Cuando la escalada retórica y la llegada de barcos y aviones de guerra estadounidenses a la zona anunciaban un choque a gran escala, Irán y Estados Unidos abren una ventana a la diplomacia. El riesgo de choque sigue muy vivo sobre la mesa, pero primero parece que volverán a la mesa de diálogo nuclear gracias a la mediación de países como Turquía, Qatar, Arabia Saudí, Egipto o Rusia. El Líder Supremo, Alí Jamenei , advirtió de que un ataque de Estados Unidos abriría las puertas a una «guerra regional» y todas las luces de alarma se encendieron para tratar de evitarlo. De momento el diálogo es indirecto, aunque todo apunta a una posible reunión cara a cara entre el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi , y el enviado de Trump, Steve Witkoff , esta misma semana en Ankara. El portal Axios, con fuentes directas en la Casa Blanca, desveló que podría organizarse el viernes. Antes del encuentro con los iraníes, Witkoff viajará a Israel para hablar con Benjamín Netanyahu , quien es partidario de una operación a gran escala para derrocar al régimen, y el jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir , según dos altos cargos israelíes. Zamir ya estuvo hace unos días en Washington para evaluar las diferentes opciones militares contra los ayatolás. Con su habitual estrategia del palo y la zanahoria, Trump admitió el domingo los contactos con la república islámica y dijo que confiaba en alcanzar un acuerdo para evitar una acción militar. 24 horas después, el portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei , detalló que «países de la región están actuando como mediadores en el intercambio de mensajes (…) Se han abordado varios puntos y estamos examinando y cerrando los detalles de cada etapa del proceso diplomático, que esperamos concluir en los próximos días».Noticia Relacionada estandar Si Irán pone a sus fuerzas en alerta máxima ante la amenaza de ataque de Trump Mikel AyestaranEl nivel de confianza entre las partes está en el mínimo tras lo ocurrido en junio, cuando Israel atacó por sorpresa cuando Estados Unidos e Irán estaban en medio de la negociación para un nuevo acuerdo nuclear. Los estadounidenses se sumaron a la operación, que duró 12 días, con el bombardeo de las principales plantas atómicas del país . El reloj corre en contra de un régimen islámico que acude a la mesa negociadora con la fuerte presión de las protestas internas , que se han saldado con miles de muertos por la represión, y la amenaza de un ataque a gran escala. A esto hay que sumar el efecto de las sanciones internacionales que han asfixiado a la economía local hasta hundir el rial a sus mínimos históricos respecto al dólar. Macro nuclear«El presidente Pezeshkian ha ordenado la apertura de conversaciones con Estados Unidos», informó la agencia Fars, citando una fuente gubernamental no identificada. «Irán y Estados Unidos mantendrán conversaciones sobre el expediente nuclear», añadió la agencia sin especificar una fecha concreta. Los medios oficiales destacaron que se trata de retomar el proceso nuclear, en suspenso desde el verano. Tras los ataques estadounidenses de junio, Teherán asegura que su trabajo de enriquecimiento se ha detenido, pero guarda un stock importante uranio enriquecido a un alto nivel y Washington podría exigir que lo envíe al extranjero. El Kremlin indicó que Rusia ofrece sus servicios para procesar o almacenar este uranio enriquecido iraní, en palabras del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov . Los iraníes insisten en que su programa nuclear es exclusivamente para la generación de electricidad y otros usos civiles y se muestran dispuestos a pausar el enriquecimiento y enviar el stock al extranjero a cambio del levantamiento de las sanciones. Occidente teme que ese uranio se pueda utilizar para armar las cabezas de los misiles del arsenal iraní. Desde Estados Unidos insisten en que ahora la negociación debe ser más amplia que el acuerdo atómico, quieren dar un paso más allá. El equipo de Trump, en coordinación con Israel, exige a los iraníes que detengan su programa balístico , la gran amenaza para el Estado judío y las bases estadounidenses en la región, y el apoyo a sus grupos afines en la región, como Hamás, en Gaza, Hizbolá, en Líbano, o los hutíes, en Yemen. Teherán siempre se ha negado a mezclar estos dos aspectos con el contencioso nuclear. La flexibilidad iraní con el tema atómico es diferente a la posición firme que mantiene sobre misiles y grupos aliados. La escalada dialéctica de los últimos días llevó a Teherán a poner sobre la mesa el Estrecho de Ormuz, vía por la que pasa el 20% del petróleo mundial. Los iraníes apelaron al estrecho como arma de disuasión, dijeron que en caso de ataque el paso «no sería seguro» para los barcos y anunciaron maniobras militares con munición real. Tras la posibilidad de retomar el diálogo, Irán canceló las maniobras en este lugar donde un pequeño problema tendría repercusiones a nivel global.
Cuando la escalada retórica y la llegada de barcos y aviones de guerra estadounidenses a la zona anunciaban un choque a gran escala, Irán y Estados Unidos abren una ventana a la diplomacia. El riesgo de choque sigue muy vivo sobre la mesa, pero primero … parece que volverán a la mesa de diálogo nuclear gracias a la mediación de países como Turquía, Qatar, Arabia Saudí, Egipto o Rusia. El Líder Supremo, Alí Jamenei, advirtió de que un ataque de Estados Unidos abriría las puertas a una «guerra regional» y todas las luces de alarma se encendieron para tratar de evitarlo.
De momento el diálogo es indirecto, aunque todo apunta a una posible reunión cara a cara entre el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, y el enviado de Trump, Steve Witkoff, esta misma semana en Ankara. El portal Axios, con fuentes directas en la Casa Blanca, desveló que podría organizarse el viernes. Antes del encuentro con los iraníes, Witkoff viajará a Israel para hablar con Benjamín Netanyahu, quien es partidario de una operación a gran escala para derrocar al régimen, y el jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir, según dos altos cargos israelíes. Zamir ya estuvo hace unos días en Washington para evaluar las diferentes opciones militares contra los ayatolás.
Con su habitual estrategia del palo y la zanahoria, Trump admitió el domingo los contactos con la república islámica y dijo que confiaba en alcanzar un acuerdo para evitar una acción militar. 24 horas después, el portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, detalló que «países de la región están actuando como mediadores en el intercambio de mensajes (…) Se han abordado varios puntos y estamos examinando y cerrando los detalles de cada etapa del proceso diplomático, que esperamos concluir en los próximos días».
El nivel de confianza entre las partes está en el mínimo tras lo ocurrido en junio, cuando Israel atacó por sorpresa cuando Estados Unidos e Irán estaban en medio de la negociación para un nuevo acuerdo nuclear. Los estadounidenses se sumaron a la operación, que duró 12 días, con el bombardeo de las principales plantas atómicas del país.
El reloj corre en contra de un régimen islámico que acude a la mesa negociadora con la fuerte presión de las protestas internas, que se han saldado con miles de muertos por la represión, y la amenaza de un ataque a gran escala. A esto hay que sumar el efecto de las sanciones internacionales que han asfixiado a la economía local hasta hundir el rial a sus mínimos históricos respecto al dólar.
Macro nuclear
«El presidente Pezeshkian ha ordenado la apertura de conversaciones con Estados Unidos», informó la agencia Fars, citando una fuente gubernamental no identificada. «Irán y Estados Unidos mantendrán conversaciones sobre el expediente nuclear», añadió la agencia sin especificar una fecha concreta. Los medios oficiales destacaron que se trata de retomar el proceso nuclear, en suspenso desde el verano. Tras los ataques estadounidenses de junio, Teherán asegura que su trabajo de enriquecimiento se ha detenido, pero guarda un stock importante uranio enriquecido a un alto nivel y Washington podría exigir que lo envíe al extranjero.
El Kremlin indicó que Rusia ofrece sus servicios para procesar o almacenar este uranio enriquecido iraní, en palabras del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Los iraníes insisten en que su programa nuclear es exclusivamente para la generación de electricidad y otros usos civiles y se muestran dispuestos a pausar el enriquecimiento y enviar el stock al extranjero a cambio del levantamiento de las sanciones. Occidente teme que ese uranio se pueda utilizar para armar las cabezas de los misiles del arsenal iraní.
Desde Estados Unidos insisten en que ahora la negociación debe ser más amplia que el acuerdo atómico, quieren dar un paso más allá. El equipo de Trump, en coordinación con Israel, exige a los iraníes que detengan su programa balístico, la gran amenaza para el Estado judío y las bases estadounidenses en la región, y el apoyo a sus grupos afines en la región, como Hamás, en Gaza, Hizbolá, en Líbano, o los hutíes, en Yemen. Teherán siempre se ha negado a mezclar estos dos aspectos con el contencioso nuclear. La flexibilidad iraní con el tema atómico es diferente a la posición firme que mantiene sobre misiles y grupos aliados.
La escalada dialéctica de los últimos días llevó a Teherán a poner sobre la mesa el Estrecho de Ormuz, vía por la que pasa el 20% del petróleo mundial. Los iraníes apelaron al estrecho como arma de disuasión, dijeron que en caso de ataque el paso «no sería seguro» para los barcos y anunciaron maniobras militares con munición real. Tras la posibilidad de retomar el diálogo, Irán canceló las maniobras en este lugar donde un pequeño problema tendría repercusiones a nivel global.
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