Murieron los toros de Victorino con la boca cerrada, pero dijeron muchas cosas en su regreso a Málaga doce años después. En todos los idiomas posibles, en el latín que sabían, en el afrancesado de la clase, en el español de la emoción apasionada. Hubo un ejemplar extraordinario, Borracho, con el que deleitó un inmenso Fortes. Exigentes y con complicaciones todos los demás, con un Emilio de Justo enorme, tragando frente a un Escusano que poco se pareció a aquel extraordinario de la Hispanidad venteña. Por la puerta grande se marcharon mientras Manuel Escribano lo hacía por la de la enfermería. No lo perdonó el primero, con una cornada de quince centímetros en el músculo tibial, pero aun así volvió a nacer el día de su cumpleaños. Literalmente, pues cuarenta y dos velas soplaba justo este 21 de agosto, y tuvo mucha suerte de que el pitón no tocara en una zona de más peligro. De torero macho su gesto de permanecer en el ruedo, de meterse entre pecho y espalda los dos de su lote mientras su propia sangre barnizaba completamente la media rosa y formaba una charco rojo dentro de la zapatilla.Momento de la cornada de Escribano con el primero EfeSu fortaleza física de legionario destapó ya en banderillas. Como el del Espartero había que tenerlos para aguantar la llegada de Garrochista en el par al violín. En la puerta de chiqueros había recibido a este primero, frenado y con ese incómodo salto. Desorden en vara con un toro que pesaba muchísimo para estar delante, menos malo por el zurdo que por el derecho, con más guasa que una piscina de tiburones. Y allá que le lanzó un seco pitonazo, que lo dejó herido. Nadie lo diría, porque el de Gerena ni se miró ni hizo ningún aspaviento, pero la abundante sangre delataba la cornada. Solo cuando se perfilaba para matar se le notó el dolor, pero no crean ustedes que marchó al hule. Habló con sus compañeros para correr turno, lidiar a continuación el previsto en cuarto lugar, y acabar así lo empezado. Le aguardaba Murallón, de buena familia y bien picado por Peña. No pudo ahora coger los palos ni, por supuesto, postrarse a portagayola. Mermado de facultades, hizo un esfuerzo con un toro que humillaba, pero que no terminó de romper hacia delante. De una estocada tumbó al victorino. Con una oreja compensaron su gesto mientras le cantaban el ‘cumpleaños feliz’ camino de la mesa de operaciones. Por un momento, la Malagueta se convirtió en Burgos un 30 de junio con El Cordobés… Qué cosas. Serio el velamen y extenso el cuello de Planetario -mal picado-, que no admitía nada por arriba: un muelle era en los de pecho. Mucha emoción tuvo la faena de Emilio de Justo con un victorino tremendamente exigente, con el que se dobló para abrirle el camino mientras humillaba, aunque sin regalar nada. Logró meterlo en el canasto y tirar de él hasta dejar buenos naturales. Perdiéndole pasos, enjaretó en el epílogo una serie diestra con importancia. De premio era para todos, menos para el palco. Otro aire de salida tuvo el cuarto, con un ritmo superior. Fortes brindó al público que el día antes lo había aupado a hombros y que haría lo propio dos horas después, ahora sí con verdadero peso. Borracho se llamaba el gran toro de Victorino, de excelsa clase, e inmenso anduvo Saúl, templado, alargando la embestida que cosía suave. Ahí quedó un natural extralargo, cadencioso, que competía con los de Borja Jiménez del lunes. Qué profundidad la de Borracho, con el que el malagueño embriagó a toda la plaza. Lo miraba el de la A coronada, pero obedecía rebosante de nobleza mientras el torero aguantaba con aplomo. De cartel el pase de pecho, de pitón a rabo. In crescendo la obra, con una sinfonía diestra de cintura rota, de pecho ofrecido. Encajado y asentado. Y un trincherazo para enmarcar. ¡Torero, torero! Con una vuelta al ruedo premiaron a Borracho, con la verdad de la bravura entregada. De una estocada algo desprendida lo mató, pero no frenó dos orejas de ley. Si aquel fue el toro caviar del sexteto, en quinto lugar saldría un albaserrada de armas tomar, con el que De Justo anduvo enorme, valiente a carta cabal. Soberbio. Qué torero anduvo con los palos Antonio Chacón, desmonterado con Valcarce. Y para torería la de Emilio de Justo, que ahondó en un cambio de mano de cartel en el prólogo genuflexo. «No me gusta cómo caza la perrita». Qué disparo más duro tenía el encastado Escusano, con el que hubo un toma y daca de emoción superlativa. Expuso y tragó tela el de Torrejoncillo, que entendió al toro como nadie de todo el escalafón lo hubiese entendido. Hecho un auténtico tío, muy firme y de verdad en una obra que más que música pedía silencio roto por los ¡ay! De justicia el doble galardón. Feria de Málaga Coso la Malagueta Viernes, 21 de agosto de 2026. Lleno aparente, con la calva del palco 3. Toros de Victorino Martín, serios, encastado y exigentes, con complicaciones; destacó el gran Borracho, de entregada bravura, premiado con la vuelta al ruedo. Manuel Escribano, de noche y oro: estocada desprendida tendida (saludos); buena estocada (oreja). Emilio de Justo, de blanco y azabache: estocada trasera y descabello (petición y vuelta a ruedo); estocada (dos orejas). Fortes, de turquesa y oro: estocada caída (dos orejas); dos pinchazos, estocada con travesía y dos descabellos (silencio tras aviso). Cerró el importante espectáculo un sexto algo ‘malandado’ de salida y protestado, escarbador, con dificultades, pero arrastrando el hocico. Más tiempo del preciso anduvo Fortes, que ya había bordado el toreo en el anterior. Qué emotivísima tarde de toros y toreros, de las que crean afición. Murieron los toros de Victorino con la boca cerrada, pero dijeron muchas cosas en su regreso a Málaga doce años después. En todos los idiomas posibles, en el latín que sabían, en el afrancesado de la clase, en el español de la emoción apasionada. Hubo un ejemplar extraordinario, Borracho, con el que deleitó un inmenso Fortes. Exigentes y con complicaciones todos los demás, con un Emilio de Justo enorme, tragando frente a un Escusano que poco se pareció a aquel extraordinario de la Hispanidad venteña. Por la puerta grande se marcharon mientras Manuel Escribano lo hacía por la de la enfermería. No lo perdonó el primero, con una cornada de quince centímetros en el músculo tibial, pero aun así volvió a nacer el día de su cumpleaños. Literalmente, pues cuarenta y dos velas soplaba justo este 21 de agosto, y tuvo mucha suerte de que el pitón no tocara en una zona de más peligro. De torero macho su gesto de permanecer en el ruedo, de meterse entre pecho y espalda los dos de su lote mientras su propia sangre barnizaba completamente la media rosa y formaba una charco rojo dentro de la zapatilla.Momento de la cornada de Escribano con el primero EfeSu fortaleza física de legionario destapó ya en banderillas. Como el del Espartero había que tenerlos para aguantar la llegada de Garrochista en el par al violín. En la puerta de chiqueros había recibido a este primero, frenado y con ese incómodo salto. Desorden en vara con un toro que pesaba muchísimo para estar delante, menos malo por el zurdo que por el derecho, con más guasa que una piscina de tiburones. Y allá que le lanzó un seco pitonazo, que lo dejó herido. Nadie lo diría, porque el de Gerena ni se miró ni hizo ningún aspaviento, pero la abundante sangre delataba la cornada. Solo cuando se perfilaba para matar se le notó el dolor, pero no crean ustedes que marchó al hule. Habló con sus compañeros para correr turno, lidiar a continuación el previsto en cuarto lugar, y acabar así lo empezado. Le aguardaba Murallón, de buena familia y bien picado por Peña. No pudo ahora coger los palos ni, por supuesto, postrarse a portagayola. Mermado de facultades, hizo un esfuerzo con un toro que humillaba, pero que no terminó de romper hacia delante. De una estocada tumbó al victorino. Con una oreja compensaron su gesto mientras le cantaban el ‘cumpleaños feliz’ camino de la mesa de operaciones. Por un momento, la Malagueta se convirtió en Burgos un 30 de junio con El Cordobés… Qué cosas. Serio el velamen y extenso el cuello de Planetario -mal picado-, que no admitía nada por arriba: un muelle era en los de pecho. Mucha emoción tuvo la faena de Emilio de Justo con un victorino tremendamente exigente, con el que se dobló para abrirle el camino mientras humillaba, aunque sin regalar nada. Logró meterlo en el canasto y tirar de él hasta dejar buenos naturales. Perdiéndole pasos, enjaretó en el epílogo una serie diestra con importancia. De premio era para todos, menos para el palco. Otro aire de salida tuvo el cuarto, con un ritmo superior. Fortes brindó al público que el día antes lo había aupado a hombros y que haría lo propio dos horas después, ahora sí con verdadero peso. Borracho se llamaba el gran toro de Victorino, de excelsa clase, e inmenso anduvo Saúl, templado, alargando la embestida que cosía suave. Ahí quedó un natural extralargo, cadencioso, que competía con los de Borja Jiménez del lunes. Qué profundidad la de Borracho, con el que el malagueño embriagó a toda la plaza. Lo miraba el de la A coronada, pero obedecía rebosante de nobleza mientras el torero aguantaba con aplomo. De cartel el pase de pecho, de pitón a rabo. In crescendo la obra, con una sinfonía diestra de cintura rota, de pecho ofrecido. Encajado y asentado. Y un trincherazo para enmarcar. ¡Torero, torero! Con una vuelta al ruedo premiaron a Borracho, con la verdad de la bravura entregada. De una estocada algo desprendida lo mató, pero no frenó dos orejas de ley. Si aquel fue el toro caviar del sexteto, en quinto lugar saldría un albaserrada de armas tomar, con el que De Justo anduvo enorme, valiente a carta cabal. Soberbio. Qué torero anduvo con los palos Antonio Chacón, desmonterado con Valcarce. Y para torería la de Emilio de Justo, que ahondó en un cambio de mano de cartel en el prólogo genuflexo. «No me gusta cómo caza la perrita». Qué disparo más duro tenía el encastado Escusano, con el que hubo un toma y daca de emoción superlativa. Expuso y tragó tela el de Torrejoncillo, que entendió al toro como nadie de todo el escalafón lo hubiese entendido. Hecho un auténtico tío, muy firme y de verdad en una obra que más que música pedía silencio roto por los ¡ay! De justicia el doble galardón. Feria de Málaga Coso la Malagueta Viernes, 21 de agosto de 2026. Lleno aparente, con la calva del palco 3. Toros de Victorino Martín, serios, encastado y exigentes, con complicaciones; destacó el gran Borracho, de entregada bravura, premiado con la vuelta al ruedo. Manuel Escribano, de noche y oro: estocada desprendida tendida (saludos); buena estocada (oreja). Emilio de Justo, de blanco y azabache: estocada trasera y descabello (petición y vuelta a ruedo); estocada (dos orejas). Fortes, de turquesa y oro: estocada caída (dos orejas); dos pinchazos, estocada con travesía y dos descabellos (silencio tras aviso). Cerró el importante espectáculo un sexto algo ‘malandado’ de salida y protestado, escarbador, con dificultades, pero arrastrando el hocico. Más tiempo del preciso anduvo Fortes, que ya había bordado el toreo en el anterior. Qué emotivísima tarde de toros y toreros, de las que crean afición. RSS de noticias de cultura
Murieron los toros de Victorino con la boca cerrada, pero dijeron muchas cosas en su regreso a Málaga doce años después. En todos los idiomas posibles, en el latín que sabían, en el afrancesado de la clase, en el español de la emoción apasionada. Hubo … un ejemplar extraordinario, Borracho, con el que deleitó un inmenso Fortes. Exigentes y con complicaciones todos los demás, con un Emilio de Justo enorme, tragando frente a un Escusano que poco se pareció a aquel extraordinario de la Hispanidad venteña. Por la puerta grande se marcharon mientras Manuel Escribano lo hacía por la de la enfermería. No lo perdonó el primero, con una cornada de quince centímetros en el músculo tibial, pero aun así volvió a nacer el día de su cumpleaños. Literalmente, pues cuarenta y dos velas soplaba justo este 21 de agosto, y tuvo mucha suerte de que el pitón no tocara en una zona de más peligro. De torero macho su gesto de permanecer en el ruedo, de meterse entre pecho y espalda los dos de su lote mientras su propia sangre barnizaba completamente la media rosa y formaba una charco rojo dentro de la zapatilla.

(Efe)
Su fortaleza física de legionario destapó ya en banderillas. Como el del Espartero había que tenerlos para aguantar la llegada de Garrochista en el par al violín. En la puerta de chiqueros había recibido a este primero, frenado y con ese incómodo salto. Desorden en vara con un toro que pesaba muchísimo para estar delante, menos malo por el zurdo que por el derecho, con más guasa que una piscina de tiburones. Y allá que le lanzó un seco pitonazo, que lo dejó herido. Nadie lo diría, porque el de Gerena ni se miró ni hizo ningún aspaviento, pero la abundante sangre delataba la cornada. Solo cuando se perfilaba para matar se le notó el dolor, pero no crean ustedes que marchó al hule. Habló con sus compañeros para correr turno, lidiar a continuación el previsto en cuarto lugar, y acabar así lo empezado.
Le aguardaba Murallón, de buena familia y bien picado por Peña. No pudo ahora coger los palos ni, por supuesto, postrarse a portagayola. Mermado de facultades, hizo un esfuerzo con un toro que humillaba, pero que no terminó de romper hacia delante. De una estocada tumbó al victorino. Con una oreja compensaron su gesto mientras le cantaban el ‘cumpleaños feliz’ camino de la mesa de operaciones. Por un momento, la Malagueta se convirtió en Burgos un 30 de junio con El Cordobés… Qué cosas.
Serio el velamen y extenso el cuello de Planetario -mal picado-, que no admitía nada por arriba: un muelle era en los de pecho. Mucha emoción tuvo la faena de Emilio de Justo con un victorino tremendamente exigente, con el que se dobló para abrirle el camino mientras humillaba, aunque sin regalar nada. Logró meterlo en el canasto y tirar de él hasta dejar buenos naturales. Perdiéndole pasos, enjaretó en el epílogo una serie diestra con importancia. De premio era para todos, menos para el palco.
Otro aire de salida tuvo el cuarto, con un ritmo superior. Fortes brindó al público que el día antes lo había aupado a hombros y que haría lo propio dos horas después, ahora sí con verdadero peso. Borracho se llamaba el gran toro de Victorino, de excelsa clase, e inmenso anduvo Saúl, templado, alargando la embestida que cosía suave. Ahí quedó un natural extralargo, cadencioso, que competía con los de Borja Jiménez del lunes. Qué profundidad la de Borracho, con el que el malagueño embriagó a toda la plaza. Lo miraba el de la A coronada, pero obedecía rebosante de nobleza mientras el torero aguantaba con aplomo. De cartel el pase de pecho, de pitón a rabo. In crescendo la obra, con una sinfonía diestra de cintura rota, de pecho ofrecido. Encajado y asentado. Y un trincherazo para enmarcar. ¡Torero, torero! Con una vuelta al ruedo premiaron a Borracho, con la verdad de la bravura entregada. De una estocada algo desprendida lo mató, pero no frenó dos orejas de ley.
Si aquel fue el toro caviar del sexteto, en quinto lugar saldría un albaserrada de armas tomar, con el que De Justo anduvo enorme, valiente a carta cabal. Soberbio. Qué torero anduvo con los palos Antonio Chacón, desmonterado con Valcarce. Y para torería la de Emilio de Justo, que ahondó en un cambio de mano de cartel en el prólogo genuflexo. «No me gusta cómo caza la perrita». Qué disparo más duro tenía el encastado Escusano, con el que hubo un toma y daca de emoción superlativa. Expuso y tragó tela el de Torrejoncillo, que entendió al toro como nadie de todo el escalafón lo hubiese entendido. Hecho un auténtico tío, muy firme y de verdad en una obra que más que música pedía silencio roto por los ¡ay! De justicia el doble galardón.
Feria de Málaga
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Coso la Malagueta
Viernes, 21 de agosto de 2026. Lleno aparente, con la calva del palco 3. Toros de Victorino Martín, serios, encastado y exigentes, con complicaciones; destacó el gran Borracho, de entregada bravura, premiado con la vuelta al ruedo.
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Manuel Escribano,
de noche y oro: estocada desprendida tendida (saludos); buena estocada (oreja). -
Emilio de Justo,
de blanco y azabache: estocada trasera y descabello (petición y vuelta a ruedo); estocada (dos orejas). -
Fortes,
de turquesa y oro: estocada caída (dos orejas); dos pinchazos, estocada con travesía y dos descabellos (silencio tras aviso).
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Cerró el importante espectáculo un sexto algo ‘malandado’ de salida y protestado, escarbador, con dificultades, pero arrastrando el hocico. Más tiempo del preciso anduvo Fortes, que ya había bordado el toreo en el anterior. Qué emotivísima tarde de toros y toreros, de las que crean afición.
