«Mi abuelo fue el último príncipe paneuropeo cristiano». El último en el Continente que defendió los principios del tradicionalismo: Dios, Patria, Rey, Fueros. «Algunas personas queremos seguir su legado y su compromiso con la causa legitimista». Con estas palabras, Carlos Javier de Borbón-Parma (56 años), pretendiente a la Corona española por la rama carlista y duque de Parma, cerró el pasado sábado en el Centro Riojano de Madrid el acto de presentación de la biografía de su abuelo, escrita por el historiador Ricardo Mateos Sainz de Medrano, ‘Don Javier de Borbón-Parma. El príncipe místico del carlismo’ (Almuzara). Llegó acompañado de su esposa, la periodista holandesa e hija de un conocido político y diplomático, Ana María Gualthérie van Weezel (49 años). Fueron recibidos entre aplausos y antes de comenzar su alocución rezó, junto a todos los presentes, un Padre Nuestro por los fallecidos y heridos en el accidente ferroviario de Urda.
La documentada biografía que el historiador Ricardo Mateos dedica a uno de los más carismáticos ‘reyes’ del carlismo, incorpora por primera vez datos e imágenes inéditas del archivo que el actual pretendiente, don Carlos Javier, ha puesto a disposición de los investigadores
«Mi abuelo fue el último príncipe paneuropeo cristiano». El último en el Continente que defendió los principios del tradicionalismo: Dios, Patria, Rey, Fueros. «Algunas personas queremos seguir su legado y su compromiso con la causa legitimista». Con estas palabras, Carlos Javier de Borbón-Parma (56 años), pretendiente a la Corona española por la rama carlista y duque de Parma, cerró el pasado sábado en el Centro Riojano de Madrid el acto de presentación de la biografía de su abuelo, escrita por el historiador Ricardo Mateos Sainz de Medrano, ‘Don Javier de Borbón-Parma. El príncipe místico del carlismo’ (Almuzara). Llegó acompañado de su esposa, la periodista holandesa e hija de un conocido político y diplomático, Ana María Gualthérie van Weezel (49 años). Fueron recibidos entre aplausos y antes de comenzar su alocución rezó, junto a todos los presentes, un Padre Nuestro por los fallecidos y heridos en el accidente ferroviario de Urda.
El carlismo, fundado en 1833, es hoy un movimiento políticamente sin relevancia. Ninguna de las dos formaciones que durante la Transición escenificaron su división (que terminó por estallar en los trágicos sucesos de Montejurra de 1976) entre el socialismo federal y autogestionario (encarnado por el Partido Carlista, que lideró don Carlos Hugo de Borbón-Parma (1930-2010), padre de don Carlos Javier) y las posiciones más a la derecha, cuyo órgano fue la Comunión Tradicionalista, encabezada por don Sixto de Borbón (86 años), ni tienen representación institucional ni se presentan ya a las elecciones.
Sin embargo, el carlismo está íntimamente ligado a la historia de España y a la de Europa. De ahí que el actual duque de Parma haya decidido poner a disposición de los investigadores todo su archivo, repartido en varias sedes por Europa. Y este libro es el primer fruto de esta iniciativa de la casa dinástica, que cuenta con la colaboración académica del CEU.
El autor, junto a su marido, tuvieron el privilegio de ser los primeros en acceder a la documentación custodiada en el castillo de Bostz, en la localidad francesa de Besson, donde don Javier (1889-1977) pasó los últimos años de su vida. «Sobre el carlismo político se ha escrito mucho, por eso yo he querido centrarme más en la parte dinástica y familiar para presentarlo como un príncipe en su totalidad, que tiene muchas dimensiones, sobre todo la religiosa, porque él es un defensor de la Cristiandad, y en particular de la Iglesia católica, apostólica y romana. Esa es su misión, junto con la lucha contra el comunismo y la pervivencia de los valores morales y dinásticos que habían vertebrado su educación», explica Mateos.
Esas convicciones le llevaron a participar en la Primera Guerra Mundial, donde con su hermano Sixto intentó propiciar un alto el fuego en 1915, al margen de los canales oficiales, debido a sus contactos, el prestigio de su linaje y el matrimonio de su hermana, Zita de Borbón-Parma, con el último emperador del Imperio austrohúngaro, Carlos I de Austria y IV de Hungría; a mantener conversaciones en Roma en los años 30 con Alfonso XIII de cara a una posible unión de las dos líneas dinásticas, que resultó imposible debido a la identificación del Rey exiliado con el liberalismo, lo que no fue impedimento para que cuando éste murió en 1941, le organizase un funeral en Francia; a aliarse de manera instrumental con el levantamiento del 18 de julio (para él una cruzada contra el comunismo y la república) durante la Guerra Civil, hasta que Franco lo expulsó del país en diciembre de 1937 por criticar la forzosa unificación del tradicionalismo con Falange; a colaborar con la resistencia francesa contra el nazismo (que para él representaba el materialismo y el nihilismo) en la Segunda Guerra Mundial, lo que le costó su encierro en los campos de Dachau y Flossenbürg durante un largo año; a oponerse al Concilio Vaticano II, por entender que con él la Iglesia perdía parte de su identidad y de sus valores y se escoraba hacia la izquierda; y a enviar a sus hijos a España para que participasen en la vida social y política del país y dieran la batalla por la sucesión de Francisco Franco. Lo que no podía imaginar era que don Carlos Hugo y don Sixto acabarían enfrentados y disolviendo el legado de unidad dinástica y «fratría» familiar que su padre tanto se había preocupado por cultivar.
Sus últimos años fueron complicados y muy difíciles, ya que no se sabe con exactitud el grado de lucidez con el que contaba y se extendieron los rumores de que estaba siendo utilizado interesadamente por algunos de sus hijos para recabar su apoyo frente al resto de la familia. «Su fallecimiento dejó al carlismo, ya gravemente desunido y enemistado, sin el símbolo y el icono más poderoso con el que había podido contar desde 1936, porque más allá de los desacuerdos, él sí había conseguido aglutinar a toda una masa popular, que nunca había cuestionado a su rey Javier, se había identificado con él y había afrontado persecución y grandes dificultades en la defensa de lo que representaba«, escribe Ricardo Mateos.
Don Carlos Javier, actual pretendiente dinástico y duque de Parma, nació y vive en Holanda, es asesor y especialista en economía sostenible, primo hermano del rey Guillermo de Países Bajos y muy consciente de que el tiempo del carlismo ya ha pasado. Por eso su principal interés se centra en el Archivo Borbónico de Nimega, donde se encuentra un pedazo de la Historia de España.
Editoial Almuzara, 440 páginas, 25,95 euros.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón



