El lado más personal y mágico de Juan Tamariz: su primera mujer, su esposa Consuelo, sus cuatro hijos y sus nietos

Parece una ilusión, pero es ley de vida. El fallecimiento de Juan Tamariz por causas naturales este 18 de agosto en el hospital Clínico San Carlos de Madrid ha consternado a un mundo que, en estos convulsos momentos, necesita más magia que nunca. Como la que hacía Tamariz, quien ya con cuatro o cinco años pidió su primera caja de magia a los Reyes Magos con la que dio la hizo feliz a sus amigos y primos en un sinfín de fiestas y reuniones familiares.

 Los Reyes Magos le trajeron su primera caja de magia con 4 años y se colaba en la escuela de sus hermanos mayores para ver a los magos. A partir de entonces se desató una vocación con la que lograría ser el mejor ilusionista del mundo.  

Parece una ilusión, pero es ley de vida. El fallecimiento de Juan Tamariz por causas naturales este 18 de agosto en el hospital Clínico San Carlos de Madrid ha consternado a un mundo que, en estos convulsos momentos, necesita más magia que nunca. Como la que hacía Tamariz, quien ya con cuatro o cinco años pidió su primera caja de magia a los Reyes Magos con la que dio la hizo feliz a sus amigos y primos en un sinfín de fiestas y reuniones familiares.

Así estuvo hasta que con unos 12 años un compañero de colegio le regaló un libro que cambiaría su vida para siempre. Aquel adolescente fue Antonio Drove, que se convertiría en director de cine (Mi mujer es muy decente, dentro de lo que cabe), una profesión a la que también quiso dedicarse Tamarit. De hecho, estudió en la Escuela Oficial de Cine aunque por unos días no pudo graduarse porque el gobierno la cerró en 1970 por las innumerables huelgas que se hacían a favor de la libertad.

A pesar de ello dirigió varios cortos, entre los que destaca El espíritu (1969), que supuso la primera aparición en el cine de Carmen Maura. Tampoco acabó la carrera de Ciencias Físicas, que dejó cuando solo le quedaba un año.

A Juan siempre le encantó sentarse en primera fila de los espectáculos de magos, iba al circo para estudiar de cerca los trucos de magia y compraba libros para perfeccionar las técnicas. Con el tiempo, llegó a atesorar en su casa alrededor de 900 volúmenes sobre la materia.

Tan seguro estaba de su pasión que con 16 años pidió el ingreso en la Sociedad Española de Ilusionismo (SEI), pero rechazaron la petición ya que la edad mínima eran los 20. Al poco tiempo conoció a Arturo de Ascanio, su mentor e ideólogo de la cartomagia, en la que Tamariz se convertiría en un gran experto. Tanto, que en 1973 alcanzó el estrellato al ganar el Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia de París con el ‘Número de París’. Dos décadas después fue Mago del Año en Estados Unidos.

Indudablemente, la televisión le dio una inmensa popularidad, sobre todo, Chicho Ibáñez Serrador cuando le contrató en 1976 en el concurso Un, dos, tres, responda otra vez, donde le llegaron a ver hasta 16 millones de espectadores, la mitad de la población que tenía España en aquella época. Otros espacios famosos fueron Por arte de magia (1982) y Magia Potagia (1987).

Su peculiar sentido del humor, su característica melena rizada blanca, su sombrero y su violín mágico con el que decía su clásica onomatopeya «¡chan-tatachán!» al final de los trucos le hicieron granjearse el cariño del público.

Paralelamente, Juan formó una familia muy bonita. Con su primera esposa, la enfermera Purificación Nirêlis tuvo dos hijas, Mónica, que ejerce como investigadora y profesora de lingüística en la Universidad de Edimburgo, y Ana, la única de los cuatro hijos que ha seguido sus pasos. La joven le acompañó por el mundo durante 12 años, le ayudó a montar la tienda Magia Potagia, donde también resolvía las dudas de los clientes y reunía a aprendices a los que explicaba los juegos. Así fue como surgió la Gran Escuela de Magia de Ana Tamariz, de la que su padre fue uno de sus profesores.

Ana Tamariz, este miércoles.
Ana Tamariz, este miércoles.Gtres

Su segunda esposa fue la maga e ilusionista colombiana Consuelo Lorgia, que fue profesora de Pepe Carroll y con quien se casó en 2008 tras varias décadas de amistad y romance. Con ella ha tenido dos hijos, Alicia -pianista, compositora y cantante- y Juan Diego, que no se dedica al mundo del espectáculo y es el más discreto de todos. Uno de los mayores orgullos de Juan Tamariz fueron sus nietos, entre los que destaca Daniel, el hijo de Ana que ha sido campeón mundial de yoyó y profesor en la escuela de magia.

El ámbito didáctico también fue una parte importante en la vida profesional de Tamariz quien, además de ser profesor en la escuela de su hija, impartió conferencias en Europa y América, concedió entrevistas en numerosos canales internacionales y escribió varios libros, siendo los más importantes la trilogía del pensamiento mágico compuesto por Los cinco puntos mágicos, La vía mágica y El arco iris mágico.

Ana y Daniel Tamariz, hija y nieto del mago.
Ana y Daniel Tamariz, hija y nieto del mago.Gtres

Entre sus distinciones más importantes destacan la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2011, el premio Masters Fellowship otorgado por la Academia de Artes Mágicas de Hollywood en 2013 y la Medalla de Oro de Madrid en 2019.

A lo largo de seis décadas de trabajo y debido a haber inscrito su nombre en letras de oro en la historia de la magia cobró importantes cachés en sus shows, sus libros tuvieron un gran éxito, los derechos de imagen le generaban importantes beneficios y los contratos televisivos fueron sustanciosos, pero se desconoce la cifra exacta de su fortuna, ya que Juan siempre fue un hombre muy precavido y discreto con estos temas.

Con motivo de su fallecimiento, su hija Ana se despidió del gran mago e ilusionista en Instagram: «Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre, una persona increíble, muy querida y admirada por todos. Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló. Su recuerdo y su inconmensurable obra estarán siempre con nosotros».

Y añadió: «Gracias a todos los magos, amigos y familiares que le habéis acompañado a lo largo de toda su vida ¡hasta el último día! (…) Mi agradecimiento también a la residencia Ballesol, a los hospitales Clínico y Cruz Roja y a los chicos de las ambulancias, todos con un corazón enorme».

 LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón

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