El diálogo entre el chavismo y la oposición de Venezuela se limita a una llamada telefónica

El primero de agosto llegó y se fue sin que nadie se sentara frente a nadie. Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de 2015 , publicó un comunicado a las diez y media de la noche (cuatro y media de la madrugada, hora peninsular española). El contenido: ella y Jorge Rodríguez habían sostenido una conversación telefónica. No una reunión. No un encuentro presencial. Una llamada.Según el documento, acordaron tres puntos de agenda : atención al doble terremoto, fortalecimiento de la democracia y derechos y garantías políticas. Fijaron que la primera ronda presencial se realizará la semana próxima en Caracas . Figuera presentó los nombres de su delegación: seis miembros en la comisión técnica política, encabezada por ella misma, y cuatro en una comisión de apoyo. Del lado de Rodríguez, nada. Ni nombres ni cifras.El texto cierra agradeciendo a Estados Unidos y a su secretario de Estado, Marco Rubio, «por el acompañamiento a la transición en Venezuela». Esa línea dice más que el resto del comunicado junto. El proceso no nace de la voluntad de los actores locales. Nace de una presión externa que ninguno de los dos bandos puede ignorar.Figuera presenta la llamada como un logro, pero las redes sociales venezolanas no lo leyeron así. En menos de una hora, el tuit acumuló más de 1.300 comentarios, la mayoría hostiles. «Con todo respeto, esto es una burla» , escribió un usuario con miles de interacciones. «Eso no es iniciar nada, esas son coordinaciones previas.» Otro exigió saber qué significa exactamente «fortalecimiento de la democracia»: «Lo que queremos es un nuevo CNE (Consejo Nacional Electoral), un nuevo TSJ (Tribunal Supremo de Justicia) y que los chavistas se larguen del poder.»Para millones de venezolanos, una llamada telefónica entre Figuera y Rodríguez no es el inicio de una transición, es el preámbulo del preámbuloLa brecha entre lo que la dirigencia opositora considera un avance y lo que la base espera queda expuesta en esos comentarios. Para millones de venezolanos dentro y fuera del país, una llamada telefónica entre Figuera y Rodríguez no es el inicio de una transición. Es el preámbulo del preámbulo. Un gesto protocolario que no libera a ningún preso , no abre ningún registro electoral y no devuelve a nadie del exilio.María Corina Machado no aparece en el comunicado. Ni su nombre ni su papel en el proceso. La omisión puede ser deliberada o descuidada; en cualquiera de los dos casos resulta significativa. Machado, premio Nobel de la Paz por su lucha por la democracia, sigue siendo la figura que más venezolanos reconocen como su representante . Su ausencia de cualquier mesa, por telefónica que sea, alimenta la desconfianza de quienes llevan meses exigiendo que ella encabece la negociación.Los presos políticos tampoco figuran. Los 379 que registra la ONG Foro Penal en su último informe no aparecen en la agenda de tres puntos. «Atención al doble terremoto» es el primer tema. Los derechos políticos, el tercero. La libertad de los detenidos no existe como punto independiente.Lo que ha comenzado en Venezuela no es un diálogo. Es la narrativa de un diálogo. Una llamada telefónica, un comunicado con membrete, una agenda genérica y una fecha tentativa para la semana que viene. Los presos siguen presos, Machado sigue fuera, el Gobierno lleva siete días sin dar cifras de muertos del terremoto y la diáspora mira desde lejos, preguntándose si esta vez será distinto.   

El primero de agosto llegó y se fue sin que nadie se sentara frente a nadie. Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, publicó un comunicado a las diez y media de la noche (cuatro y media de la madrugada, hora peninsular … española). El contenido: ella y Jorge Rodríguez habían sostenido una conversación telefónica. No una reunión. No un encuentro presencial. Una llamada.

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