El apocalipsis del ‘software’

<p>La compañía de inteligencia artificial más ética, <strong>Anthropic,</strong> está a punto de provocar una carnicería de puestos de trabajo. El lanzamiento de su modelo <strong>Claude Opus 4.6</strong> y de su agente <strong>Cowork, </strong>capaces de generar código a una velocidad inalcanzable para muchos programadores, provocó la semana pasada la evaporación de 300.000 millones de dólares en acciones de las empresas de software. De repente, gigantes como <strong>SAP</strong> o <strong>Salesforce, </strong>incluso<strong> Microsoft</strong> en algunas de sus aplicaciones, han viajado a la edad de piedra. Los inversores prevén que muchos de sus servicios podrán realizarse de forma gratuita, incluso desde la voz, por gente que no maneja código, con la consiguiente repercusión negativa en sus ingresos.</p>

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 La compañía de inteligencia artificial más ética, Anthropic, está a punto de provocar una carnicería de puestos de trabajo. El lanzamiento de su modelo  

La compañía de inteligencia artificial más ética, Anthropic, está a punto de provocar una carnicería de puestos de trabajo. El lanzamiento de su modelo Claude Opus 4.6 y de su agente Cowork, capaces de generar código a una velocidad inalcanzable para muchos programadores, provocó la semana pasada la evaporación de 300.000 millones de dólares en acciones de las empresas de software. De repente, gigantes como SAP o Salesforce, incluso Microsoft en algunas de sus aplicaciones, han viajado a la edad de piedra. Los inversores prevén que muchos de sus servicios podrán realizarse de forma gratuita, incluso desde la voz, por gente que no maneja código, con la consiguiente repercusión negativa en sus ingresos.

Bloomberg considera que la nueva versión de Claude es «un maníaco de la productividad» y ha bautizado el impacto sobre las tecnológicas medianas como el Saaspocalipsis, algo así como el cataclismo del sector de software as a service. La primera reflexión que provoca el fenómeno es cómo una empresa con apenas 2.000 empleados (Anthropic) puede provocar cientos de miles de despidos en otras compañías de su entorno a través de la comoditización (perdonen el anglicismo) de sus productos. A su fundador, Dario Amodei, se le puede acusar de cualquier cosa menos de no haberlo avisado. Amodei advirtió en su blog hace un año que la evolución de la IA podría acabar con el 50% de los empleos junior del mercado.

Anthropic ha hecho un segundo anuncio relevante. Ninguno de sus productos llevará publicidad. Amodei define Claude como «un espacio para pensar». La decisión es estratégica y mete toda la presión a sus principales competidores, como OpenAI, que se estaban abriendo a la inserción de anuncios para tratar de impulsar unos ingresos que todavía son raquíticos. Al contrario que la empresa de ChatGPT, que Alphabet o que Meta, Anthropic emplea código abierto, pues estima su trabajo como una contribución al conocimiento universal. Un conocimiento universal que puede provocar desempleo y pobreza.

Anthropic es el antagonista de OpenAI; Dario Amodei lo es del codicioso Sam Altman, y Claude, de ChatGPT. Su trabajo es altruista y, sin embargo, encierra una paradoja que puede volverse perversa. Una innovación tan esquiva para las reglas del mercado puede acelerar la destrucción creativa a un ritmo que la sociedad no sea capaz de absorberla. El daño no es sólo para los accionistas de las tecnológicas medianas, sino para sus programadores, que se han quedado sin tiempo de cambiarse de chaqueta.

 Actualidad Económica

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