Con la investidura de Juanma Moreno acaba de manera definitiva el ciclo electoral autonómico que comenzó en octubre de 2025, con la convocatoria anticipada en Extremadura. Las tres citas siguientes, Aragón, Castilla y León y Andalucía, han consolidado una misma tendencia: la derecha registra máximos, pero con Vox al alza, y dentro de los gobiernos regionales. De todos. Si Génova había fantaseado con dejar atrás la sombra de su socio radical, las urnas no le han dado dos tazas, sino cuatro.
Barones y dirigentes nacionales renuncian al choque de trenes con el partido de Santiago Abascal
Con la investidura de Juanma Moreno acaba de manera definitiva el ciclo electoral autonómico que comenzó en octubre de 2025, con la convocatoria anticipada en Extremadura. Las tres citas siguientes, Aragón, Castilla y León y Andalucía, han consolidado una misma tendencia: la derecha registra máximos, pero con Vox al alza, y dentro de los gobiernos regionales. De todos. Si Génova había fantaseado con dejar atrás la sombra de su socio radical, las urnas no le han dado dos tazas, sino cuatro.
Ocurre, eso sí, que el PP ha variado su estrategia y ahora se abona a la cercanía con Vox como mejor arma para neutralizar su tendencia alcista. Una vez que se han visto obligados a gobernar en coalición, ahora intentarán que el ciudadano «vea la diferencia» entre ambos y «lo difícil que es gobernar». Conque los populares, en un alarde de pragmatismo, renunciarán al choque de trenes e intentarán que la calma chicha de los gobiernos desactive la baza principal de Vox, que es la de activar el desencanto impugnatorio del sistema de partidos, y el voto rupturista. «Vox sufrirá más en el poder» que «desde fuera» de los gobiernos, vaticina un presidente autonómico del PP. Es una opinión que comparten otros dirigentes y parlamentarios: la moqueta engulle y diluye. «Están en los gobiernos y tendrán que defender las decisiones que tomemos. Ya no dicen que somos contrabandistas de ría. Se ha notado una bajada clara» en su choque dialéctico, aseguran fuentes del equipo de Núñez Feijóo.
«Ya no pueden atacarnos como antes. Nos pueden querer ganar, pero no igual. En el contexto electoral buscarán fricciones para diferenciarse de nosotros, claro, y nosotros de ellos, pero nadie ha votado a Vox para complicarle la vida a la derecha», añaden. Llámese esto abrazo del oso o matar a besos, lo cierto es que en la dirección nacional del PP creen que es lo más efectivo. Entre los principales dirigentes, sobre todo, entre los barones, ha cundido la idea de que, una vez que los ciudadanos han votado que se entiendan con Vox (eso significa la mayoría que suman ambos, toda vez que nadie más quiere apoyar las investiduras de los populares), lo mejor es que la lógica colegiada de los consejos de gobierno diluya la pegada antipolítica de los de Abascal.
«Que el PP y Vox se entiendan y gobiernen juntos es lo que ha votado la gente, no hay más», sintetiza otro barón. «Ahora tendrán que retratarse en la gestión», añade otro de los presidentes autonómicos. «Por eso la tentación [del PP] podría haber sido cederles consejerías complicadas, para que se quemasen, porque no tienen experiencia, pero el PP es un partido serio y responsable», acota.
¿Ocurrirá lo mismo en la Junta de Andalucía, donde Vox entra con una vicepresidencia con múltiples competencias? «Juanma [Moreno] seguirá gobernando y sabrá demostrar que nada va a cambiar, no se ha cruzado ni se va a cruzar ni una sola línea», añaden las fuentes.
Moreno fue reelegido presidente de la Junta el jueves, con el voto de los 53 diputados del PP y los 15 de Vox, lo que supone el mayor respaldo a un presidente en la historia de Andalucía. Pero a costa de incorporar, contra su voluntad inicial, al líder regional de Vox, Manuel Gavira, a su Gobierno, con competencias de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local, un puesto similar al que ya ocupó el ex líder de Ciudadanos Juan Marín en el anterior gobierno de coalición del PP y el partido naranja. «Al final, en una negociación todos tenemos que dejarnos pelos en la gatera y así lo hemos hecho para que esto sea posible. De lo contrario, ahora estaríamos hablando de un bloqueo que no le interesa al conjunto de los ciudadanos», afirmó Moreno, quien tiró de pragmatismo para decir que los ciudadanos no quisieron darle la absoluta y, por tanto, tenía que pactar, y para señalar que la «prioridad nacional» no es más que un incentivo de «arraigo». Durante la campaña lo llamó «eslogan hueco».
En todo caso, y a pesar de la incomodidad manifiesta de Moreno con la entrada de Vox en su Gobierno, el PP da por superado el dilema de los pactos con Vox. La dirección de Génova cree, como publicó este diario el sábado, que los ciudadanos ya han naturalizado los pactos de PP y Vox y que es «Pedro Sánchez quien da miedo al electorado» que puede votarles, y «no Vox».
El equipo de Feijóo presume de haber logrado «embridar» la relación de PP y Vox gracias al «documento marco» con el que delimitó el terreno de juego para los pactos autonómicos. En ese documento, los populares asumían algunos de los mantras ideológicos de Vox, pero a cambio le exigían dar cuatro años de estabilidad y no salirse del perímetro de la ley.
Por ejemplo, en la «prioridad nacional»: si de verdad se tratase de una medida de disgregación xenófoba en función del país de procedencia, sería ilegal, aseguran en el PP. Pero si se acota a un incentivo a quienes lleven tiempo empadronados en un territorio, sí es legal.
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