Irak amenaza con decapitar a 7.000 yihadistas de Estado Islámico si se le presiona para aceptarlos

Son muchos miles y llevan casi una década malviviendo en campos de concentración desde que en 2017 fracasó el primer intento histórico de poner en obra un ‘califato islamista mundial’, el llamado Estado Islámico (Daesh por el acrónimo en árabe) con capital en Raqa y territorio conquistado a fuego en Siria e Irak. Los islamistas fanáticos que respondieron a la llamada de la yihad, la guerra santa contra Occidente, antes de ser derrotados a campo abierto por Estados Unidos y sus aliados, proceden de al menos 70 países, muchos de ellos europeos. Ahora nadie sabe qué hacer con ellos. Y las posibilidades de que escapen de las cárceles, tras la llegada a Siria de un régimen islamista que se proclama moderado , son muy altas.Estados Unidos, que controlaba hasta ahora las prisiones y los campamentos anejos para sus esposas e hijos, quiere enviarlos a otros lugares de detención más seguros en Irak, ante la resistencia de los países de origen a reclamarlos para juzgarlos en casa por múltiples crímenes de guerra. Irak acaba de decir que ha aceptado una pequeña cantidad de terroristas presos enviada por los norteamericanos. Según la agencia Reuters, alrededor de 500 yihadistas . Pero advierte que no tiene capacidad para más. Y amenaza con aplicarles la justicia por la vía rápida y decapitarles.Noticia Relacionada estandar Si Alemania da hasta 4.000 euros por familia que se autodeporte para reducir asilo Rosalía Sánchez Más de 16.500 extranjeros en situación irregular regresaron a sus países de origen el año pasadoLa comunicación por varias vías diplomáticas –a las que ha tenido acceso Reuters– ha llevado a Estados Unidos a detener ipso facto el envío de más presos desde el norte de Siria , y a volver a ejercer presión sobre decenas de países para que repatríen y se hagan cargo de sus connacionales. Según informa la AFP, las autoridades judiciales de Irak –donde gobierna desde la caída de Sadam Husein una inestable alianza de líderes chiíes y suníes– han confirmado que se ha abierto el proceso de investigación a 1.387 presuntos militantes de Estado Islámico. Como ya ha venido ocurriendo en los últimos tiempos, muchos serán condenados a muerte y decapitados. Los jueces iraquíes se quejan de que sus cárceles no tienen espacio, de que el sistema está colapsado y de que se dicta sentencia por la vía rápida porque en Irak eso no es ilegal.La amenaza ha surtido efecto, y el Pentágono y el Departamento de Estado han detenido el envío de presos desde Siria a Irak. Pero los Gobiernos extranjeros implicados miran a otro lado y no quieren asumir su responsabilidad.En el complejo de Al Hol, controlado hasta hace poco por los kurdo-sirios de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), hay yihadistas sirios, iraquíes, de Tayikistán, Azerbaiyán, Francia y Rusia. Hace poco más de tres años, España repatrió a dos viudas españolas de milicianos de Daesh, junto a sus hijos, para ser juzgadas en su país. Pero ha sido casi la excepción. Los trámites para reclamar presos de Daesh con pasaporte extranjero son complejos ; y mucho más garantizar un juicio justo en los países de origen, cuando se trata de encontrar pruebas condenatorias de hechos ocurridos hace más de diez años.¿Qué ha ocurrido para que esta trágica situación haya salido a flote? El factor determinante ha sido la ofensiva contra los kurdos de las FDS por parte del Gobierno instalado en Damasco desde diciembre, y que preside Ahmed al Sharaa , un ex líder yihadista suní aunque no tan radical como los de Estado Islámico. Desde su llegada al poder, Al Sharaa ha sabido maniobrar con prudencia y astucia para convencer a muchos – entre otros el presidente Trump – que no aspira a ningún califato, ni mundial ni regional, sino solo a reconstruir Siria después de 13 años de guerra civil. Eso pasa por garantizar la unidad territorial, y desbancar a los kurdos de las FDS, que desde hace mucho controlan gran parte del territorio sirio; entre otras cosas, los campos de petróleo y gas, y las instalaciones carcelarias donde han ido a parar los yihadistas derrotados de Daesh. Cayeron por la ofensiva norteamericana, pero los kurdos son –o eran hasta hace poco– los carceleros.La derrota militar reciente de las FDS tras la ofensiva del Ejército sirio fue aprovechada por docenas de presos de Daesh para escapar. Muchos temen que si se retiran ahora las fuerzas especiales norteamericanas de la zona de Raqa, y Damasco se hace con el control de las cárceles, las fugas puedan ser masivas. La alternativa es el traslado a Irak –y la perspectiva de la guillotina – o una negociación con los países de procedencia que se antoja muy difícil.   

Son muchos miles y llevan casi una década malviviendo en campos de concentración desde que en 2017 fracasó el primer intento histórico de poner en obra un ‘califato islamista mundial’, el llamado Estado Islámico (Daesh por el acrónimo en árabe) con capital en Raqa y … territorio conquistado a fuego en Siria e Irak. Los islamistas fanáticos que respondieron a la llamada de la yihad, la guerra santa contra Occidente, antes de ser derrotados a campo abierto por Estados Unidos y sus aliados, proceden de al menos 70 países, muchos de ellos europeos. Ahora nadie sabe qué hacer con ellos. Y las posibilidades de que escapen de las cárceles, tras la llegada a Siria de un régimen islamista que se proclama moderado, son muy altas.

Estados Unidos, que controlaba hasta ahora las prisiones y los campamentos anejos para sus esposas e hijos, quiere enviarlos a otros lugares de detención más seguros en Irak, ante la resistencia de los países de origen a reclamarlos para juzgarlos en casa por múltiples crímenes de guerra.

Irak acaba de decir que ha aceptado una pequeña cantidad de terroristas presos enviada por los norteamericanos. Según la agencia Reuters, alrededor de 500 yihadistas. Pero advierte que no tiene capacidad para más. Y amenaza con aplicarles la justicia por la vía rápida y decapitarles.

La comunicación por varias vías diplomáticas –a las que ha tenido acceso Reuters– ha llevado a Estados Unidos a detener ipso facto el envío de más presos desde el norte de Siria, y a volver a ejercer presión sobre decenas de países para que repatríen y se hagan cargo de sus connacionales.

Según informa la AFP, las autoridades judiciales de Irak –donde gobierna desde la caída de Sadam Husein una inestable alianza de líderes chiíes y suníes– han confirmado que se ha abierto el proceso de investigación a 1.387 presuntos militantes de Estado Islámico. Como ya ha venido ocurriendo en los últimos tiempos, muchos serán condenados a muerte y decapitados. Los jueces iraquíes se quejan de que sus cárceles no tienen espacio, de que el sistema está colapsado y de que se dicta sentencia por la vía rápida porque en Irak eso no es ilegal.

La amenaza ha surtido efecto, y el Pentágono y el Departamento de Estado han detenido el envío de presos desde Siria a Irak. Pero los Gobiernos extranjeros implicados miran a otro lado y no quieren asumir su responsabilidad.

En el complejo de Al Hol, controlado hasta hace poco por los kurdo-sirios de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), hay yihadistas sirios, iraquíes, de Tayikistán, Azerbaiyán, Francia y Rusia. Hace poco más de tres años, España repatrió a dos viudas españolas de milicianos de Daesh, junto a sus hijos, para ser juzgadas en su país. Pero ha sido casi la excepción. Los trámites para reclamar presos de Daesh con pasaporte extranjero son complejos; y mucho más garantizar un juicio justo en los países de origen, cuando se trata de encontrar pruebas condenatorias de hechos ocurridos hace más de diez años.

¿Qué ha ocurrido para que esta trágica situación haya salido a flote? El factor determinante ha sido la ofensiva contra los kurdos de las FDS por parte del Gobierno instalado en Damasco desde diciembre, y que preside Ahmed al Sharaa, un ex líder yihadista suní aunque no tan radical como los de Estado Islámico. Desde su llegada al poder, Al Sharaa ha sabido maniobrar con prudencia y astucia para convencer a muchos –entre otros el presidente Trump– que no aspira a ningún califato, ni mundial ni regional, sino solo a reconstruir Siria después de 13 años de guerra civil. Eso pasa por garantizar la unidad territorial, y desbancar a los kurdos de las FDS, que desde hace mucho controlan gran parte del territorio sirio; entre otras cosas, los campos de petróleo y gas, y las instalaciones carcelarias donde han ido a parar los yihadistas derrotados de Daesh. Cayeron por la ofensiva norteamericana, pero los kurdos son –o eran hasta hace poco– los carceleros.

La derrota militar reciente de las FDS tras la ofensiva del Ejército sirio fue aprovechada por docenas de presos de Daesh para escapar. Muchos temen que si se retiran ahora las fuerzas especiales norteamericanas de la zona de Raqa, y Damasco se hace con el control de las cárceles, las fugas puedan ser masivas. La alternativa es el traslado a Irak –y la perspectiva de la guillotina– o una negociación con los países de procedencia que se antoja muy difícil.

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