<p>Los datos de recaudación no dejan de sorprender al alza en España, impulsada en el 2025 por la retirada de las últimas rebajas fiscales en ciertos impuestos (como el IVA a la luz) y por la progresividad en frio en el IRPF. Con los últimos datos disponibles según <strong>Eurostat,</strong> la recaudación total en 2024 se situó en un 37,3%, en línea con la recaudación en el año 2007, casi veinte años después. Aunque todos los ingresos crecen de forma notable, en los últimos años ha destacado el crecimiento de los impuestos sobre la renta, de los que la mayor parte corresponden con el <strong>IRPF. </strong>Desde 2019, su recaudación sobre el PIB ha crecido de los 10 a los 12 puntos, representando ya un tercio de la recaudación total.</p>
Los datos de recaudación no dejan de sorprender al alza en España, impulsada en el 2025 por la retirada de las últimas rebajas fiscales en ciertos impuestos (como el IVA a la lu
Los datos de recaudación no dejan de sorprender al alza en España, impulsada en el 2025 por la retirada de las últimas rebajas fiscales en ciertos impuestos (como el IVA a la luz) y por la progresividad en frio en el IRPF. Con los últimos datos disponibles según Eurostat, la recaudación total en 2024 se situó en un 37,3%, en línea con la recaudación en el año 2007, casi veinte años después. Aunque todos los ingresos crecen de forma notable, en los últimos años ha destacado el crecimiento de los impuestos sobre la renta, de los que la mayor parte corresponden con el IRPF. Desde 2019, su recaudación sobre el PIB ha crecido de los 10 a los 12 puntos, representando ya un tercio de la recaudación total.
Una de las razones más importantes de la buena marcha de la recaudación está en el fenómeno conocido como «progresividad en frio», que se produce cuando, en un contexto de crecimiento elevado de precios y salarios como el experimentado a partir de 2020, los tramos de un impuesto progresivo como el IRPF no se actualizan. Aunque es cierto que el mínimo exento del impuesto sí se ha actualizado en los últimos años, principalmente para evitar situaciones en las que la subida del SMI habría soportado tipos marginales abusivos, el coste recaudatorio que tiene palidece en comparación al impacto de mantener sin cambios los tramos del impuesto.
Esto ha generado que, aunque la renta real no había variado significativamente entre 2019 y 2022, el tipo efectivo haya ido creciendo especialmente a partir de 2021. Con los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), puede verse como este incremento ha sido generalizado a lo largo de la distribución de renta (parcialmente porque un mismo hogar puede contener a personas con ingresos muy diferentes), si bien los mayores incrementos en términos porcentuales se han dado en los tramos intermedios, en buena parte por la pérdida de beneficios fiscales, uno de los componentes de la progresividad en frio que ha sido documentada en trabajos al respecto.
Si bien la progresividad en frio está habitualmente considerada como el principal motor de la recaudación del IRPF en los últimos años, es posible que otro factor importante haya pasado desapercibido, la reducción de la economía sumergía. Una caída del fraude fiscal, que es extremadamente difícil de cuantificar, se traduce en un mayor crecimiento de la base
imponible que, casi siempre, se atribuye por entero a la buena marcha de la economía. Por suerte, un estudio de Fedea de reciente publicación, elaborado por los investigadores Jaime Vallés Giménez y Anabel Zárate Marco, han arrojado luz sobre la magnitud y la evolución de la brecha fiscal en el IRPF o, en otras palabras, la magnitud de las rentas que se generan en la economía española pero no se declaran posteriormente en el IRPF.
Sus resultados, elaborados a partir de una combinación de datos de contabilidad regional del INE y microdatos fiscales del IEF, apuntan a que la tasa de cumplimiento fiscal del IRPF ha cambiado sustancialmente desde principios de siglo, creciendo desde un 72% en 2003 a un 85% en la actualidad. En su trabajo, los autores calculan esa misma tasa de cumplimiento (el porcentaje de rentas declaradas en el IRPF) de forma desagregada para las grandes fuentes de renta en España. Como era de esperar, el cumplimiento es significativamente superior en las rentas del trabajo, con casi un 93%, mientras que entre las rentas por actividades económicas (autónomos) y rentas del capital inmobiliario la tasa de cumplimiento cae hasta el 54%, si bien estos últimos concentran la mayor parte de la mejora en el cumplimiento desde 2003, cuando apenas se declaraba uno de cada tres euros.
Estos resultados muestran que la caída de la economía sumergida ha podido ser uno de los factores tras el crecimiento tan fuerte de la recaudación en los últimos años, especialmente por el fuerte incremento del cumplimiento fiscal que se produjo durante la pandemia, donde la tasa global de cumplimiento creció cinco puntos en apenas un año, tanto como entre 2007 y 2019. Para saber hasta que punto este factor ha sido relevante respecto al incremento del tipo medio y al crecimiento «natural» de las bases imponibles por la buena marcha de la economía a partir de 2021, puede aplicarse una descomposición asumiendo un tipo medio a partir de los datos de IRPF devengado de la AEAT hasta 2022.
Empleando los datos de renta real y tasa de cumplimiento del trabajo de Fedea y los datos de recaudación de la AEAT es posible hacer una descomposición sencilla del crecimiento de la recaudación entre tasa de cumplimiento, tipo medio y el crecimiento de bases imponibles. De los cerca de 35.000 millones de euros en los que habría crecido la recaudación entre 2016 y 2022 alrededor de 10.400 vendría por el crecimiento del tipo medio, que ha ganado importancia rápidamente a partir de 2020 (y presumiblemente la continuará ganando en años posteriores). Por su lado, la mejora del cumplimiento fiscal habría aportado cerca de 5.700 millones en 2020, que se han mantenido más o menos estables en los años siguientes.
Todo ello indica que, más allá del indudable efecto de la progresividad en frio, la notable reducción de la economía sumergida también ha jugado un papel en el crecimiento de la recaudación en los años posteriores a la pandemia. No obstante, con una tasa de cumplimiento fiscal que ya roza el 85% en el IRFP en general y que supera el 93% en las rentas del trabajo, el margen para que esta vía siga impulsando los ingresos públicos parece cada vez más limitado. El peso de sostener la recaudación futura recaerá, por tanto, sobre los hombros de unos contribuyentes que, sin una deflactación de los tramos del IRPF, continuarán viendo cómo su presión fiscal aumenta, aunque su capacidad adquisitiva real lo haga en una proporción mucho más limitada.
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