<p><strong>Salvador Illa</strong> llegó a la presidencia del Govern con la vitola de buen gestor. El socialista prometió a la ciudadanía enderezar Cataluña tras la década perdida del <i>procés </i>y se fijó como objetivo «prioritario» la aprobación de unos nuevos Presupuestos para actualizar la tesorería de la Generalitat e impulsar unos servicios diezmados y sobrepasados por la explosión poblacional que está experimentando la autonomía.</p>
El ‘president’ evita adelantar elecciones. El revés agranda la distancia de Junqueras con Sánchez. La oposición censura el «espectáculo»
Salvador Illa llegó a la presidencia del Govern con la vitola de buen gestor. El socialista prometió a la ciudadanía enderezar Cataluña tras la década perdida del procés y se fijó como objetivo «prioritario» la aprobación de unos nuevos Presupuestos para actualizar la tesorería de la Generalitat e impulsar unos servicios diezmados y sobrepasados por la explosión poblacional que está experimentando la autonomía.
Pero 19 meses después de haber tomado posesión, Illa continúa siendo incapaz de sacar adelante su proyecto presupuestario y malvive con el de 2023 prorrogado. En 2025, ni siquiera se atrevió a presentar las cuentas y este año ha tenido que retirarlas para evitar que fueran tumbadas en el Parlament por ERC, su socio de investidura, que se negaba a avalarlas y había presentado contra ellas una enmienda a la totalidad que este viernes hubiera prosperado e infligido una dura derrota parlamentaria al jefe del Ejecutivo catalán.
La estrategia del líder del PSC fracasó con estrépito. El pasado 27 de febrero, su Govern presentó unilateralmente sus Presupuestos y los elevó al Parlament, sin haber amarrado antes los apoyos necesarios para tramitarlos, pues sólo contaba con el respaldo de los comunes y necesitaba también el de ERC para alcanzar la mayoría absoluta. La maniobra molestó sobremanera a la formación liderada por Oriol Junqueras que, tres días después, registró su enmienda a la totalidad en la Cámara Catalana y advirtió a Illa de que sólo la retiraría y se sentaría a negociar las cuentas sí antes el Gobierno cedía la recaudación y gestión del IRPF a la Agencia Tributaria Catalana; un compromiso incumplido del acuerdo de investidura que Junqueras intentó vincular a la aprobación de la nueva financiación autonómica, pero cuya aplicación bloqueó el Ministerio de Hacienda, dirigido por María Jesús Montero, por el evidente perjuicio que una nueva cesión al independentismo causaría a la también candidata del PSOE a la Junta de Andalucía.
En las últimas dos semanas, Illa y sus consellers apelaron reiteradamente a la «responsabilidad» de ERC, amenazaron con no poder mejorar los salarios de los Mossos d’Esquadra o los profesores -pese a acabar de comprometerse a hacerlo para aplacar el descontento funcionarial con la Generalitat- e incluso advirtieron de que la Administración catalana sufriría inminentes «tensiones» para hacer frente a nóminas y otros pagos corrientes. Llegó a recurrir el Gabinete socialista al conflicto de Oriente Próximo para instar a Junqueras a no contribuir a aumentar la inestabilidad que ya causa el imprevisible contexto internacional.
Pero los republicanos no dieron su brazo a torcer. La decisión estaba tomada desde hace diez días. «No habrá Presupuestos al 99%. El PSC sabrá cómo sale de dónde se ha metido», manifestaban a EL MUNDO la pasada semana fuentes de la dirección de ERC, tras constatar la nula intención de Illa de reclamar al Gobierno de Pedro Sánchez un gesto para conceder mayor autonomía fiscal a la Generalitat.
«No utilizaré mis diputados para hacer caer a Sánchez», admitía a puerta cerrada el president a los líderes empresariales de Cataluña en una reunión mantenida en el Palau el pasado 6 de marzo, como también reveló este diario el pasado domingo. Entre los Presupuestos y Sánchez, Illa eligió al presidente del Gobierno y ERC actuó en consecuencia, aunque también con benevolencia.
En lugar de enrocarse y castigar a Illa en el Parlament, tumbando públicamente sus cuentas, los republicanos negociaron el martes una salida pactada con el Govern socialista, al que ofrecieron una única vía de escape: retirar las cuentas y comprometerse a intentar negociarlas en los próximos meses, evitando una ruptura total que hubiera dejado muy tocada la legislatura catalana y que posiblemente hubiera conducido a un adelanto electoral que no interesa ni al PSC ni a ERC. Las encuestas señalan un descenso en las expectativas de voto para los de Illa y una ligera recuperación a los de Junqueras, después de haber perdido la Generalitat en 2024, pero puede considerarse que el partido independentista todavía está saliendo de la convalecencia y no le conviene testar aún su condición vital en las urnas, que por otra parte dibujan una Cataluña ingobernable por el aumento desaforado de Aliança Catalana.
La retirada de los Presupuestos fue comunicada conjuntamente ayer por el PSC y ERC, así como el compromiso de explorar este entendimiento antes de que acabe julio. ERC ya ofreció la pasada semana al Govern retirar sus Presupuestos y volver a intentar aprobarlos antes del verano para conceder más tiempo a la negociación, pero Illa y muy especialmente su consellera de Economía, Alícia Romero, se negaron por completo, confiando en que la presión podría con los republicanos y que acabarían permitiendo la tramitación de las cuentas.
Tras tener que ceder, Illa prometió ayer que «Cataluña tendrá Presupuestos en los próximos meses», pero fuentes de la dirección de ERC precisan a este diario que para ello deberán cumplirse algunas condiciones. «Tendrán que ser unos nuevos Presupuestos, no unos diseñados unilateralmente por el Govern e Illa tendrá que ofrecer garantías de cesión del IRPFo una alternativa viable». La de los republicanos no es, por tanto, una carta blanca, aunque haya opciones para el entendimiento por el mutuo interés en que la legislatura catalana y la española sigan vivas.
Con todo, el proyecto de Illa en Cataluña, clave para Sánchez en España, queda tocado tras dos años sin Presupuestos y sin una mayoría sólida en el Parlament y la distancia entre Junqueras y el presidente del Gobierno se agranda.
«Fracaso», «vergüenza», «espectáculo» o «irresponsabilidad» fueron algunos de los términos usados por la oposición para juzgar el vodevil presupuestario. «Ha jugado con el país y ha hecho un papelón», sostuvo la líder de Junts en el Parlament, Mònica Sales. «En la Generalitat no manda Illa, sino sus socios de ERC», afeó el portavoz del PP en la Cámara, Juan Fernández. Mientras que el de Vox, Joan Garriga, dio por hecho que la cesión del IRPF y los Presupuestos llegarán tras las elecciones andaluzas.
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