El ahorro a largo plazo se retrasa entre los jóvenes: ¿funcionan las herramientas de automatización?

¿Alguna vez pensó en sus veintes que se jubilaría a los 40 con los ahorros de su vida? Quizá el común de los mortales no, pero Ryan Lowe, un analista financiero de 26 años en Boston, sí. Con un salario de 85.000 dólares, destina más de 4.000 al mes a su fondo de retiro, a apostar por el crecimiento constante de los mercados y a evitar las inversiones arriesgadas. Eso sí, su empresa contribuye con 750 dólares a su plan de jubilación, vive con sus padres, no gasta en alcohol o tabaco, conduce un coche de 20 años y mantiene una vida social sencilla.

 Permiten guardar dinero para los objetivos a largo plazo desde los consumos, pero también pueden generar una falsa sensación de control  

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¿Alguna vez pensó en sus veintes que se jubilaría a los 40 con los ahorros de su vida? Quizá el común de los mortales no, pero Ryan Lowe, un analista financiero de 26 años en Boston, sí. Con un salario de 85.000 dólares, destina más de 4.000 al mes a su fondo de retiro, a apostar por el crecimiento constante de los mercados y a evitar las inversiones arriesgadas. Eso sí, su empresa contribuye con 750 dólares a su plan de jubilación, vive con sus padres, no gasta en alcohol o tabaco, conduce un coche de 20 años y mantiene una vida social sencilla.

Jubilarse a los 40 con ahorros. Una idea que ni siquiera podría cruzar la mente de los jovenes españoles, que perciben un salario medio de 1.191,02 euros al mes, y muchos tampoco pueden ahorrar para objetivos más cercanos, como emanciparse, comprarse una casa o tener un coche. «El ahorro a largo plazo ha dejado de ser un hábito que seguramente en generaciones anteriores estaba más presente. Ha pasado a convertirse en algo aspiracional y, en muchos casos, ni siquiera es una prioridad», explica David Herrando, director general de Pensumo. Pero, al menos en España, no es una cuestión de cultura, sino del contexto inestable. «Hay muchas dificultades a corto plazo y en el día a día obligan a centrar la energía en resolverlos, pues hacen que el futuro deje de siquiera estar en el radar», apunta Herrando.

Sin embargo, el experto recuerda que, aunque sea paradójico, en el ahorro tiene más importancia el tiempo que el dinero. «Retrasar implica perder ese efecto que luego es difícil de recuperar», advierte. «Implica que para llegar al mismo resultado que otras generaciones se necesita multiplicar los esfuerzos y también hay esa falsa conciencia de que es lo que se hará; pero la realidad es que ese efecto adicional rara vez ocurre. Y esto ya no solo afecta a los objetivos a medio plazo, como son comprar una casa para escapar del mercado del alquiler o un coche, sino a la jubilación. En consecuencia, este retraso en la capacidad de ahorro provoca ciudadanos más dependientes del sistema público –que ya enfrenta varios problemas para sostenerse y más desconfianza de los españoles- y, en su momento, más vulnerables; además de que es más difícil que se transforme en un hábito.

Además, una buena parte de los jóvenes deja de lado el ahorro tradicional para volcarse al mundo de las inversiones. Frente a esto, Herrando considera que «es un riesgo que los primeros pasos que dé una persona sean directamente invertir», porque se debería hacer con unos «cimientos» que estén bien construidos en una base de ahorro y cultura financiera. Y, en muchos casos, sucede también porque no se encuentran las herramientas para facilitar el ahorro.

«Tenemos que pedir al ahorro que se integre a la vida cotidiana sin esfuerzo para mejorar la situación», detalla Herrando. Y aquí es donde entra la automatización y las herramientas que permiten hacerlo a través de los gastos cotidianos. Según los cálculos de Pensumo, si una persona ahorra 50 euros al mes -que equivale al 1,13% del gasto mensual en consumo de una familia-, podría llegar a acumular en un sistema de ahorro sistemático en torno a 50.000 euros dentro de 40 años; lo que supondría cuadruplicar el beneficio medio que tienen los planes de ahorro. «Lo más interesante no es la cifra, sino el origen de ese ahorro porque la automatización de pequeños importes, aunque sean céntimos o pequeños euros, permite generar ese ahorro sin fricción y eliminar la barrera psicológica de tener que pensar que me estoy quitando hoy sale de mi bolsillo», apunta el director general de Pensumo.

Aunque también hay que tomar en cuenta el riesgo que puede suponer la automatización. Si es algo que tú activas y olvidas, puede generar una falsa sensación de control. Sin embargo, si se vincula con un seguimiento por parte del usuario como persona «va a generar el engagement necesario para empezar a visualizar que estos pequeños pasos que se realizan en la vida cotidiana van sumando y se pueden proyectar hacia un futuro y eso ya genera un compromiso», asegura Herrando.

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