En los meses previos al 24 de febrero de 2022, Kiev tenía la extraordinaria vitalidad de un lugar renacido. Abrazada a las dos orillas del Dniéper, aún le asomaban las cicatrices visibles del Euromaidán y una sensación triunfal sobrevolaba el ambiente con un presidente que al fin gobernaba en paz y fuera de la órbita del Kremlin. La Kiev de 2026 es otra muy distinta, atravesada por cuatro años de guerra contra Rusia y resistencia colosal a la invasión. Sus vecinos se volvieron enemigos, de hermanados a odiados. El brillo de las cúpulas doradas dio paso al frío de los búnkeres, la música a las bombas. Este recorrido por la capital de Ucrania evidencia que la guerra es siempre transformadora y es capaz de embargar un lugar que difícilmente podrá bañarse dos veces en el mismo río. En aquel febrero de 2022 la batalla volvió a sus calles. El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció sus planes de tomar el país y mandó sus tropas a las puertas de la ciudad. Se debatió la posibilidad de entregarla. Pero para sus habitantes, entregar su capital al enemigo no era una opción. La ciudad, que acumula siglos de historia, plantó cara entonces y lo sigue haciendo en 2026. Los asedios, la destrucción y la ocupación se instalaron en la urbe como viejos conocidos.Kiev es hoy una ciudad de vigilias impuestas por el Kremlin. Las estaciones de metro se han convertido en dormitorios comunales, las alarmas a media noche son rutina, y sus vecinos acuden a sus puestos de trabajo cada mañana después de contar explosiones en la madrugada.Su arquitectura, sus plazas y monumentos recogen fragmentos de todas las Kiev que existieron desde hace más de 1.000 años. Putin no fue el primero que quiso tomarla y no lo consiguió. Aunque la furia extranjera sigue presente a golpe de drones y misiles. En más de cuatro años de guerra muchas cosas han cambiado en este lugar, la determinación de los ucranianos a ser libres, no.Primera parada Plaza de la independencia (Maidan)La plaza de la Independencia, mejor conocida simplemente como Maidán (plaza, en ucraniano), es una amplia explanada que vio nacer dos revoluciones en 30 años tras la caída de la Unión Soviética. Una plaza que decidió el futuro del joven país, y aún guarda el recuerdo de los 107 manifestantes que allí murieron en 2014. Frente al Hotel Ukraina, algún músico solía tocar melodías que todo kievita ha oído al menos una vez. Podía ser una joven violinista o un padre que hacía sonar su flauta con destreza. Maidán era un enclave sonoro y turístico, que como centro de una ciudad renacida, buscaba parecer lo más cuco y atrayente. Incluso con aquel hombre de pelo corto que aporreaba su batería mientras de un altavoz resonaban guitarras de heavy metal.Antes DespuésPero desde 2022, un jardín de banderas se va ensanchado bajo la mirada de la diosa eslava Berehynia. Cada bandera representa a un caído en la invasión a gran escala. Comenzó como tributo improvisado, pero ahora hay miles plantadas y hasta los altos mandatarios extranjeros acuden allí a presentar sus respetos. Dominan el azul y amarillo de Ucrania, pero también emergen los estandartes de los extranjeros que murieron por defender al país. La ciudad que antes miraba al futuro, ahora vela a sus muertos.Segunda parada Estatua de la Madre PatriaEsta también es la capital de un país orgulloso, que encaraba su pasado y era capaz de perdonar a sus enemigos. Junto a rascacielos modernos y edificios decimonónicos restaurados convive la gris huella soviética y sus enormes símbolos, no hace tanto sentidos como propios, lanzaban un evidente mensaje de duelo superado. Uno de los monumentos más impresionantes y reconocibles de Kiev es, sin duda, la estatua de la Madre Ucrania.Erguida sobre una colina, porta en su mano derecha una espada y en su izquierda, un escudo con el símbolo soviético, alzados sobre su cabeza a más de 60 metros de altura.Antes DespuésOtra de las batallas que está encajando Ucrania es, precisamente, la de abordar pasado común con el invasor en tiempos de la URSS y por eso, en 2023, comenzaron los trabajos de desmantelamiento de la hoz y el martillo. Ahora en el gigantesco escudo está presente el tridente ucraniano (tryzub) símbolo nacional del país. La Madre Ucrania permanece hoy vigilante, con su mirada puesta en el este, en dirección a Moscú.Tercera parada Arco de la amistadAntes de la invasión, en las calles de Kiev eran habituales eslóganes anti Putin. En las tiendas de souvenires de los pasajes subterráneos de la ciudad vendían camisetas con la frase «I Love Ukraine» y otras con la cara del presidente ruso tachada en un círculo rojo. El ánimo era jocoso, pero el mensaje estaba por todas partes. Sin embargo, la ciudad hacía tiempo que había perdonado a los rusos. El símbolo más evidente era el Arco de la Amistad de los Pueblos, en la que un hombre ruso y otro ucranio sostienen un símbolo soviético bajo un arco resquebrajado. Era capaz de resumir la compleja relación entre ambos pueblos de un golpe de vista.Antes DespuésCon el inicio de la invasión a gran escala cualquier sentimiento de cercanía entre los vecinos se quebró. Desde entonces se denomina el Arco de la Libertad del Pueblo Ucraniano y la escultura de bronce fue desmontada en abril de 2022 bajo las leyes de «descomunización» vigente en el país desde 2015. Durante los trabajos de desmantelación, una grúa decapitó accidentalmente la talla del trabajador ruso.Cuarta parada Estatua de Bogdan JmelnytskyLa grandiosidad de los héroes históricos de los que no hace tanto presumían ambos lados del Dniéper ha caído también bajo el embargo de la guerra. El caballo del Bohdán Jmelnytsky está preso desde hace cuatros años. Su figura ha sido ocultada de las miradas públicas para protegerla de los drones y misiles rusos que castigan a Kiev desde 2022. Este era uno de los puntos de referencia en el recorrido turístico de la capital de Ucrania.Antes DespuésLa estatua del jefe de los cosacos ya no rampa con su caballo y apenas alza su mirada sobre una estructura metálica compacta reforzada con madera. La guerra ha transformado la estética monumental de Kiev, la vista de los símbolos debe esperar a ver tiempos mejores. Nada ni nadie está a salvo de la destrucción.Última parada Monasterio de San Miguel de las Cúpulas DoradasSímbolo de esplendor, el Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas es una de las grandes bellezas de la ciudad desde su construcción en el siglo XVIII, que marca su legado ortodoxo y eslavo. Aunque la guerra ha respetado su aspecto, este monasterio ha pasado a ser uno de los santuarios del duelo nacional de Ucrania. Su catedral acoge desde 2022 los funerales de los defensores y voluntarios muertos en la invasión a gran escala. Dentro del recinto monumental se respira calma y reina un silencio que se rompe con las campanadas que marcan las horas. A diario decenas de personas acuden a este refugio espiritual. Muchos dejan velas encendidas, otros lanzan discretamente sus plegarias al cielo.Antes DespuésEs un lugar de recuerdo de la lucha de Ucrania por su independencia. Las murallas que protegen al lugar albergan cientos de retratos de los fallecidos en defensa del país desde 2014. Lo que un día fue parte fundamental de la espiritualidad que envuelve la ciudad está flanqueado por los tanques y blindados rusos que pretendían tomar Kiev en 2022, instalados en la plaza que lleva el mismo nombre. Una suerte de museo al aire libre que recuerda, en pleno centro de la ciudad, la lucha de los ucranianos por la libertad.Una nueva primaveraAlgunos monumentos continúan bajo el embargo de la guerra no ven el sol desde hace más de cuatro años. Varios han sido resignificados hasta desfigurarlos. Otros han sido liberados de los sacos de arena que los protegían de los bombardeos rusos. Y por momentos, esta ciudad generosa ofrece una paz sincera a vista de panorámica.Después de un invierno marcado por la oscuridad, el frío y los bombardeos rusos, los kievitas abrazan ahora la primavera. El último domingo de mayo, Kiev celebrará el día de la ciudad. Es el cuarto año que lo hará a pesar de la guerra a gran escala. Las grandes conmemoraciones multitudinarias de antaño son ya un recuerdo de tiempo mejores. Pero en esta urbe, a pesar todo, siempre hay espacios y momentos para la esperanza.
En los meses previos al 24 de febrero de 2022, Kiev tenía la extraordinaria vitalidad de un lugar renacido. Abrazada a las dos orillas del Dniéper, aún le asomaban las cicatrices visibles del Euromaidán y una sensación triunfal sobrevolaba el ambiente con un presidente que … al fin gobernaba en paz y fuera de la órbita del Kremlin. La Kiev de 2026 es otra muy distinta, atravesada por cuatro años de guerra contra Rusia y resistencia colosal a la invasión. Sus vecinos se volvieron enemigos, de hermanados a odiados. El brillo de las cúpulas doradas dio paso al frío de los búnkeres, la música a las bombas. Este recorrido por la capital de Ucrania evidencia que la guerra es siempre transformadora y es capaz de embargar un lugar que difícilmente podrá bañarse dos veces en el mismo río.
En aquel febrero de 2022 la batalla volvió a sus calles. El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció sus planes de tomar el país y mandó sus tropas a las puertas de la ciudad. Se debatió la posibilidad de entregarla. Pero para sus habitantes, entregar su capital al enemigo no era una opción. La ciudad, que acumula siglos de historia, plantó cara entonces y lo sigue haciendo en 2026. Los asedios, la destrucción y la ocupación se instalaron en la urbe como viejos conocidos.
Kiev es hoy una ciudad de vigilias impuestas por el Kremlin. Las estaciones de metro se han convertido en dormitorios comunales, las alarmas a media noche son rutina, y sus vecinos acuden a sus puestos de trabajo cada mañana después de contar explosiones en la madrugada.
Su arquitectura, sus plazas y monumentos recogen fragmentos de todas las Kiev que existieron desde hace más de 1.000 años. Putin no fue el primero que quiso tomarla y no lo consiguió. Aunque la furia extranjera sigue presente a golpe de drones y misiles. En más de cuatro años de guerra muchas cosas han cambiado en este lugar, la determinación de los ucranianos a ser libres, no.
Primera parada
Plaza de la independencia (Maidan)
La plaza de la Independencia, mejor conocida simplemente como Maidán (plaza, en ucraniano), es una amplia explanada que vio nacer dos revoluciones en 30 años tras la caída de la Unión Soviética. Una plaza que decidió el futuro del joven país, y aún guarda el recuerdo de los 107 manifestantes que allí murieron en 2014. Frente al Hotel Ukraina, algún músico solía tocar melodías que todo kievita ha oído al menos una vez.
Podía ser una joven violinista o un padre que hacía sonar su flauta con destreza. Maidán era un enclave sonoro y turístico, que como centro de una ciudad renacida, buscaba parecer lo más cuco y atrayente. Incluso con aquel hombre de pelo corto que aporreaba su batería mientras de un altavoz resonaban guitarras de heavy metal.
Después

Antes

Pero desde 2022, un jardín de banderas se va ensanchado bajo la mirada de la diosa eslava Berehynia. Cada bandera representa a un caído en la invasión a gran escala. Comenzó como tributo improvisado, pero ahora hay miles plantadas y hasta los altos mandatarios extranjeros acuden allí a presentar sus respetos. Dominan el azul y amarillo de Ucrania, pero también emergen los estandartes de los extranjeros que murieron por defender al país. La ciudad que antes miraba al futuro, ahora vela a sus muertos.
Segunda parada
Estatua de la Madre Patria
Esta también es la capital de un país orgulloso, que encaraba su pasado y era capaz de perdonar a sus enemigos. Junto a rascacielos modernos y edificios decimonónicos restaurados convive la gris huella soviética y sus enormes símbolos, no hace tanto sentidos como propios, lanzaban un evidente mensaje de duelo superado. Uno de los monumentos más impresionantes y reconocibles de Kiev es, sin duda, la estatua de la Madre Ucrania.Erguida sobre una colina, porta en su mano derecha una espada y en su izquierda, un escudo con el símbolo soviético, alzados sobre su cabeza a más de 60 metros de altura.
Después
Antes

Otra de las batallas que está encajando Ucrania es, precisamente, la de abordar pasado común con el invasor en tiempos de la URSS y por eso, en 2023, comenzaron los trabajos de desmantelamiento de la hoz y el martillo. Ahora en el gigantesco escudo está presente el tridente ucraniano (tryzub) símbolo nacional del país. La Madre Ucrania permanece hoy vigilante, con su mirada puesta en el este, en dirección a Moscú.
Tercera parada
Arco de la amistad
Antes de la invasión, en las calles de Kiev eran habituales eslóganes anti Putin. En las tiendas de souvenires de los pasajes subterráneos de la ciudad vendían camisetas con la frase «I Love Ukraine» y otras con la cara del presidente ruso tachada en un círculo rojo. El ánimo era jocoso, pero el mensaje estaba por todas partes. Sin embargo, la ciudad hacía tiempo que había perdonado a los rusos. El símbolo más evidente era el Arco de la Amistad de los Pueblos, en la que un hombre ruso y otro ucranio sostienen un símbolo soviético bajo un arco resquebrajado. Era capaz de resumir la compleja relación entre ambos pueblos de un golpe de vista.
Después

Antes

Con el inicio de la invasión a gran escala cualquier sentimiento de cercanía entre los vecinos se quebró. Desde entonces se denomina el Arco de la Libertad del Pueblo Ucraniano y la escultura de bronce fue desmontada en abril de 2022 bajo las leyes de «descomunización» vigente en el país desde 2015. Durante los trabajos de desmantelación, una grúa decapitó accidentalmente la talla del trabajador ruso.
Cuarta parada
Estatua de Bogdan Jmelnytsky
La grandiosidad de los héroes históricos de los que no hace tanto presumían ambos lados del Dniéper ha caído también bajo el embargo de la guerra. El caballo del Bohdán Jmelnytsky está preso desde hace cuatros años. Su figura ha sido ocultada de las miradas públicas para protegerla de los drones y misiles rusos que castigan a Kiev desde 2022. Este era uno de los puntos de referencia en el recorrido turístico de la capital de Ucrania.
Después
Antes

La estatua del jefe de los cosacos ya no rampa con su caballo y apenas alza su mirada sobre una estructura metálica compacta reforzada con madera. La guerra ha transformado la estética monumental de Kiev, la vista de los símbolos debe esperar a ver tiempos mejores. Nada ni nadie está a salvo de la destrucción.
Última parada
Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas
Símbolo de esplendor, el Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas es una de las grandes bellezas de la ciudad desde su construcción en el siglo XVIII, que marca su legado ortodoxo y eslavo.
Aunque la guerra ha respetado su aspecto, este monasterio ha pasado a ser uno de los santuarios del duelo nacional de Ucrania. Su catedral acoge desde 2022 los funerales de los defensores y voluntarios muertos en la invasión a gran escala. Dentro del recinto monumental se respira calma y reina un silencio que se rompe con las campanadas que marcan las horas. A diario decenas de personas acuden a este refugio espiritual. Muchos dejan velas encendidas, otros lanzan discretamente sus plegarias al cielo.
Después

Antes

Es un lugar de recuerdo de la lucha de Ucrania por su independencia. Las murallas que protegen al lugar albergan cientos de retratos de los fallecidos en defensa del país desde 2014. Lo que un día fue parte fundamental de la espiritualidad que envuelve la ciudad está flanqueado por los tanques y blindados rusos que pretendían tomar Kiev en 2022, instalados en la plaza que lleva el mismo nombre. Una suerte de museo al aire libre que recuerda, en pleno centro de la ciudad, la lucha de los ucranianos por la libertad.
Una nueva primavera
Algunos monumentos continúan bajo el embargo de la guerra no ven el sol desde hace más de cuatro años. Varios han sido resignificados hasta desfigurarlos. Otros han sido liberados de los sacos de arena que los protegían de los bombardeos rusos. Y por momentos, esta ciudad generosa ofrece una paz sincera a vista de panorámica.
Después de un invierno marcado por la oscuridad, el frío y los bombardeos rusos, los kievitas abrazan ahora la primavera. El último domingo de mayo, Kiev celebrará el día de la ciudad. Es el cuarto año que lo hará a pesar de la guerra a gran escala. Las grandes conmemoraciones multitudinarias de antaño son ya un recuerdo de tiempo mejores. Pero en esta urbe, a pesar todo, siempre hay espacios y momentos para la esperanza.
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