Como en Her pero no tanto: Yesh estrena sus cabinas contra el estrés apoyándose en la IA más empática

<p>Pocos filósofos explican con tanta crudeza como el germano-coreano <strong>Byung-Chul Han</strong> el fenómeno de la autoexplotación. El jefazo de la proverbial viñeta de <strong>Forges, </strong>un señor casi siempre obeso, con gafas oscuras y bigote, ya no es una figura necesaria para sembrar el terror en la mente del trabajador contemporáneo, sometido por voluntad propia a una presión con frecuencia insoportable. Para agravar las cosas y cavar un agujero aún más profundo, suele ocurrir que el esclavo de sí mismo ni siquiera repara en su situación. Cuando lo hace, por desgracia, es demasiado tarde y llega el reventón.</p>

Seguir leyendo

 Las primeras pruebas de la ‘startup’ valenciana fueron tan exitosas que la gente no creía estar hablando con un agente. Pese a saberlo, los trabajadores en situaciones complicadas se abren más que ante el humano,  

Pocos filósofos explican con tanta crudeza como el germano-coreano Byung-Chul Han el fenómeno de la autoexplotación. El jefazo de la proverbial viñeta de Forges, un señor casi siempre obeso, con gafas oscuras y bigote, ya no es una figura necesaria para sembrar el terror en la mente del trabajador contemporáneo, sometido por voluntad propia a una presión con frecuencia insoportable. Para agravar las cosas y cavar un agujero aún más profundo, suele ocurrir que el esclavo de sí mismo ni siquiera repara en su situación. Cuando lo hace, por desgracia, es demasiado tarde y llega el reventón.

En 2021, Mario Pérez, CEO de Yesh y propulsor del hub Yesh Cube, sufrió un episodio de estrés tan grave que los médicos le dijeron que equivalió al impacto de siete infartos. Ahí se produjo el punto de inflexión y surgió un objetivo: había que crear una metodología para aprender a dosificarse, a regularse, a encastillarse contra la presión. Esas herramientas se implantaron primero en la agencia de comunicación de Pérez, Trece Treces Digital, y pasaron a un cuerpo superior a través de su startup, Yesh, capaz de diseñar «un ecosistema de inteligencia artificial» para ayudar al profesional a explorarse y medir sus puntos débiles.

Para lograrlo, la compañía tecnológica y otra empresa valenciana, Actiu, un fabricante de muebles de oficina con fuerte presencia internacional, han ideado unas cabinas acústicas que oscilan entre los 8.000 y los 25.000 euros por unidad en función del tamaño, son de corte claramente minimalista (no hay luces ni pantallas) e incluyen en mitad del espacio un sillón para que la persona en cuestión converse durante diez minutos con Somia, la IA con voz de mujer a la que Pérez y su equipo han rebajado intencionadamente el realismo «porque la mitad de los usuarios piensan que se trata de verdad de un humano hablando por teléfono».

Las cabinas se venderán a partir de este mes y Actiu ha estimado que para 2026 se podrían colocar unas 3.000 unidades. Los deberes del tanteo comercial ya están hechos y contaron con la opinión de un centenar de early adopters, incluidos muchos CEOs y directores de recursos humanos. «Quería que acudiesen sobre todo personas reacias a las terapias», admite Pérez. Despejan cualquier duda los resultados: un 97,8% de los pioneros calificó la experiencia como satisfactoria; el 58,7% de los directivos participantes manifestó su intención de comprar las cabinas; un 83,1% reportó una caída significativa del estrés tras la sesión; y otro 76,4% destacó un incremento de la calidad mental.

Dentro de esos cubículos donde predominan el negro y el gris, no hay luces y el trabajador puede entregarse a las confesiones sin sentir el juicio de un humano y la consiguiente vergüenza, también se palpa otra alianza. Además de la aportación de Actiu y la Universidad Politécnica de Valencia, Yesh ha contado con el soporte clave de ElevenLabs, fundada en 2022 por dos emprendedores polacos, con sedes en Londres y Nueva York, capaz de levantar el pasado 4 de febrero una ronda impensable en España (500 millones de dólares) y uno de los líderes mundiales en el desarrollo de voces sintéticas. «Hemos conseguido una voz muy natural que en todo instante te hace comprender que es una IA. Por cuestiones regulatorias debemos incidir en esta advertencia y lo hacemos mucho al principio de la charla con bromas como cuando Somia se expresa así: te iba a decir que soy toda oídos, pero en realidad no tengo orejas». La experiencia en cabina siempre es individual y cada elemento se ha usado para favorecer el bienestar.

Advierte Pérez que «Somia no es conductual», es decir, ni diagnostica ni se atreve con nada parecido a un tratamiento. «Es un sistema preventivo. Te ayuda a identificar que estás mal aunque creas que estás muy bien y, si la crisis es severa, genera un informe y te encamina a un profesional. Igual que haría un buen psicólogo, Somia nunca te dirá que hables con el jefe que te atormenta o qué debes decirle. No te aporta una solución, sino que intenta que seas tú mismo quien la encuentre».

Para no depender sólo de la disponibilidad de una oficina (el negocio es B2B), Yesh lanza además Vvavve, un dispositivo similar a un antifaz de los que se usan para que la luz no moleste al dormir, que integra auriculares, micrófono y bluetooth para conectar con Somia y ampliar verticales. Uno de los que muestran mayor potencial son los aeropuertos, donde determinadas empresas podrán ofrecerlos al cliente en la víspera de vuelos especialmente largos o pensando en quienes temen al avión. De momento, la startup ha esquivado las rondas de venture capital «porque el dinero recibido implica obligaciones». Pérez explica que Trece Treces inyecta el dinero requerido y que el acuerdo con Actiu ayuda lo suyo. «No estoy en contra de la inversión, pero mi discurso es que aproveches muy bien tus propios recursos antes y que después, si no hay más remedio, sepas muy bien cuánto pides y a quién».

En cuanto a Yesh Cube, el hub desplegado en paralelo, el planteamiento no emula los de las incubadoras y aceleradoras. «Escogemos al emprendedor, que suele ser muy joven y a veces incluso un estudiante en el tramo final de la carrera, vemos el proyecto y le proponemos una línea a seguir». Por ahora, Mario Pérez no puede desvelar los nombres de los primeros reclutados, pero sí el enjambre de aliados a su disposición, desde las ya citadas ElevenLabs, Actiu y Trece Treces, hasta NewCo Legal (un bufete que ayudará en la constitución de empresas, los pactos de socios o la secuencia siempre compleja de una ronda) y la gestora de capital riesgo Technetium Ventures, muy comprometida con la inversión de impacto y las etapas más tempranas del emprendimiento).

Pérez es un loco de la ciencia-ficción e incluso escribe estos meses una novela adscrita al género. A su juicio, y pese a ser lo contrario a un tecnófobo, la humanidad hace un pésimo uso de las herramientas más innovadoras. «Ya pasó con las redes sociales, que podrían haber revolucionado nuestra forma de conectar e incluso la evolución de la especie, y me temo que la historia se repite con la IA. Antes preguntabas a ChatGPT y era capaz de darte razonamientos científicos. Hoy sólo quiere que pases más tiempo enganchado. La tecnología nos hace más individualistas y egocéntricos y esto pinta bastante mal».

 Actualidad Económica

Noticias Similares