucho leer entrevistas a personajes que llegan llorados a su cita con el periodista. Que se ciñen a hablar de su verdadera aportación a la sociedad y que si hablan de algo personal está justificado. Contarlo todo, especialmente lo más íntimo, parece obligatorio. Oiga, pues igual no nos interesa tanto. La lectura es la siguiente:si no te muestras minoría y te victimizas por ello no eres nadie. Ser mayoría ya no mola, y si eres minoría estigmatizada y no compartes tu tarita terminas estigmatizado igual, pues eso significa que no estás comprometido con la causa que te mantiene encerrado en tu armario voluntariamente. Hoy muchos sienten la presión de visibilizarlo en una falsa intención de normalizar cosas que realmente están normalizadas pero de las que se muestran víctimas para sacarle rédito y no caer en el ostracismo. Cualquiera tiene voz sobre un tema serio disfrazándolo de intención de ayudar a los demás, lo que le impide a otros ejercer su derecho a callarse para preservar su intimidad. En los Goya había que posicionarse sobre algo, pobre de aquel que hablara sólo de cine y en castellano: si lo hacía era porquees un facha en el armario. Para armarios hoy, Ozempic, la ovodonación… Pocos lo reconocen, pero no por ello no está normalizado. Pues miren, que cada uno cuente lo que le dé la gana, pero que a falta de algo interesante que compartir, que no nos den la turra sin rigor ni gracia con asuntos de los que mejor no ser bandera. Igual no interesan ni ayudan a nadie. Hay armarios donde se está muy a gusto.</p>

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 LA NECESIDAD DE CONTARLO TODO. Salir del armario ha cambiado hoy su connotación. Si antes estaba relacionado exclusivamente con la homosexualidad, ahora son dis  

LA NECESIDAD DE CONTARLO TODO. Salir del armario ha cambiado hoy su connotación. Si antes estaba relacionado exclusivamente con la homosexualidad, ahora son distintos los secretos que da apuro contar por temor a qué pensarán de ti los demás y cómo se comportarán contigo desde el momento en que los compartas. Uno de los últimos se trata de tener VIH, que por otra parte no es lo mismo que tener sida, algo que aún parece que hay que aclarar. Contaba este fin de semana en El PaísEduardo Casanova su experiencia como seropositivo, aún difícil en estos tiempos en los que sabemos casi todo sobre este virus que no debería suponer hoy ningún estigma. Leo la entrevista y los comentarios (muchas veces lo realmente interesante) y me siento algo estafada. Por un lado encuentro valiente su apertura en canal, por otro me asustan las elevadas cifras de contagio a estas alturas con toda la info que hay. Por otro me espanta que haya tanta gente mala y paleta que se sirva de esta circunstancia del actor para hacerle daño. Por otro descubro el término serofobia, de la que Casanova dice ser víctima. A la vez, su relato me suena oportunista; a ver, tiene que serlo, coincide con la promo de su último documental, titulado Sidosa. Sin embargo, termina hablando poco del docu y demasiado de sí mismo desde una trinchera ideológica y esta voluntad de normalización, aunque loable, no me termina de convencer. Que si le insultan, que si le dicen que es culpable de tener VIH… Que si Vox, que si la humanidad tiene que extinguirse… A Casanova se le conoce más por sus polémicas que por su cine y quizás convendría hacerle ver que si no cae bien no es ni por ser gay ni por portar un virus indetectable si se trata en España, como es su afortunado caso (la pesadez, en cambio sí se detecta). Últimamente agradezco mucho leer entrevistas a personajes que llegan llorados a su cita con el periodista. Que se ciñen a hablar de su verdadera aportación a la sociedad y que si hablan de algo personal está justificado. Contarlo todo, especialmente lo más íntimo, parece obligatorio. Oiga, pues igual no nos interesa tanto. La lectura es la siguiente:si no te muestras minoría y te victimizas por ello no eres nadie. Ser mayoría ya no mola, y si eres minoría estigmatizada y no compartes tu tarita terminas estigmatizado igual, pues eso significa que no estás comprometido con la causa que te mantiene encerrado en tu armario voluntariamente. Hoy muchos sienten la presión de visibilizarlo en una falsa intención de normalizar cosas que realmente están normalizadas pero de las que se muestran víctimas para sacarle rédito y no caer en el ostracismo. Cualquiera tiene voz sobre un tema serio disfrazándolo de intención de ayudar a los demás, lo que le impide a otros ejercer su derecho a callarse para preservar su intimidad. En los Goya había que posicionarse sobre algo, pobre de aquel que hablara sólo de cine y en castellano: si lo hacía era porquees un facha en el armario. Para armarios hoy, Ozempic, la ovodonación… Pocos lo reconocen, pero no por ello no está normalizado. Pues miren, que cada uno cuente lo que le dé la gana, pero que a falta de algo interesante que compartir, que no nos den la turra sin rigor ni gracia con asuntos de los que mejor no ser bandera. Igual no interesan ni ayudan a nadie. Hay armarios donde se está muy a gusto.

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