La guerra de Irán: el árbol hueco y el bosque incendiado

La operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, titulada propagandísticamente ‘Furia Épica’, y los posteriores ataques de la nación persa contra sus vecinos han desatado un conflicto regional que amenaza la economía y la geopolítica mundial . Paradójicamente, ambos bandos han desarrollado estrategias especulares en las que necesitan desesperadamente de terceros actores para salir del atolladero en el que se encuentra cada uno.Para Trump, tras años presentándose a sus electores como el único presidente que no había iniciado ninguna guerra, con la deuda estadounidense en máximos históricos, la amenaza de la estanflación y las elecciones de medio mandato en el horizonte, un conflicto enquistado contra el gigante persa sería demoledor .Lo último que quiere el inquilino de la Casa Blanca es repetir los errores de Irak y Afganistán, asentados en la memoria colectiva estadounidense como un trauma geopolítico que horroriza repetir. Por ello, todo lo fía a que el árbol del régimen de los ayatolás se encuentre hueco, debilitado por una masiva oposición social interna que haga que basten unos pocos golpes con el hacha de su abrumadora superioridad aérea y militar para que caiga. De ahí los explícitos llamamientos que hizo a un levantamiento del pueblo iraní contra el régimen (oportunidad que calificó de «la única que tendrían en generaciones») a la vez que combinaba los ataques contra objetivos militares como bases de misiles, aeródromos o centros de procesamiento nuclear, con otros contra la capacidad de represión interna del régimen, como centrales policiales, infraestructuras de propaganda y comunicación y el Ministerio de Inteligencia.Noticia relacionada general No No La guerra de Irán se endurece al entrar en su tercera semana Mikel AyestaranEsta esperanza trumpiana se basa en los indicios de que el régimen podría, efectivamente, encontrarse en una situación crítica. La inflación por encima del 40% del rial iraní, el aislamiento económico y un contrato social roto desembocaron en las oleadas de protestas iniciadas en 2022 bajo el movimiento Mujer, Vida, Libertad, que visibilizaban una desconexión absoluta entre la Generación Z iraní y la gerontocracia teocrática. Estas protestas estallaron definitivamente en enero extendiéndose por más de cien ciudades y multiplicándose tras la captura de Maduro, al vislumbrarse la esperanza de una intervención estadounidense para derrocar al régimen iraní. Dicha amenaza fue salvajemente reprimida provocando entre 3.000 muertos (según el propio régimen) y 32.000 (según organizaciones internacionales).Por ello, y por mucho que nos embelesen los cantos de libertad del pueblo, para que una revolución tenga éxito necesita de capacidad coercitiva. Y esto sólo lo podría aportar hoy en día una rebelión del propio Ejército regular o Artesh, institución que ha experimentado un creciente enfrentamiento con la Guardia Revolucionaria o Pasdaran, auténtico brazo armado ideológico del régimen iraní. Y si la esperanza de Trump es que el árbol de los ayatolás esté hueco por dentro, la de este último, sabedor de que no puede oponerse militarmente a EE.UU., es incendiar el bosque entero. De ahí los ataques de Teherán a otras doce naciones de la región. Supuestamente, eran contra bases y objetivos militares estadounidenses, pero han incluido ataques contra objetivos civiles como hoteles y aeropuertos en Dubái, desalinizadoras en Baréin y, sobre todo, el eje de esta estrategia incendiaria. Se trata de los ataques a infraestructuras petrolíferas y el cierre de Ormuz, por donde circula el 20% del crudo mundial y una quinta parte del gas natural licuado. Esto ha disparado inmediatamente sus precios y devuelto al mundo al terror al desabastecimiento y la inflación de dos dígitos que se vivió tras la invasión rusa de Ucrania.Si la esperanza de Trump es que el árbol de los ayatolás esté hueco por dentro, la de este último, sabedor de que no puede oponerse militarmente a EE.UU., es incendiar el bosque enteroEsta estrategia de Teherán busca someter a tal presión a las naciones del entorno y a la economía mundial que fuercen a EE.UU. a un alto el fuego y a sentarse de nuevo en la mesa de negociaciones. En ese escenario, el régimen quizás pueda salvarse a cambio de concesiones ambiguas y dilatadoras en su programa nuclear mientras protege el programa de misiles y de drones Shahed, auténtico eje de la fuerza militar iraní.Pero esta estrategia podría provocar el efecto contrario. El cierre de Ormuz ha afectado especialmente a China , destino de más del 40% de las exportaciones de la región, soliviantando así a su más preciado aliado junto a Moscú. Por su parte, los países atacados por Teherán, lejos de posicionarse contra EE.UU., están comenzando a ver en el régimen iraní un riesgo para la región demasiado grande como para dejarle seguir existiendo. Entre ellos destaca Arabia Saudí, el principal actor geopolítico suní rival del Irán chií, que ya ha amenazado con acciones de represalia contra Teherán.¿Será Irán un árbol hueco, como espera Trump, que le evite tener que poner botas sobre el terreno? ¿O el intento del régimen de los ayatolás por incendiar el bosque para forzar una negociación terminará arrastrando a toda la zona y a la economía global al peor conflicto regional de las últimas décadas?Juan Luis López Aranguren es profesor de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional Público en la Universidad de Zaragoza   

La operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, titulada propagandísticamente ‘Furia Épica’, y los posteriores ataques de la nación persa contra sus vecinos han desatado un conflicto regional que amenaza la economía y la geopolítica mundial. Paradójicamente, ambos bandos han desarrollado estrategias … especulares en las que necesitan desesperadamente de terceros actores para salir del atolladero en el que se encuentra cada uno.

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