Catherine Mayer, biógrafa de Carlos III: «Kate es muy lista, ha jugado las cartas mejor que nadie»

«Nunca es demasiado pronto para reevaluar el reinado de un monarca y de Isabel II hay muchísimas cuestiones pendientes sobre su hijo Andrés. ¿Cómo consistió que anduviera descontrolado tanto tiempo?», remarca Catherine Mayer, biógrafa de Carlos III, ex corresponsal en Londres de la revista Time y otras publicaciones, y cofundadora del Partido de la Igualdad de la Mujer (WEP, en sus siglas en inglés). La difunta reina resurge en su nuevo libro, Divide and Rule: Royal Women and Their Battles (Divide y vencerás: las mujeres de la realeza y sus batallas), que se acaba de publicar en el Reino Unido, donde analiza desde una «perspectiva feminista» la posición de ocho figuras clave en la monarquía británica, desde Ana Bolena, Isabel I, Victoria e Isabel II hasta las contemporáneas Kate y Meghan, además de Camila y su rival Diana de Gales.

 La periodista analiza en un nuevo libro el papel de ocho figuras clave en la monarquía británica, desde Ana Bolena a Kate y Meghan. «Diana, de adolescente, le mandaba tarjetas de San Valentín al príncipe Andrés», revela a LOC.  

«Nunca es demasiado pronto para reevaluar el reinado de un monarca y de Isabel II hay muchísimas cuestiones pendientes sobre su hijo Andrés. ¿Cómo consistió que anduviera descontrolado tanto tiempo?», remarca Catherine Mayer, biógrafa de Carlos III, ex corresponsal en Londres de la revista Time y otras publicaciones, y cofundadora del Partido de la Igualdad de la Mujer (WEP, en sus siglas en inglés). La difunta reina resurge en su nuevo libro, Divide and Rule: Royal Women and Their Battles (Divide y vencerás: las mujeres de la realeza y sus batallas), que se acaba de publicar en el Reino Unido, donde analiza desde una «perspectiva feminista» la posición de ocho figuras clave en la monarquía británica, desde Ana Bolena, Isabel I, Victoria e Isabel II hasta las contemporáneas Kate y Meghan, además de Camila y su rival Diana de Gales.

Las cuatro reinas analizadas en el libro sobresalen entre los monarcas británicos más populares de todos los tiempos, subraya Mayer. «Triunfaron porque fueron capaces de navegar por el sistema patriarcal monárquico sin intentar reformarlo. Victoria, por ejemplo, engendró nueve hijos y promocionó la imagen de familia. Reforzó el patriarcado, aunque sabemos por sus cartas y diarios que le costaba ser madre», señala.

La autora traza paralelismos entre las protagonistas y plantea cómo el entorno palaciego y los medios de propaganda y comunicación confrontan a una royal con la siguiente en un enfrentamiento que nunca cesa. «Hay un impulso a lanzar a unas contra otras. Si apreciabas a Catalina de Aragón (la primera mujer de Enrique VIII), una mujer extraordinaria y cultivada, debías despreciar a Ana Bolena. Lo mismo ocurre con Kate y Meghan. Se crean perfiles de ellas que tienen muy poco que ver con cómo son realmente. Retratan a Kate como símbolo de valores tradicionales, monárquicos y conservadores. A Meghan, en cambio, la asocian con valores progresistas, woke y antisistema», explica».

Mayer recibe a LOC acomodada en un sofá de su apartamento londinense, en un edificio modernista del centro de la ciudad. En una pared cuelgan retratos de su marido, Andy Gill, cofundador de la banda Gang of Four, a quien perdió en la pandemia de covid. En una mesa asoma Good Grief, memoria sobre el duelo que escribió a dos manos con su madre Anne. Un timbrazo le distrae antes de volver a concentrarse en lo que llama el «planeta Windsor» de la familia real.

«El que nace en el seno de la familia se siente por encima de los demás, se nutre de ideas contradictorias que dificultan su integración con otras personas y le provocan inseguridad», resume. Advierte que navegar por el océano de normas cortesanas es «tremendamente difícil» para las novias o amigos de los royal. Habla con la experiencia de quien ha sorteado el protocolo en encuentros con la familia real y sus representantes. En una ocasión irritó a Isabel II cuando atrajo la atención de su marido, el príncipe Felipe, y de sus queridos perros corgies. Sucedió en el transcurso de una comida, cuando la reina amonestó a la periodista por hacer una pregunta «demasiado personal» a otra invitada y regañó a su marido por charlar con ella desde el otro lado de la mesa. «¿Qué haces en tu tiempo libre?», le preguntó el duque mientras servían copas, ya de pie.

Sarah Ferguson y la princesa Diana en 1983.
Sarah Ferguson y la princesa Diana en 1983.GTRES

Mayer califica al príncipe Felipe de persistente «seductor» que daba motivos a la reina para «sentir celos». «Dudo mucho de que yo fuera su tipo, pero era la mujer más joven en su órbita, la única candidata con quien flirtear en ese salón«, sonríe al recordar la escena. Sigue convencida de que a la reina le enfadó más la descortesía de su marido al entablar conversación a través de la mesa que el aparente coqueteo. «Yo había irritado a la reina con mis preguntas y el numerito de sus perros lamiéndome las piernas». Mayer había ignorado la etiqueta de llevar medias debajo de la falda.

La escritora sigue desgranando el libro y asegura que Kate Middleton ha ganado la última pugna de cuñadas. «Ha jugado las cartas mejor que nadie», reconoce. «Se ha adaptado espectacularmente bien al papel tan restrictivo que tiene. Lo desempeña a través de la imagen y el poder de ser vista haciendo cosas más que hablando. Es muy buena para ocultarse a plena vista», añade.

Para Mayer, la princesa de Gales es «muy lista» e «incognoscible» bajo su impecable y enigmática presencia. «Es la estrella de la monarquía», señala antes de subrayar que también «es capaz de ser fría» pese a la amplia sonrisa que mantiene en actos públicos.

Mayer achaca el primer «conflicto auténtico» entre ambas parejas a la falta de recursos para gestionar el creciente interés en la prometida del entonces archipopular Harry y el revuelo de la boda, en 2018. «Meghan llegó en un momento complicado, cuando se estaba intentando asegurar una sucesión ordenada, lo cual implicaba resolver no solo asuntos pendientes en torno a Carlos, incluido el título de Camila como reina o princesa consorte, sino posicionar a Guillermo y Kate como el futuro de la monarquía. Se asignó a los hermanos un equipo compartido que dio prioridad a Guillermo y Kate».

Los Windsor negaron a Harry y Meghan el «modelo híbrido» de servicio público e ingresos privados que, según recuerda, funciona con la princesa Ana, la royal más activa y cabeza de un negocio ecuestre.

La reina Isabel y su hijo Andrés con el rey de  Bahrein en 2019.
La reina Isabel y su hijo Andrés con el rey de Bahrein en 2019.GTRES

La escritora se detiene en el escándalo del ex príncipe Andrés y las trágicas consecuencias que se han derivado de la protección que la familia le tendió durante décadas. La policía investiga al hermano del rey desde su arresto en febrero por presuntos delitos de abuso sexual y tráfico de influencias en conexión con Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. «Metiendo a Epstein y Maxwell en la familia real, Andrés les dio una falsa apariencia de respetabilidad que les permitió continuar con abusos de los que sabemos que son culpables», denuncia Mayer.

«La reina se implicó mucho», sostiene. En su investigación escuchó confidencias de asesores de palacio sobre la «necesidad de proteger» al conflictivo Andrés y alegaciones de tensiones entre los familiares, que arrojan dudas «éticas y morales» sobre la «cultura de impunidad» y los impulsos a encubrir problemas. «La reina no vio diferencia alguna entre proteger a Andrés y proteger a la monarquía. Creyó que podría proteger a ambos y se equivocó. Ese fue su error más grave», argumenta.

La ex corresponsal de Time acompañó a Andrés a un viaje a China cuando él actuaba de representante del Gobierno en Comercio e Inversiones extranjeras. «El hombre equivocado en el cargo equivocado», suspira. «Me dijo en China que le hubiera gustado ser fontanero para arreglar cosas. Sentí pena por él entonces. Era un tipo de escasa inteligencia viajando por el mundo con el único mérito de ser royal», expone.

La siguiente cita tuvo lugar en los aposentos del palacio de Buckingham donde tenía despacho y guardaba su colección de peluches. «Iba flotando por la vida sobre un mar de personas que lo hacían todo por él», recuerda la escritora.

Mayer contrasta al tercer hijo de Isabel II con su hermano mayor, a quien dedicó su primera biografía, Charles: The Heart of a King. «Carlos cuestionaba con ansiedad su identidad y el significado de ser royal. Esas inquietudes ni le pasaban por la cabeza a Andrés. Era príncipe. Punto».

Una de las anécdotas que incluye en su libro tiene que ver precisamente con Andrés. Mayer revela que Diana le enviaba de adolescente tarjetas de San Valentín. Eran mensajes de amor anónimo, como dicta la tradición, que la futura princesa le hacía llegar año tras año, según confió una amiga de la infancia a la escritora. «Era una colegiala, una niña sin experiencia en ese momento ni cuando se casó con Carlos. No había descubierto lo que era estar enamorada».

 LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón

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