Arde Bogotá: «Nos ha tocado sacar un disco en un momento de cambio muy importante»

Bien peinaditos, sin melenas y con la camiseta por dentro del pantalón, los chicos de Arde Bogotá no tienen las pintas rockeras clásicas de toda la vida. Tampoco se drogan como los rockeros de antaño, detalle no menor que explican fácil y rápido: «Es que los ochenta o noventa eran otra época, en vez de jugar con la Game Boy a lo mejor te metías un pollo. Aunque hemos tenido nuestros botellones extremos, eh», apunta su baterista José Ángel Mercader entre una carcajadas cómplices que deben haberse oído en cada rincón de su compañía discográfica. «Es que antes el rock se entendía como algo unido a las drogas, pero por suerte, hoy no», añade el guitarrista Dani Sánchez antes de pasarle el micro al cantante Antonio García, que lo resume en que «en general, entre los jóvenes de ahora hay una cultura distinta respecto a las drogas ».Se suponía que en la España adolescente de hoy también hay una cultura musical muy distinta y alejada del rock, y de hecho, entre la última era dorada del rock español y el nacimiento de Arde Bogotá hay al menos una generación entre medias que no ha mostrado el interés de masas que hace falta para sostener a un género en el foco mediático. Pero sus cifras y las de otros grupos jóvenes de guitarras que suben el volumen del ‘ampli’ al diez indican que algo está pasando. «Quizá entre los artistas se esté perdiendo el miedo a la distorsión o la dureza de un estilo como el rock, pero yo creo que sobre todo tiene que ver con el público. No sé si estaban escondidos, pero parece que solo necesitaban una excusa para salir», opina Sánchez.Algo que diferencia a Arde Bogotá de otras bandas recientes que están saboreando las mieles del éxito, es que en su caso no solo se trata de buenos números de ‘streaming’ y asistencia a conciertos. También hay símbolos que ejemplifican el enorme impacto cultural de sus canciones, como la mención de la Princesa Leonor a su hit ‘Cowboys de la A-3’ durante un discurso. «Un amigo mío asistió a ese acto en el que estaba ella, y cuando lo escuchó me llamó por teléfono y me dijo: ‘¡Tío, la Princesa acaba de decir que es una cowboy de la A-3!’. Y yo: ‘¿Vas borracho o qué?’ (risas). Sí, se ve que nuestra música llega a todas partes», dice Antonio con un tono despreocupado que podría sonar fardón, pero que seguramente sea estrategia autoprotectora.Su estatus también subió peldaños con su presencia en la gran fiesta de la victoria de la selección en el Mundial de Fútbol «tocando entre Lola Índigo, Aitana y Ana Mena», desliza Dani Sánchez con gesto socarrón. «Nos dijeron que varios jugadores pidieron que tocáramos en la celebración, y claro, yo vi la final contra Argentina con más nervios por eso», explica Antonio. «La vi con nuestro técnico de sonido, al que no le gusta nada el fútbol, y el tío iba con Argentina solo por librarse de los nervios que iba a suponer trabajar en un evento que iban a ver millones de personas (risas). Tengo una foto de él llevándose las manos a la cabeza cuando Ferrán metió el gol».Éxito crecienteAntonio asegura que lejos de estar más tranquilos por la magnífica recepción de sus dos primeros discos, está más nervioso que nunca por el lanzamiento del tercero, ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola’. Y como es natural, tener la atención de todo un país está añadiendo tanto vértigo al que ya sienten de por sí a escasas horas de su publicación que, en sus cabezas, se ha instalado la duda: «¿cuánto durará esto?» Afortunadamente, y quizá gracias a que el rock se vea en cierta medida como algo del pasado, los cuatro parecen tener bien aprendida la lección de historia y eso les da una sabiduría de la que aparentemente no gozaban las estrellas del sexo, drogas y rock’n’roll. «Es una preocupación, pero una preocupación que tiene que ver con una cosa buena», afirma Sánchez. «Lo que tenemos que hacer es cuidar lo que queremos que dure el día de mañana, como una persona que cuida su cuerpo porque quiere llegar a los 70 con buena musculatura y una salud agradable. Es una preocupación por llevarnos cada vez mejor, por entendernos mejor, por tener buenas dinámicas entre nosotros».«A mí me gustó que eso quedó patente en la grabación que hicimos en Los Angeles», señala Mercader. Se refiere a las sesiones que hicieron en el estudio de Joe Chicarelli, legendario productor que se curtió con Frank Zappa y que ha trabajado con los Strokes, White Stripes, Morrissey, U2 y otros muchos totems del rock, quien demostró interés real en Arde Bogotá viajando hasta Cartagena para conocerlos y que, una vez metidos en harina, hizo valer sus galones tratando de imponer su criterio a nuestros chicos. «Cuando había algún conflicto en el que había que defender nuestro interés artístico, o bien saltábamos los cuatro a la vez, o bien salíamos a defender al compañero que lo hacía, como un hermano defendiendo a su hermano pequeño. Me encantó sentir eso», dice el baterista.MÁS INFORMACIÓN Opinión Los Zigarros: «Sí que han vuelto las guitarras, bandas nuevas como Arde Bogotá lo están petando y eso mola mucho»Ni van de chulos, ni se drogan, ni se pelean. Demostrado queda que Arde Bogotá son de otra generación, una que tiene sus propios problemas con la industria y con la vida en general. «Nos ha tocado sacar un disco en un momento de cambio grande y muy importante en la historia reciente de nuestro país», dice Antonio mientras las primeras gotas de lluvia otoñal caen sobre las tiendas de campaña levantadas a unos pocos kilómetros. «Es un cambio en la conciencia social acerca de qué es una vivienda. Evidentemente, las reclamaciones del sindicato de inquilinas y de la gente que se está movilizando son muchas más concretas, y con razón. Pero creo que en general va a cambiar la concepción transgeneracional de lo que es una vivienda y de lo que es el derecho a tener un techo». Bien peinaditos, sin melenas y con la camiseta por dentro del pantalón, los chicos de Arde Bogotá no tienen las pintas rockeras clásicas de toda la vida. Tampoco se drogan como los rockeros de antaño, detalle no menor que explican fácil y rápido: «Es que los ochenta o noventa eran otra época, en vez de jugar con la Game Boy a lo mejor te metías un pollo. Aunque hemos tenido nuestros botellones extremos, eh», apunta su baterista José Ángel Mercader entre una carcajadas cómplices que deben haberse oído en cada rincón de su compañía discográfica. «Es que antes el rock se entendía como algo unido a las drogas, pero por suerte, hoy no», añade el guitarrista Dani Sánchez antes de pasarle el micro al cantante Antonio García, que lo resume en que «en general, entre los jóvenes de ahora hay una cultura distinta respecto a las drogas ».Se suponía que en la España adolescente de hoy también hay una cultura musical muy distinta y alejada del rock, y de hecho, entre la última era dorada del rock español y el nacimiento de Arde Bogotá hay al menos una generación entre medias que no ha mostrado el interés de masas que hace falta para sostener a un género en el foco mediático. Pero sus cifras y las de otros grupos jóvenes de guitarras que suben el volumen del ‘ampli’ al diez indican que algo está pasando. «Quizá entre los artistas se esté perdiendo el miedo a la distorsión o la dureza de un estilo como el rock, pero yo creo que sobre todo tiene que ver con el público. No sé si estaban escondidos, pero parece que solo necesitaban una excusa para salir», opina Sánchez.Algo que diferencia a Arde Bogotá de otras bandas recientes que están saboreando las mieles del éxito, es que en su caso no solo se trata de buenos números de ‘streaming’ y asistencia a conciertos. También hay símbolos que ejemplifican el enorme impacto cultural de sus canciones, como la mención de la Princesa Leonor a su hit ‘Cowboys de la A-3’ durante un discurso. «Un amigo mío asistió a ese acto en el que estaba ella, y cuando lo escuchó me llamó por teléfono y me dijo: ‘¡Tío, la Princesa acaba de decir que es una cowboy de la A-3!’. Y yo: ‘¿Vas borracho o qué?’ (risas). Sí, se ve que nuestra música llega a todas partes», dice Antonio con un tono despreocupado que podría sonar fardón, pero que seguramente sea estrategia autoprotectora.Su estatus también subió peldaños con su presencia en la gran fiesta de la victoria de la selección en el Mundial de Fútbol «tocando entre Lola Índigo, Aitana y Ana Mena», desliza Dani Sánchez con gesto socarrón. «Nos dijeron que varios jugadores pidieron que tocáramos en la celebración, y claro, yo vi la final contra Argentina con más nervios por eso», explica Antonio. «La vi con nuestro técnico de sonido, al que no le gusta nada el fútbol, y el tío iba con Argentina solo por librarse de los nervios que iba a suponer trabajar en un evento que iban a ver millones de personas (risas). Tengo una foto de él llevándose las manos a la cabeza cuando Ferrán metió el gol».Éxito crecienteAntonio asegura que lejos de estar más tranquilos por la magnífica recepción de sus dos primeros discos, está más nervioso que nunca por el lanzamiento del tercero, ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola’. Y como es natural, tener la atención de todo un país está añadiendo tanto vértigo al que ya sienten de por sí a escasas horas de su publicación que, en sus cabezas, se ha instalado la duda: «¿cuánto durará esto?» Afortunadamente, y quizá gracias a que el rock se vea en cierta medida como algo del pasado, los cuatro parecen tener bien aprendida la lección de historia y eso les da una sabiduría de la que aparentemente no gozaban las estrellas del sexo, drogas y rock’n’roll. «Es una preocupación, pero una preocupación que tiene que ver con una cosa buena», afirma Sánchez. «Lo que tenemos que hacer es cuidar lo que queremos que dure el día de mañana, como una persona que cuida su cuerpo porque quiere llegar a los 70 con buena musculatura y una salud agradable. Es una preocupación por llevarnos cada vez mejor, por entendernos mejor, por tener buenas dinámicas entre nosotros».«A mí me gustó que eso quedó patente en la grabación que hicimos en Los Angeles», señala Mercader. Se refiere a las sesiones que hicieron en el estudio de Joe Chicarelli, legendario productor que se curtió con Frank Zappa y que ha trabajado con los Strokes, White Stripes, Morrissey, U2 y otros muchos totems del rock, quien demostró interés real en Arde Bogotá viajando hasta Cartagena para conocerlos y que, una vez metidos en harina, hizo valer sus galones tratando de imponer su criterio a nuestros chicos. «Cuando había algún conflicto en el que había que defender nuestro interés artístico, o bien saltábamos los cuatro a la vez, o bien salíamos a defender al compañero que lo hacía, como un hermano defendiendo a su hermano pequeño. Me encantó sentir eso», dice el baterista.MÁS INFORMACIÓN Opinión Los Zigarros: «Sí que han vuelto las guitarras, bandas nuevas como Arde Bogotá lo están petando y eso mola mucho»Ni van de chulos, ni se drogan, ni se pelean. Demostrado queda que Arde Bogotá son de otra generación, una que tiene sus propios problemas con la industria y con la vida en general. «Nos ha tocado sacar un disco en un momento de cambio grande y muy importante en la historia reciente de nuestro país», dice Antonio mientras las primeras gotas de lluvia otoñal caen sobre las tiendas de campaña levantadas a unos pocos kilómetros. «Es un cambio en la conciencia social acerca de qué es una vivienda. Evidentemente, las reclamaciones del sindicato de inquilinas y de la gente que se está movilizando son muchas más concretas, y con razón. Pero creo que en general va a cambiar la concepción transgeneracional de lo que es una vivienda y de lo que es el derecho a tener un techo».  RSS de noticias de cultura

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Bien peinaditos, sin melenas y con la camiseta por dentro del pantalón, los chicos de Arde Bogotá no tienen las pintas rockeras clásicas de toda la vida. Tampoco se drogan como los rockeros de antaño, detalle no menor que explican fácil y rápido: «Es … que los ochenta o noventa eran otra época, en vez de jugar con la Game Boy a lo mejor te metías un pollo. Aunque hemos tenido nuestros botellones extremos, eh», apunta su baterista José Ángel Mercader entre una carcajadas cómplices que deben haberse oído en cada rincón de su compañía discográfica. «Es que antes el rock se entendía como algo unido a las drogas, pero por suerte, hoy no», añade el guitarrista Dani Sánchez antes de pasarle el micro al cantante Antonio García, que lo resume en que «en general, entre los jóvenes de ahora hay una cultura distinta respecto a las drogas».

 

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