La Alhambra, un lienzo con cinco hectáreas en flor

Cuentan que la Alhambra era un estallido de color. Ese juego de cromatismo reinaba en el interior de los espacios, palacios, viviendas y constituía una parte muy importante de su arquitectura cuando era una ciudad palatina. Actualmente, cuesta imaginar, con su esencia terracota empolvada, los destellos de los brillos, las tonalidades vibrantes. Sin embargo, ahora, se mantiene un elemento que hace volver a aquellos brochazos de pintor, a aquella genialidad de combinar simplemente el color: las flores. De hecho, a los jardines donde se siembra se les llaman cuadros. Hay 5 hectáreas de flores, en total, más de 11 de vegetación, y 120.000 plantas, que se cultivan y mudan dos veces al año. Te invitamos a recorrer la Alhambra y alguna de sus flores más singulares. Simplemente, sigue desplazándote hacia abajo.Las plantas se producen en los espacios de la Alhambra, en sus semilleros, el 80% y el resto, se adquiere de viveros. Por eso se mezclan algunas flores más ‘perfectas’, con otras más pequeñas, salvajes y naturales. Es el encanto de construir un jardín a mano. Se siembra a mediados de diciembre lo que quieren que brote en primavera, y en mayo, lo que saldrá en el verano y el otoño. Se orquestan los tiempos, las tipologías de plantas y se aventura a cómo será la climatología, con sus imprevistos. Invierno – primavera y verano – otoño. Cuando se terminan de poner las plantas de unas de las temporadas se comienza a planificar la siguiente. Junto a Amelia Garrido trabaja también José Carlos Ávila, jefe del departamento de Jardines y Huertas de la Alhambra, parte del equipo encargado del mantenimiento. Hay 40 trabajadores para los jardines, cinco para la huerta, ocho para los bosques… A estas zonas de vegetación se les aplica riegos adecuados a sus necesidades, alguna suelta de fauna auxiliar que ayuda a combatir las plagas e insecticidas y fortificantes ecológicos (extracto de cola de caballo, extracto de consuelda, aceite de naranja, jabón potásico).Los jardines pueden ser medievales, renacentistas, románticos, del siglo veinte y contemporáneos. «Este año las violetas están preciosas», apunta Amelia Garrido. El año pasado la Alhambra era ‘pensamientilandia’, el otro ‘salvilandia’…. siempre hay una flor que destaca. El milagro este año, según cuenta José Carlos Ávila, es que los jardines hayan sobrevivido al ahogamiento por exceso de lluvias.Generalife Cristina Ramos Claveles Cristina Ramos Violetas Cristina Ramos Lirio blanco Cristina Ramos Bocas de dragón Cristina Ramos«Los pensamientos este año son los que están más bonitos. Los que tenemos en el cuadro de flor del entorno de El Secano, son morados. En la Alcazaba, también hay pensamientos morados y mezclados con boca de dragón de un montón de colores y con alisos o carraspiques», cuenta la paisajista. «Intentamos mantener las modas, añadiendo especies y ahora mismo es un mezcliche. Mantenemos la histórica del jardín. Por ejemplo, El Patio de la Acequia, salvo una buganvilla americana que está, el resto son especies todas medievales y este es el jardín nazarí por excelencia, que está en el Generalife solo es medieval», explica Amelia Garrido, responsable del diseño de los cuadro de flores.«Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos todos los días. Trabajamos duro para eso» Amelia Garrido Paisajista y bióloga del monumentoTambién se piensa en la gama cromática y, cuando toca cambiarlos, da pena deshacer los jardines para volver a sembrar, algo que es inevitable si se quieren flores todo el año. En los semilleros gigantes, a espaldas del Generalife crecen las plantas que echarán flores en la próxima primavera. Mientras, en el jardín nazarí por excelencia, la belleza es inmensa. El patio de la acequia en una fiesta cromática programada. «Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos siempre. Y para ello trabajamos duro todos los días. Para los amantes de las flores, se disfruta mucho la primavera y el otoño, aunque menos florido tiene una calidez y una luz que conquista a todos», expresa Amelia, acostumbrada a gestionar belleza, un bien de valor incalculable.Apenas faltan veinte días para la próxima siembra. Los diseñadores de los jardines alhambreños se adelantan a las estaciones. Habrá que sacrificar primavera para llegar al verano, toda una ingeniería floral que se suma a lo imponente del monumento. Un espacio que siempre está en flor. Créditos Ilustraciones: Cristina R. Rey Desarrollo: Carlos Muñoz, Sara I. Belled y Javier Morales Cuentan que la Alhambra era un estallido de color. Ese juego de cromatismo reinaba en el interior de los espacios, palacios, viviendas y constituía una parte muy importante de su arquitectura cuando era una ciudad palatina. Actualmente, cuesta imaginar, con su esencia terracota empolvada, los destellos de los brillos, las tonalidades vibrantes. Sin embargo, ahora, se mantiene un elemento que hace volver a aquellos brochazos de pintor, a aquella genialidad de combinar simplemente el color: las flores. De hecho, a los jardines donde se siembra se les llaman cuadros. Hay 5 hectáreas de flores, en total, más de 11 de vegetación, y 120.000 plantas, que se cultivan y mudan dos veces al año. Te invitamos a recorrer la Alhambra y alguna de sus flores más singulares. Simplemente, sigue desplazándote hacia abajo.Las plantas se producen en los espacios de la Alhambra, en sus semilleros, el 80% y el resto, se adquiere de viveros. Por eso se mezclan algunas flores más ‘perfectas’, con otras más pequeñas, salvajes y naturales. Es el encanto de construir un jardín a mano. Se siembra a mediados de diciembre lo que quieren que brote en primavera, y en mayo, lo que saldrá en el verano y el otoño. Se orquestan los tiempos, las tipologías de plantas y se aventura a cómo será la climatología, con sus imprevistos. Invierno – primavera y verano – otoño. Cuando se terminan de poner las plantas de unas de las temporadas se comienza a planificar la siguiente. Junto a Amelia Garrido trabaja también José Carlos Ávila, jefe del departamento de Jardines y Huertas de la Alhambra, parte del equipo encargado del mantenimiento. Hay 40 trabajadores para los jardines, cinco para la huerta, ocho para los bosques… A estas zonas de vegetación se les aplica riegos adecuados a sus necesidades, alguna suelta de fauna auxiliar que ayuda a combatir las plagas e insecticidas y fortificantes ecológicos (extracto de cola de caballo, extracto de consuelda, aceite de naranja, jabón potásico).Los jardines pueden ser medievales, renacentistas, románticos, del siglo veinte y contemporáneos. «Este año las violetas están preciosas», apunta Amelia Garrido. El año pasado la Alhambra era ‘pensamientilandia’, el otro ‘salvilandia’…. siempre hay una flor que destaca. El milagro este año, según cuenta José Carlos Ávila, es que los jardines hayan sobrevivido al ahogamiento por exceso de lluvias.Generalife Cristina Ramos Claveles Cristina Ramos Violetas Cristina Ramos Lirio blanco Cristina Ramos Bocas de dragón Cristina Ramos«Los pensamientos este año son los que están más bonitos. Los que tenemos en el cuadro de flor del entorno de El Secano, son morados. En la Alcazaba, también hay pensamientos morados y mezclados con boca de dragón de un montón de colores y con alisos o carraspiques», cuenta la paisajista. «Intentamos mantener las modas, añadiendo especies y ahora mismo es un mezcliche. Mantenemos la histórica del jardín. Por ejemplo, El Patio de la Acequia, salvo una buganvilla americana que está, el resto son especies todas medievales y este es el jardín nazarí por excelencia, que está en el Generalife solo es medieval», explica Amelia Garrido, responsable del diseño de los cuadro de flores.«Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos todos los días. Trabajamos duro para eso» Amelia Garrido Paisajista y bióloga del monumentoTambién se piensa en la gama cromática y, cuando toca cambiarlos, da pena deshacer los jardines para volver a sembrar, algo que es inevitable si se quieren flores todo el año. En los semilleros gigantes, a espaldas del Generalife crecen las plantas que echarán flores en la próxima primavera. Mientras, en el jardín nazarí por excelencia, la belleza es inmensa. El patio de la acequia en una fiesta cromática programada. «Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos siempre. Y para ello trabajamos duro todos los días. Para los amantes de las flores, se disfruta mucho la primavera y el otoño, aunque menos florido tiene una calidez y una luz que conquista a todos», expresa Amelia, acostumbrada a gestionar belleza, un bien de valor incalculable.Apenas faltan veinte días para la próxima siembra. Los diseñadores de los jardines alhambreños se adelantan a las estaciones. Habrá que sacrificar primavera para llegar al verano, toda una ingeniería floral que se suma a lo imponente del monumento. Un espacio que siempre está en flor. Créditos Ilustraciones: Cristina R. Rey Desarrollo: Carlos Muñoz, Sara I. Belled y Javier Morales  RSS de noticias de cultura

Cuentan que la Alhambra era un estallido de color. Ese juego de cromatismo reinaba en el interior de los espacios, palacios, viviendas y constituía una parte muy importante de su arquitectura cuando era una ciudad palatina. Actualmente, cuesta imaginar, con su esencia terracota empolvada, los … destellos de los brillos, las tonalidades vibrantes.

«Los pensamientos este año son los que están más bonitos. Los que tenemos en el cuadro de flor del entorno de El Secano, son morados. En la Alcazaba, también hay pensamientos morados y mezclados con boca de dragón de un montón de colores y con alisos o carraspiques», cuenta la paisajista. «Intentamos mantener las modas, añadiendo especies y ahora mismo es un mezcliche. Mantenemos la histórica del jardín. Por ejemplo, El Patio de la Acequia, salvo una buganvilla americana que está, el resto son especies todas medievales y este es el jardín nazarí por excelencia, que está en el Generalife solo es medieval», explica Amelia Garrido, responsable del diseño de los cuadro de flores.

«Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos todos los días. Trabajamos duro para eso»

Amelia Garrido

Paisajista y bióloga del monumento

También se piensa en la gama cromática y, cuando toca cambiarlos, da pena deshacer los jardines para volver a sembrar, algo que es inevitable si se quieren flores todo el año.

En los semilleros gigantes, a espaldas del Generalife crecen las plantas que echarán flores en la próxima primavera. Mientras, en el jardín nazarí por excelencia, la belleza es inmensa. El patio de la acequia en una fiesta cromática programada.

«Intentamos que los jardines de la Alhambra estén bonitos siempre. Y para ello trabajamos duro todos los días. Para los amantes de las flores, se disfruta mucho la primavera y el otoño, aunque menos florido tiene una calidez y una luz que conquista a todos», expresa Amelia, acostumbrada a gestionar belleza, un bien de valor incalculable.

Apenas faltan veinte días para la próxima siembra. Los diseñadores de los jardines alhambreños se adelantan a las estaciones. Habrá que sacrificar primavera para llegar al verano, toda una ingeniería floral que se suma a lo imponente del monumento. Un espacio que siempre está en flor.

Créditos

  • Ilustraciones:
    Cristina R. Rey

  • Desarrollo:
    Carlos Muñoz, Sara I. Belled y Javier Morales

 

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