El eclipse taurino del «oy no ay sol»

Más de uno amanecerá este jueves feliz de que el sol y la luna continúen sus caminos estelares sin cruzarse, al menos en un tiempo. La obsesión por el eclipse ha hastiado a muchos que, sin llegar a sulfurarse como Sostres , anhelaban el día después como quien aguarda en silencio a que acaben las fiestas de su pueblo para pasear con tranquilidad por sus calles y dormir de un tirón por las noches. Si este miércoles se han organizado todo tipo de eventos para contemplar -con gafas homologadas , por supuesto- cómo el día se convertía en noche durante un minuto y medio, por el eclipse solar de 1905 también hubo celebraciones, representaciones teatrales y hasta festejos taurinos en Burgos. Y como ahora, ante la fiebre por el eclipse no faltaron los reproches a estos ‘excesos’. «Hay quien extraña y hasta critica que con motivo del eclipse tengamos corridas de toros. ¡Error crasísimo!», opinó Carlos Luis de Cuenca (1849-1927). El escritor y periodista madrileño -que, según su bisnieto Luis Alberto, además de muchas otras cosas y sobre todas ellas fue «un señor divertidísimo»- sostuvo en ABC que en un acontecimiento en que la luna figuraba como protagonista, no podían olvidarse los cuernos. Y tratándose del sol y de un eclipse, en las corridas de toros había «precedentes importantísimos». Con el tiempo se ha ido olvidando y hoy pocos se acuerdan, pero por entonces aún estaba muy vivo el recuerdo de un famoso cartel de «imperecedera ortografía» que Carlos Luis de Cuenca rememoró en su columna. Lo puso el popular empresario Casiano Hernández en la inauguración en 1874 de la madrileña plaza de toros de la Fuente del Berro, antecesora de las Ventas, que se ubicaba en la zona del actual Movistar Arena. Para aumentar el rendimiento de la entrada en beneficio del hospital provincial, se unificaron los precios y en un pintoresco letrero se anunció: «De Orden de la impresa, oy no ay Sol».«A pesar de las faltas gramaticales – relató medio siglo después el crítico taurino Gregorio Corrochano – el sol cumplió la orden. Todo el día estuvo lloviznando». Tampoco el festejo fue lucido. Torearon los diestros Manuel Fuentes (‘Bocanegra’), Rafael Molina (‘Lagartijo’), Francisco Arjona Reyes (‘Currito’), Salvador Sánchez (‘Frascuelo’), Vicente García (‘Villaverde’), José Lara (‘Chicorro’), José Machío y Ángel Fernández (‘Villamoro’) y, según las revistas de la época, «hubo más en la corrida de vulgar y aun de malo que de notable». Para la posteridad quedó el cartel del empresario taurino que se atrevió a eclipsar al sol con faltas de ortografía.Fotografía de la plaza de toros de Fuente del Berro inaugurada en 1874 de Laurent, detalle del artículo de Carlos Luis de Cuenca y cartel de Burgos de 1905. ABCEn Burgos lidiaron Montes y Machaquito el mismo 30 de agosto del eclipse. Alfonso XIII, que se había desplazado a la ciudad para contemplar el fenómeno, no asistió a la corrida por el reciente luto en la corte a causa del fallecimiento del infante Fernando de Borbón-Dos Sicilias. El Rey lo vio desde el castillo, después de observar la ascensión de los globos aerostáticos de los científicos y de una visita anterior a la cartuja de Miraflores en la que se mostró impaciente. «Que vamos a perder el eclipse», decía mientras entraba y salía de las celdas y escuchaba a los frailes, a los que, en atención a la visita regia, se les permitió hablar y, según contó Ángel María Castell , se despacharon a su gusto. « Hasta el próximo eclipse », le despidió un monje de 105 años con buen humor. Aquel día amaneció nublado, pero, por fortuna, los nubarrones grises se apartaron hacia la una de la tarde y todo el mundo enmudeció. Por unos instantes, la visión del sol oculto por la luna arrobó las facultades, enfrenó la lengua, fascinó el pensamiento, según describió Castell. Hasta que los rayos de sol volvieron a aparecer de nuevo y a los gritos de alegría siguieron los aplausos. Como en tantos sitios ayer. Más de uno amanecerá este jueves feliz de que el sol y la luna continúen sus caminos estelares sin cruzarse, al menos en un tiempo. La obsesión por el eclipse ha hastiado a muchos que, sin llegar a sulfurarse como Sostres , anhelaban el día después como quien aguarda en silencio a que acaben las fiestas de su pueblo para pasear con tranquilidad por sus calles y dormir de un tirón por las noches. Si este miércoles se han organizado todo tipo de eventos para contemplar -con gafas homologadas , por supuesto- cómo el día se convertía en noche durante un minuto y medio, por el eclipse solar de 1905 también hubo celebraciones, representaciones teatrales y hasta festejos taurinos en Burgos. Y como ahora, ante la fiebre por el eclipse no faltaron los reproches a estos ‘excesos’. «Hay quien extraña y hasta critica que con motivo del eclipse tengamos corridas de toros. ¡Error crasísimo!», opinó Carlos Luis de Cuenca (1849-1927). El escritor y periodista madrileño -que, según su bisnieto Luis Alberto, además de muchas otras cosas y sobre todas ellas fue «un señor divertidísimo»- sostuvo en ABC que en un acontecimiento en que la luna figuraba como protagonista, no podían olvidarse los cuernos. Y tratándose del sol y de un eclipse, en las corridas de toros había «precedentes importantísimos». Con el tiempo se ha ido olvidando y hoy pocos se acuerdan, pero por entonces aún estaba muy vivo el recuerdo de un famoso cartel de «imperecedera ortografía» que Carlos Luis de Cuenca rememoró en su columna. Lo puso el popular empresario Casiano Hernández en la inauguración en 1874 de la madrileña plaza de toros de la Fuente del Berro, antecesora de las Ventas, que se ubicaba en la zona del actual Movistar Arena. Para aumentar el rendimiento de la entrada en beneficio del hospital provincial, se unificaron los precios y en un pintoresco letrero se anunció: «De Orden de la impresa, oy no ay Sol».«A pesar de las faltas gramaticales – relató medio siglo después el crítico taurino Gregorio Corrochano – el sol cumplió la orden. Todo el día estuvo lloviznando». Tampoco el festejo fue lucido. Torearon los diestros Manuel Fuentes (‘Bocanegra’), Rafael Molina (‘Lagartijo’), Francisco Arjona Reyes (‘Currito’), Salvador Sánchez (‘Frascuelo’), Vicente García (‘Villaverde’), José Lara (‘Chicorro’), José Machío y Ángel Fernández (‘Villamoro’) y, según las revistas de la época, «hubo más en la corrida de vulgar y aun de malo que de notable». Para la posteridad quedó el cartel del empresario taurino que se atrevió a eclipsar al sol con faltas de ortografía.Fotografía de la plaza de toros de Fuente del Berro inaugurada en 1874 de Laurent, detalle del artículo de Carlos Luis de Cuenca y cartel de Burgos de 1905. ABCEn Burgos lidiaron Montes y Machaquito el mismo 30 de agosto del eclipse. Alfonso XIII, que se había desplazado a la ciudad para contemplar el fenómeno, no asistió a la corrida por el reciente luto en la corte a causa del fallecimiento del infante Fernando de Borbón-Dos Sicilias. El Rey lo vio desde el castillo, después de observar la ascensión de los globos aerostáticos de los científicos y de una visita anterior a la cartuja de Miraflores en la que se mostró impaciente. «Que vamos a perder el eclipse», decía mientras entraba y salía de las celdas y escuchaba a los frailes, a los que, en atención a la visita regia, se les permitió hablar y, según contó Ángel María Castell , se despacharon a su gusto. « Hasta el próximo eclipse », le despidió un monje de 105 años con buen humor. Aquel día amaneció nublado, pero, por fortuna, los nubarrones grises se apartaron hacia la una de la tarde y todo el mundo enmudeció. Por unos instantes, la visión del sol oculto por la luna arrobó las facultades, enfrenó la lengua, fascinó el pensamiento, según describió Castell. Hasta que los rayos de sol volvieron a aparecer de nuevo y a los gritos de alegría siguieron los aplausos. Como en tantos sitios ayer.  RSS de noticias de cultura

Más de uno amanecerá este jueves feliz de que el sol y la luna continúen sus caminos estelares sin cruzarse, al menos en un tiempo. La obsesión por el eclipse ha hastiado a muchos que, sin llegar a sulfurarse como Sostres, anhelaban el … día después como quien aguarda en silencio a que acaben las fiestas de su pueblo para pasear con tranquilidad por sus calles y dormir de un tirón por las noches. Si este miércoles se han organizado todo tipo de eventos para contemplar -con gafas homologadas, por supuesto- cómo el día se convertía en noche durante un minuto y medio, por el eclipse solar de 1905 también hubo celebraciones, representaciones teatrales y hasta festejos taurinos en Burgos. Y como ahora, ante la fiebre por el eclipse no faltaron los reproches a estos ‘excesos’.

 

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