<p>La inversión pública en <strong>infraestructuras ferroviarias</strong> en España se ha desplomado un 66,7% desde el máximo de 2009, es decir, se ha reducido dos tercios desde entonces, siendo el tipo de inversión en infraestructuras que ha experimentado el mayor descenso en este periodo, según el último informe publicado este martes por la Fundación BBVA y el IVIE, que advierten de que en algunos años «no ha sido suficiente para cubrir la depreciación de las infraestructuras y <strong>garantizar su mantenimiento». </strong>Se trata de datos relevantes en un contexto de <strong>cuestionamiento generalizado </strong>de la inversión en el tren, tras el accidente de Adamuz (en Córdoba) que se cobró la vida de 45 personas o el de Gelida (en Barcelona) con un fallecido.</p>
El peso de las infraestructuras en el total de inversión pública ha caído al 38% y está en el mínimo desde 1995. Las inversiones viarias, ferroviarias e hidráulicas concentran el 73,5% de las inversiones en infraestructuras, pero su volumen ha caído más de la mitad desde el máximo de 2009
La inversión pública en infraestructuras ferroviarias en España se ha desplomado un 66,7% desde el máximo de 2009, es decir, se ha reducido dos tercios desde entonces, siendo el tipo de inversión en infraestructuras que ha experimentado el mayor descenso en este periodo, según el último informe publicado este martes por la Fundación BBVA y el IVIE, que advierten de que en algunos años «no ha sido suficiente para cubrir la depreciación de las infraestructuras y garantizar su mantenimiento». Se trata de datos relevantes en un contexto de cuestionamiento generalizado de la inversión en el tren, tras el accidente de Adamuz (en Córdoba) que se cobró la vida de 45 personas o el de Gelida (en Barcelona) con un fallecido.
Pese al descenso, en 2025 la inversión en el ferrocarril se coloca como el segundo tipo de infraestructura con mayor inversión, con 4.589 millones de euros, un 7% más que el año anterior, y representa el 28,5% de la inversión total en infraestructuras. Su peso sobre el total ha crecido considerablemente respecto al 11% que suponían en 1995. En los últimos 20 años siempre ha superado el 25%, con un pico de intensidad en 2011, cuando absorbió más del 40% de la inversión total en infraestructuras.
En cuanto a las inversiones viarias (carreteras), han sido las más importantes en la inversión total en infraestructuras, aunque perdieron peso frente a las ferroviarias entre 1995 y 2008. En 2025, la inversión en carreteras en España ha captado más del 30% de la inversión en infraestructuras, con un total de 4.952 millones de euros, un 0,6% más que el año anterior, pero un 41% menos que en el máximo de 2009.
Las infraestructuras hidráulicas, las terceras en importancia, han pasado de concentrar el 24% de las inversiones al principio del periodo a estabilizarse en torno al 15% y cerraron 2025 por debajo del 14,3%. En términos reales, la inversión en infraestructuras hidráulicas ha caído un 61,7% desde 2009, la segunda que más baja tras las ferroviarias. «Parte importante de estas infraestructuras es la que realizan las confederaciones hidrográficas y está destinada a la prevención de avenidas y otras obras relacionadas con el ciclo del agua», explican los expertos, que recuerdan que estos tres tipos de infraestructuras -ferroviarias, viarias, hidráulicas- concentran el 73,5% de la inversión total en infraestructuras y han sufrido una caída conjunta en euros constantes del 62,5% desde el máximo de inversión alcanzado en 2009.
Los niveles de inversión se han mantenido tan bajos que no han sido suficientes algunos años para cubrir ni siquiera la depreciación. Es el caso de las infraestructuras hidráulicas, que registran una inversión neta negativa (por debajo de la necesaria para el mantenimiento de las dotaciones acumuladas) desde el año 2012 hasta la actualidad. Lo mismo sucedió en las infraestructuras ferroviarias entre los años 2016 y 2022, y en las viarias, entre 2017 y 2022.
Por ello, su valor real se ha reducido. En concreto, el de las dotaciones de infraestructuras productivas (hidráulicas, de transporte y urbanas) se ha reducido en cerca de 11.000 millones de euros desde 2014, un -2,3%, hasta los 583.331 millones de euros actuales. En ese periodo han sufrido retrocesos del capital acumulado las infraestructuras hidráulicas (-4,8%), las ferroviarias (-0,7%), las portuarias (-3,5%), las aeroportuarias (-19,1%) y las urbanas (-3,7%), y han experimentado un ligero crecimiento las viarias (0,2%), que no ha llegado a compensar la caída del resto.
Esta evolución ha provocado una caída en el peso de la inversión en infraestructuras de uso público (hidráulicas, viarias, ferroviarias, hidráulicas, portuarias, aeroportuarias y urbanas) sobre el total de la inversión pública en España. En 2009 la inversión total en estas infraestructuras representaba el 61% de la inversión pública total, pero en 2025 no llega a alcanzar el 38%, un peso que se mantiene estancado desde la pandemia. En esta cateogría se incluye tanto la inversión realizada directamente por el sector público, como la destinada a infraestructuras de transporte que ejecutan entidades como ADIF, Renfe, Enaire, Puertos de Estado, confederaciones hidrográficas, etc., cuya financiación depende en parte de la Administración pública.
El informe recoge también la evolución descendente de otras tres categorías de infraestructuras: urbanas, portuarias y aeroportuarias, que aunque tienen menor peso que las anteriores, sufrieron igualmente caídas en la Gran Recesión y siguen sin recuperar las cifras de inversión del 2009.
En total, el peso de las infraestructuras en la inversión pública ha caído al 38% en los últimos cinco años hasta suponer un total de 16.114 millones de euros a cierre de 2025, un 6,8% más que el año anterior pero un 25% menos que a principios de siglo, un 60% menos que en 2009 y el mínimo desde 1995.
«La inversión en infraestructuras públicas se desplomó a partir de 2010, mucho más que la inversión en dotaciones de tipo social, por lo que el peso de las primeras se ha reducido considerablemente. De hecho, la inversión en infraestructuras productivas concentraba el 61,2% de la inversión pública total en 2009, pero ese peso ha ido recortándose hasta situarse en solo un 37,9% en 2025. En los últimos cinco años, el peso de la inversión en infraestructuras públicas se ha estancado en torno al 38%, más de 20 puntos porcentuales por debajo del que concentraba a principios de siglo», señalan los autores.
Los autores acompañan el informe con un análisis del impacto del cambio climático en la inversión: «La debilidad de la inversión en infraestructuras coincide con un periodo en el que se acumulan evidencias acerca de los efectos del cambio climático sobre los activos públicos y privados localizados en numerosos territorios, y de manera particular en España. Las catástrofes naturales, y de forma destacada las inundaciones, destruyen porcentajes relevantes de activos materiales de todo tipo, públicos y privados. El informe El stock de capital en España y sus comunidades autónomas (1995-2025). Los desastres naturales y la medición del stock de capital, que hoy han publicado la Fundación BBVA y el Ivie, alerta sobre la importancia que tiene para mantener las dotaciones de capital alcanzadas, tanto cubrir adecuadamente la depreciación ordinaria del stock de capital -en particular la que soportan las infraestructuras- como reponer la depreciación extraordinaria de las dotaciones de capital derivada de los desastres naturales», señalan los autores.
La inversión real (es decir, una vez descontado el efecto de la inflación) sigue en España por debajo de los niveles máximos alcanzados en 2007. Tras un periodo de fuerte crecimiento de 1995 a 2007, la inversión sufrió la intensa caída provocada por la Gran Recesión entre 2008 y 2013. Repuntó desde 2014 hasta 2019 pero acusó el shock de la pandemia de 2020. A partir de 2021 vuelve a recuperarse la senda creciente de la inversión, hasta 2025. Pero, pese a esta trayectoria positiva de los últimos años, el esfuerzo inversor (porcentaje de la inversión sobre el PIB) se mantiene en el entorno del 20%, claramente por debajo del promedio de la primera década del siglo (26%-30%). En 2025 dicho esfuerzo ha crecido ligeramente, hasta el 20,6%, aproximándose al nivel de las grandes economías europeas (22%), pero sin llegar a alcanzarlas.
En total, la inversión bruta total (privada y pública) aumentó en España en 2025 un 5,1% en términos reales, hasta alcanzar los 347.000 millones de euros, por lo que suma ya cinco años consecutivos de crecimiento tras superar el shock que supuso la pandemia en 2020. La inversión pública (10,7% del total) ha crecido un 9,1% en 2025 impulsada por los fondos Next Generation y acumula un aumento de hasta un 56% si se compara con la inversión de 2019. La privada, sin embargo, ha crecido la mitad, un 4,6%, con lo que sólo supera en un 8,6% el nivel precovid.
Por tipo de activo, España es, junto con EEUU, el país que más han aumentado sus inversiones en TIC e inmateriales entre 1995 y 2024, multiplicándolas por un factor de 4,7, aunque el punto de partida de España era muy bajo. Las inversiones inmobiliarias, que incluyen activos residenciales (viviendas) y no residenciales (naves, locales comerciales, despachos, infraestructuras), representan más del 50% de la inversión agregada en España, pero su peso se ha reducido significativamente desde el 68% que llegaron a concentrar en los años previos a la Gran Recesión.
«Aunque en la última década se ha iniciado la recuperación de la inversión en vivienda, su nivel sigue siendo bajo y resulta insuficiente para atender la demanda de nuevas viviendas derivada del fuerte crecimiento de la población y del número de hogares. Así, mientras en 2025 se construyeron alrededor de 88.000 nuevas viviendas en España (Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible), la creación de nuevos hogares, según la Estadística Continua de Población del INE, superó los 226.000″, señalan los expertos.
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