La Maestranza se convirtió en un horno

Un mar de sombreros y de abanicos cubría el círculo imperfecto de la Maestranza a través de los tendidos. El revoloteo en las manos de hombres y mujeres era un consuelo poco efectivo. Todo lo que se movía era caliente. Como si el Sahara se hubiera trasladado, durante cuatro horas, al palacio del toreo sevillano. Aquello de «toros, sol y moscas» tiene la antigüedad que pueden tener las piedras que conforman las localidades de la plaza pero hoy, aquello también quedaba fuera de lugar. El calor que hundió a la plaza de toros de Sevilla a las 18:00 de la tarde de la segunda de feria sólo podrá olvidarse si el termómetro hace de las suyas en las dos próximas jornadas . Si hablar con los mayores es indispensable para aprender en el camino hacia ese título irreal que te acredita como buen aficionado, hoy estos aclaraban con firmeza si se les preguntaba, que la flama que se asentaba en el edén baratillero mientras Manzanares, Talavante y Ortega cruzaban el platillo estaba entre las más calurosas de las que se recuerdan. El personal de plaza que surte a los tendidos de bebidas no daba a basto, y los aficionados cruzaban bocanas y pasillos para llegar a los cuartos de baño y remojarse las cabezas como quien está debajo de una fuente en la inmensidad del campo. La afición a los toros es sacrificada, entregada e incluso desagradecida. Hoy, las poco menos de 12.500 personas que se citaron en la Maestranza echaron valor al asunto y decidieron que lo mejor que se podía hacer era ir a los toros. La valentía en estas situaciones pasa en un segundo o tercer plano e incluso se hace de menos con el argumento del tiempo: «Esto ha pasado siempre» . El riesgo a la sufrir un problema de salud estaba muy presente en cada uno de los que habían dignificado esta fiesta pagando una entrada y sentándose en tendidos y gradas. Por todos es sabido que Sevilla tiene ciertas complicaciones de infraestructura, y el «super viernes» de hoy apuntaba a una mezcolanza de aficiones, actividades y rutinas de lo más variopintas. La carrera nocturna figuraba entre los aficionados como primer argumento que tal vez tuvo Garzón encima de la mesa para poner los festejos de San Miguel a las 18:00 de la tarde, pero este impacto en forma de horno en el que se ha convertido la Maestranza es una prueba evidente para impulsar un cambio en los horarios. ¿19:00? ¿19:30? ¿20:00? Un mar de sombreros y de abanicos cubría el círculo imperfecto de la Maestranza a través de los tendidos. El revoloteo en las manos de hombres y mujeres era un consuelo poco efectivo. Todo lo que se movía era caliente. Como si el Sahara se hubiera trasladado, durante cuatro horas, al palacio del toreo sevillano. Aquello de «toros, sol y moscas» tiene la antigüedad que pueden tener las piedras que conforman las localidades de la plaza pero hoy, aquello también quedaba fuera de lugar. El calor que hundió a la plaza de toros de Sevilla a las 18:00 de la tarde de la segunda de feria sólo podrá olvidarse si el termómetro hace de las suyas en las dos próximas jornadas . Si hablar con los mayores es indispensable para aprender en el camino hacia ese título irreal que te acredita como buen aficionado, hoy estos aclaraban con firmeza si se les preguntaba, que la flama que se asentaba en el edén baratillero mientras Manzanares, Talavante y Ortega cruzaban el platillo estaba entre las más calurosas de las que se recuerdan. El personal de plaza que surte a los tendidos de bebidas no daba a basto, y los aficionados cruzaban bocanas y pasillos para llegar a los cuartos de baño y remojarse las cabezas como quien está debajo de una fuente en la inmensidad del campo. La afición a los toros es sacrificada, entregada e incluso desagradecida. Hoy, las poco menos de 12.500 personas que se citaron en la Maestranza echaron valor al asunto y decidieron que lo mejor que se podía hacer era ir a los toros. La valentía en estas situaciones pasa en un segundo o tercer plano e incluso se hace de menos con el argumento del tiempo: «Esto ha pasado siempre» . El riesgo a la sufrir un problema de salud estaba muy presente en cada uno de los que habían dignificado esta fiesta pagando una entrada y sentándose en tendidos y gradas. Por todos es sabido que Sevilla tiene ciertas complicaciones de infraestructura, y el «super viernes» de hoy apuntaba a una mezcolanza de aficiones, actividades y rutinas de lo más variopintas. La carrera nocturna figuraba entre los aficionados como primer argumento que tal vez tuvo Garzón encima de la mesa para poner los festejos de San Miguel a las 18:00 de la tarde, pero este impacto en forma de horno en el que se ha convertido la Maestranza es una prueba evidente para impulsar un cambio en los horarios. ¿19:00? ¿19:30? ¿20:00?  RSS de noticias de cultura

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Un mar de sombreros y de abanicos cubría el círculo imperfecto de la Maestranza a través de los tendidos. El revoloteo en las manos de hombres y mujeres era un consuelo poco efectivo. Todo lo que se movía era caliente. Como si el Sahara se … hubiera trasladado, durante cuatro horas, al palacio del toreo sevillano. Aquello de «toros, sol y moscas» tiene la antigüedad que pueden tener las piedras que conforman las localidades de la plaza pero hoy, aquello también quedaba fuera de lugar. El calor que hundió a la plaza de toros de Sevilla a las 18:00 de la tarde de la segunda de feria sólo podrá olvidarse si el termómetro hace de las suyas en las dos próximas jornadas.

 

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