Hace ya cerca de treinta años, en febrero de 1998, se instaló por primera vez en Madrid, junto al desaparecido Estadio Vicente Calderón, la carpa de una compañía canadiense por entonces apenas conocida en España: el Circo del Sol (o, como sus integrantes dicen siempre, Cirque du Soleil ). Desde entonces, Madrid ha acogido en una veintena de ocasiones el Gran Chapiteau de esta compañía, que sin duda ha revolucionado no solo el arte circense sino incluso el mundo del espectáculo en sus poco más de cuatro décadas de existencia.La nueva propuesta ha llegado a Madrid después de un año de gira por distintas ciudades españolas. ‘Kurios, gabinete de curiosidades’, un espectáculo estrenado en Montreal en 2014, creado por el canadiense Michel Laprise , con ambientación ‘steampunk’ (estética victoriana, máquinas de vapor, materiales como el cobre, el latón o el cuero, para crear un espíritu fantástico) que mezcla los universos de Leonardo da Vinci y Julio Verne. «’Kurios’ -dice Laprise- es un espectáculo que celebra la imaginación. Queremos que cuando la gente salga de la Gran Carpa se vaya con la sensación de que todo es posible».El protagonista de ‘Kurios’ es un científico convencido de que dentro de su gigantesco gabinete de curiosidades existe un mundo invisible, oculto, un lugar donde esperan las ideas más locas y los sueños más grandiosos. En ese mundo mecánico entra un grupo de personajes místicos que, con un toque de poesía y humor, ponen su mundo al revés; sus curiosidades cobran vida una por una ante sus ojos. Este es el hilo argumental de un espectáculo donde la columna vertebral, naturalmente, son los números circenses : acrobacias aéreas, rola-bola (equilibrio sobre una tabla colocada encima de uno o varios cilindros que ruedan), correas aéreas, yo-yos, banquine (los artistas se impulsan unos a otros con sus cuerpos para lanzarse al aire), teatro de manos y, naturalmente, el humor de los payasos.La familia de ‘Kurios’ está compuesta por ciento veinte personas : medio centenar de artistas procedentes de una veintena de países, además de técnicos y personal administrativo; a ello hay que sumar a los familiares que viajan con algunos de los artistas y los cerca de doscientos trabajadores que se contratan temporalmente en cada ciudad. Proceden, en total, de una treintena de países.Ocho mil piezas de vestuarioDe Argentina es originario Federico Brú , asistente del jefe de vestuario, que cuenta a ABC que viajan «con alrededor de 8.000 piezas de vestuario, aunque no todas en uso. Son 54 artistas y cada uno tiene más de un conjunto de vestuario y más de un tipo de vestuario porque hacen diferentes personajes durante el espectáculo».Se puede imaginar fácilmente el trabajo que lleva el cuidado y mantenimiento del vestuario -creado por Philippe Guillotel -, dice el bonaerense, que lleva una década trabajando para el Circo del Sol, los últimos tres años en ‘Kurios’, su tercer espectáculo; de éste dice, en lo referente a su labor, que «tiene un alto nivel de complejidad. En muchas de las piezas se combinan vestuario tradicional con tecnologías o materiales poco comunes, y todo tiene mucho detalle, desde lo mínimo hasta lo más grande. Sí, es uno de los shows más complejos en los que estuve».Y es que más allá de lo visual, ya que lo estético tiene una importancia grande, dice Brú que «el vestuario ha de cumplir la función de acompañar al artista en lo que hace. En ‘Kurios’, el nivel de acrobacia es muy alto, los artistas tienen además sus peticiones propias para hacer que cada pieza les resulte cómoda y no dificulte sus movimientos. Ha de verse como si fuera normal y cotidiano, pero hay mucho trabajo específico, detalles que no se ven, pero que permiten garantizar su comodidad y, sobre todo, su seguridad ».Nueve personas trabajan en este departamento: cuatro viajan permanentemente con el espectáculo y otras cinco se contratan en cada ciudad. Su trabajo empieza, cuenta Brú, por la mañana temprano y concluye mucho después de que las luces de la carpa se hayan apagado. «Todos los días se hace la lavandería de todo el vestuario. Hay dos personas que se encargan de ayudar a vestirse a los artistas durante el show, y por la mañana se reparan las piezas que lo necesiten y se planchan. Sí, es un horario extenso. Pero compensa cuando lo ves en el escenario. Es muy hermoso».Acróbata con tradiciónJosé Vázquez procede de México; es malabarista y también interpreta en ‘Kurios’ a un vendedor de aspiradoras. Cuenta que es la cuarta generación de una familia de artistas circenses -el Circo Vázquez se fundó en 1969-, «y soy la quinta generación de artistas circenses por parte de mi madre, perteneciente a la familia Atayde», cuya tradición se remonta a finales del siglo XIX. José estaba, pues, predestinado para dedicarse al circo . «Probé muchas disciplinas y me tocó hacer muchas cosas -cuenta-: he salido de payaso, con los alambristas, los trapecistas, he anunciado el espectáculo, pero los malabares es lo que más me gusta hacer, lo que más me mueve».José está acostumbrado a la vida nómada del circo . «Es un mundo completamente diferente a lo que nosotros llamamos ‘el mundo normal de la gente normal’. Yo he de decir que me siento afortunado al estar en un espectáculo itinerante como ‘Kurios’ porque no sé si podría estar en un mismo lugar durante mucho tiempo». De hecho, asegura que cuando lleva cinco o seis semanas en una misma ciudad siente que se ha cumplido ya el ciclo y está deseando viajar a la siguiente, «a sentir la emoción de conocer un lugar nuevo. Yo no había estado antes en Madrid y he podido salir a caminar… La verdad es que la ciudad está hermosa».Cada vez que el espectáculo cambia de lugar, los artistas del Circo del Sol tienen unos días de vacaciones y José aprovecha para viajar a Estados Unidos para ver a su hija. Estar lejos de la familia, dice, es lo más duro, «pero te acostumbras». Hace ya cerca de treinta años, en febrero de 1998, se instaló por primera vez en Madrid, junto al desaparecido Estadio Vicente Calderón, la carpa de una compañía canadiense por entonces apenas conocida en España: el Circo del Sol (o, como sus integrantes dicen siempre, Cirque du Soleil ). Desde entonces, Madrid ha acogido en una veintena de ocasiones el Gran Chapiteau de esta compañía, que sin duda ha revolucionado no solo el arte circense sino incluso el mundo del espectáculo en sus poco más de cuatro décadas de existencia.La nueva propuesta ha llegado a Madrid después de un año de gira por distintas ciudades españolas. ‘Kurios, gabinete de curiosidades’, un espectáculo estrenado en Montreal en 2014, creado por el canadiense Michel Laprise , con ambientación ‘steampunk’ (estética victoriana, máquinas de vapor, materiales como el cobre, el latón o el cuero, para crear un espíritu fantástico) que mezcla los universos de Leonardo da Vinci y Julio Verne. «’Kurios’ -dice Laprise- es un espectáculo que celebra la imaginación. Queremos que cuando la gente salga de la Gran Carpa se vaya con la sensación de que todo es posible».El protagonista de ‘Kurios’ es un científico convencido de que dentro de su gigantesco gabinete de curiosidades existe un mundo invisible, oculto, un lugar donde esperan las ideas más locas y los sueños más grandiosos. En ese mundo mecánico entra un grupo de personajes místicos que, con un toque de poesía y humor, ponen su mundo al revés; sus curiosidades cobran vida una por una ante sus ojos. Este es el hilo argumental de un espectáculo donde la columna vertebral, naturalmente, son los números circenses : acrobacias aéreas, rola-bola (equilibrio sobre una tabla colocada encima de uno o varios cilindros que ruedan), correas aéreas, yo-yos, banquine (los artistas se impulsan unos a otros con sus cuerpos para lanzarse al aire), teatro de manos y, naturalmente, el humor de los payasos.La familia de ‘Kurios’ está compuesta por ciento veinte personas : medio centenar de artistas procedentes de una veintena de países, además de técnicos y personal administrativo; a ello hay que sumar a los familiares que viajan con algunos de los artistas y los cerca de doscientos trabajadores que se contratan temporalmente en cada ciudad. Proceden, en total, de una treintena de países.Ocho mil piezas de vestuarioDe Argentina es originario Federico Brú , asistente del jefe de vestuario, que cuenta a ABC que viajan «con alrededor de 8.000 piezas de vestuario, aunque no todas en uso. Son 54 artistas y cada uno tiene más de un conjunto de vestuario y más de un tipo de vestuario porque hacen diferentes personajes durante el espectáculo».Se puede imaginar fácilmente el trabajo que lleva el cuidado y mantenimiento del vestuario -creado por Philippe Guillotel -, dice el bonaerense, que lleva una década trabajando para el Circo del Sol, los últimos tres años en ‘Kurios’, su tercer espectáculo; de éste dice, en lo referente a su labor, que «tiene un alto nivel de complejidad. En muchas de las piezas se combinan vestuario tradicional con tecnologías o materiales poco comunes, y todo tiene mucho detalle, desde lo mínimo hasta lo más grande. Sí, es uno de los shows más complejos en los que estuve».Y es que más allá de lo visual, ya que lo estético tiene una importancia grande, dice Brú que «el vestuario ha de cumplir la función de acompañar al artista en lo que hace. En ‘Kurios’, el nivel de acrobacia es muy alto, los artistas tienen además sus peticiones propias para hacer que cada pieza les resulte cómoda y no dificulte sus movimientos. Ha de verse como si fuera normal y cotidiano, pero hay mucho trabajo específico, detalles que no se ven, pero que permiten garantizar su comodidad y, sobre todo, su seguridad ».Nueve personas trabajan en este departamento: cuatro viajan permanentemente con el espectáculo y otras cinco se contratan en cada ciudad. Su trabajo empieza, cuenta Brú, por la mañana temprano y concluye mucho después de que las luces de la carpa se hayan apagado. «Todos los días se hace la lavandería de todo el vestuario. Hay dos personas que se encargan de ayudar a vestirse a los artistas durante el show, y por la mañana se reparan las piezas que lo necesiten y se planchan. Sí, es un horario extenso. Pero compensa cuando lo ves en el escenario. Es muy hermoso».Acróbata con tradiciónJosé Vázquez procede de México; es malabarista y también interpreta en ‘Kurios’ a un vendedor de aspiradoras. Cuenta que es la cuarta generación de una familia de artistas circenses -el Circo Vázquez se fundó en 1969-, «y soy la quinta generación de artistas circenses por parte de mi madre, perteneciente a la familia Atayde», cuya tradición se remonta a finales del siglo XIX. José estaba, pues, predestinado para dedicarse al circo . «Probé muchas disciplinas y me tocó hacer muchas cosas -cuenta-: he salido de payaso, con los alambristas, los trapecistas, he anunciado el espectáculo, pero los malabares es lo que más me gusta hacer, lo que más me mueve».José está acostumbrado a la vida nómada del circo . «Es un mundo completamente diferente a lo que nosotros llamamos ‘el mundo normal de la gente normal’. Yo he de decir que me siento afortunado al estar en un espectáculo itinerante como ‘Kurios’ porque no sé si podría estar en un mismo lugar durante mucho tiempo». De hecho, asegura que cuando lleva cinco o seis semanas en una misma ciudad siente que se ha cumplido ya el ciclo y está deseando viajar a la siguiente, «a sentir la emoción de conocer un lugar nuevo. Yo no había estado antes en Madrid y he podido salir a caminar… La verdad es que la ciudad está hermosa».Cada vez que el espectáculo cambia de lugar, los artistas del Circo del Sol tienen unos días de vacaciones y José aprovecha para viajar a Estados Unidos para ver a su hija. Estar lejos de la familia, dice, es lo más duro, «pero te acostumbras». RSS de noticias de cultura
Hace ya cerca de treinta años, en febrero de 1998, se instaló por primera vez en Madrid, junto al desaparecido Estadio Vicente Calderón, la carpa de una compañía canadiense por entonces apenas conocida en España: el Circo del Sol (o, como sus integrantes dicen siempre, … Cirque du Soleil). Desde entonces, Madrid ha acogido en una veintena de ocasiones el Gran Chapiteau de esta compañía, que sin duda ha revolucionado no solo el arte circense sino incluso el mundo del espectáculo en sus poco más de cuatro décadas de existencia.
La nueva propuesta ha llegado a Madrid después de un año de gira por distintas ciudades españolas. ‘Kurios, gabinete de curiosidades’, un espectáculo estrenado en Montreal en 2014, creado por el canadiense Michel Laprise, con ambientación ‘steampunk’ (estética victoriana, máquinas de vapor, materiales como el cobre, el latón o el cuero, para crear un espíritu fantástico) que mezcla los universos de Leonardo da Vinci y Julio Verne. «’Kurios’ -dice Laprise- es un espectáculo que celebra la imaginación. Queremos que cuando la gente salga de la Gran Carpa se vaya con la sensación de que todo es posible».
El protagonista de ‘Kurios’ es un científico convencido de que dentro de su gigantesco gabinete de curiosidades existe un mundo invisible, oculto, un lugar donde esperan las ideas más locas y los sueños más grandiosos. En ese mundo mecánico entra un grupo de personajes místicos que, con un toque de poesía y humor, ponen su mundo al revés; sus curiosidades cobran vida una por una ante sus ojos. Este es el hilo argumental de un espectáculo donde la columna vertebral, naturalmente, son los números circenses: acrobacias aéreas, rola-bola (equilibrio sobre una tabla colocada encima de uno o varios cilindros que ruedan), correas aéreas, yo-yos, banquine (los artistas se impulsan unos a otros con sus cuerpos para lanzarse al aire), teatro de manos y, naturalmente, el humor de los payasos.
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La familia de ‘Kurios’ está compuesta por ciento veinte personas: medio centenar de artistas procedentes de una veintena de países, además de técnicos y personal administrativo; a ello hay que sumar a los familiares que viajan con algunos de los artistas y los cerca de doscientos trabajadores que se contratan temporalmente en cada ciudad. Proceden, en total, de una treintena de países.
Ocho mil piezas de vestuario
De Argentina es originario Federico Brú, asistente del jefe de vestuario, que cuenta a ABC que viajan «con alrededor de 8.000 piezas de vestuario, aunque no todas en uso. Son 54 artistas y cada uno tiene más de un conjunto de vestuario y más de un tipo de vestuario porque hacen diferentes personajes durante el espectáculo».
Se puede imaginar fácilmente el trabajo que lleva el cuidado y mantenimiento del vestuario -creado por Philippe Guillotel-, dice el bonaerense, que lleva una década trabajando para el Circo del Sol, los últimos tres años en ‘Kurios’, su tercer espectáculo; de éste dice, en lo referente a su labor, que «tiene un alto nivel de complejidad. En muchas de las piezas se combinan vestuario tradicional con tecnologías o materiales poco comunes, y todo tiene mucho detalle, desde lo mínimo hasta lo más grande. Sí, es uno de los shows más complejos en los que estuve».
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Y es que más allá de lo visual, ya que lo estético tiene una importancia grande, dice Brú que «el vestuario ha de cumplir la función de acompañar al artista en lo que hace. En ‘Kurios’, el nivel de acrobacia es muy alto, los artistas tienen además sus peticiones propias para hacer que cada pieza les resulte cómoda y no dificulte sus movimientos. Ha de verse como si fuera normal y cotidiano, pero hay mucho trabajo específico, detalles que no se ven, pero que permiten garantizar su comodidad y, sobre todo, su seguridad».
Nueve personas trabajan en este departamento: cuatro viajan permanentemente con el espectáculo y otras cinco se contratan en cada ciudad. Su trabajo empieza, cuenta Brú, por la mañana temprano y concluye mucho después de que las luces de la carpa se hayan apagado. «Todos los días se hace la lavandería de todo el vestuario. Hay dos personas que se encargan de ayudar a vestirse a los artistas durante el show, y por la mañana se reparan las piezas que lo necesiten y se planchan. Sí, es un horario extenso. Pero compensa cuando lo ves en el escenario. Es muy hermoso».
Acróbata con tradición
José Vázquez procede de México; es malabarista y también interpreta en ‘Kurios’ a un vendedor de aspiradoras. Cuenta que es la cuarta generación de una familia de artistas circenses -el Circo Vázquez se fundó en 1969-, «y soy la quinta generación de artistas circenses por parte de mi madre, perteneciente a la familia Atayde», cuya tradición se remonta a finales del siglo XIX. José estaba, pues, predestinado para dedicarse al circo. «Probé muchas disciplinas y me tocó hacer muchas cosas -cuenta-: he salido de payaso, con los alambristas, los trapecistas, he anunciado el espectáculo, pero los malabares es lo que más me gusta hacer, lo que más me mueve».
José está acostumbrado a la vida nómada del circo. «Es un mundo completamente diferente a lo que nosotros llamamos ‘el mundo normal de la gente normal’. Yo he de decir que me siento afortunado al estar en un espectáculo itinerante como ‘Kurios’ porque no sé si podría estar en un mismo lugar durante mucho tiempo». De hecho, asegura que cuando lleva cinco o seis semanas en una misma ciudad siente que se ha cumplido ya el ciclo y está deseando viajar a la siguiente, «a sentir la emoción de conocer un lugar nuevo. Yo no había estado antes en Madrid y he podido salir a caminar… La verdad es que la ciudad está hermosa».
Cada vez que el espectáculo cambia de lugar, los artistas del Circo del Sol tienen unos días de vacaciones y José aprovecha para viajar a Estados Unidos para ver a su hija. Estar lejos de la familia, dice, es lo más duro, «pero te acostumbras».

