El perfil clínico de los adultos a los que se diagnostica un trastorno del espectro autista (TEA) ha dado un vuelco drástico en los últimos quince años . Si a principios de siglo el autismo solía identificarse en pacientes con antecedentes de epilepsia, psicosis o discapacidad intelectual, hoy el cuadro que precede al diagnóstico ha migrado masivamente hacia la ansiedad, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).Esta es la principal conclusión de una investigación poblacional que ha analizado los historiales médicos de más de 33 millones de personas en el Reino Unido y Suecia, publicada en la revista científica ‘ BMJ Mental Health ‘. El trabajo describe una transformación sin precedentes en la demografía del autismo: la tasa de nuevos casos detectados se ha disparado con especial virulencia entre las mujeres y la franja de jóvenes de entre 16 y 20 años.Para desentrañar si el aumento de casos responde a un cambio en las herramientas clínicas o a una mayor concienciación social , un equipo internacional coordinado por la Universidad de Bristol examinó registros médicos de atención primaria británicos (47,4 millones de pacientes) y bases de datos demográficas suecas (13,3 millones) recopilados entre 2010 y 2023.Eclosión en la adolescencia tardíaLos datos muestran que la tasa de nuevos diagnósticos de autismo en adultos se multiplicó por diez en el Reino Unido, pasando de 6 casos por cada 100.000 habitantes en 2010 a 64 por 100.000 en 2023. En Suecia, partiendo de niveles históricamente más altos (43 por 100.000 en 2010), la cifra escaló hasta los 65 casos por 100.000 en 2021.«Las características de los individuos diagnosticados como autistas han cambiado drásticamente tanto en el Reino Unido como en Suecia» Aws Sadik Universidad de BristolEl incremento más acusado se concentró en el grupo de jóvenes de 16 a 20 años. En el Reino Unido, los diagnósticos en este segmento pasaron de 31 a 364 casos por cada 100.000 habitantes en el periodo analizado, mientras que en Suecia se dispararon de 165 a 361. Al cierre del estudio, la prevalencia acumulada de autismo en este grupo de edad alcanzó el 4,1% en ambos países .«Las características de los individuos diagnosticados como autistas han cambiado drásticamente desde 2010 tanto en el Reino Unido como en Suecia», destaca el doctor Aws Sadik, investigador en la Universidad de Bristol y autor principal del trabajo. Aunque los varones siguen registrando una prevalencia superior a las mujeres (un 1,4% frente a un 0,7% en el Reino Unido, y un 1,8% frente a un 1,2% en Suecia), la velocidad a la que crecen los nuevos casos en el sexo femenino supera con claridad a la masculina.La metamorfosis del historial clínicoEl hallazgo más llamativo radica en cómo han variado los diagnósticos previos que figuraban en el historial del paciente antes de ser catalogado como autista. En el Reino Unido, la proporción de adultos recién diagnosticados de autismo que tenían antecedentes de epilepsia cayó del 10% al 4% entre 2010 y 2023. El declive de la discapacidad intelectual o los cuadros psicóticos previos siguió un patrón idéntico.En el extremo opuesto, los trastornos del estado de ánimo y el TDAH han tomado el relevo. El porcentaje de pacientes autistas que presentaban un diagnóstico previo de ansiedad se duplicó en el mismo periodo, pasando del 29% a superar el 58%.El fenómeno plantea una encrucijada para los sistemas de salud: ¿hay infradiagnóstico o las fronteras del autismo se han vuelto permeables?Al tratarse de un estudio de carácter observacional, los investigadores aclaran que los datos por sí solos no permiten determinar con certeza qué mecanismo causa este vuelco . «Aunque estos datos no nos permiten dilucidar si estos cambios indican una mayor sensibilidad médica para apreciar formas más matizadas y sutiles de autismo, o si responden a diagnósticos erróneos de otras patologías psiquiátricas etiquetadas como autismo, será necesario realizar esfuerzos para reconocer y atender estas necesidades con el apoyo adecuado», argumenta Sadik.El fenómeno plantea una encrucijada para los sistemas de salud europeos: determinar si la medicina está logrando rescatar del olvido a miles de mujeres y jóvenes cuyo neurodesarrollo pasaba desapercibido bajo la máscara de la ansiedad social, o si, por el contrario, la frontera diagnóstica del autismo se ha vuelto tan permeable que corre el riesgo de solaparse con el malestar psicológico común de la juventud contemporánea. El perfil clínico de los adultos a los que se diagnostica un trastorno del espectro autista (TEA) ha dado un vuelco drástico en los últimos quince años . Si a principios de siglo el autismo solía identificarse en pacientes con antecedentes de epilepsia, psicosis o discapacidad intelectual, hoy el cuadro que precede al diagnóstico ha migrado masivamente hacia la ansiedad, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).Esta es la principal conclusión de una investigación poblacional que ha analizado los historiales médicos de más de 33 millones de personas en el Reino Unido y Suecia, publicada en la revista científica ‘ BMJ Mental Health ‘. El trabajo describe una transformación sin precedentes en la demografía del autismo: la tasa de nuevos casos detectados se ha disparado con especial virulencia entre las mujeres y la franja de jóvenes de entre 16 y 20 años.Para desentrañar si el aumento de casos responde a un cambio en las herramientas clínicas o a una mayor concienciación social , un equipo internacional coordinado por la Universidad de Bristol examinó registros médicos de atención primaria británicos (47,4 millones de pacientes) y bases de datos demográficas suecas (13,3 millones) recopilados entre 2010 y 2023.Eclosión en la adolescencia tardíaLos datos muestran que la tasa de nuevos diagnósticos de autismo en adultos se multiplicó por diez en el Reino Unido, pasando de 6 casos por cada 100.000 habitantes en 2010 a 64 por 100.000 en 2023. En Suecia, partiendo de niveles históricamente más altos (43 por 100.000 en 2010), la cifra escaló hasta los 65 casos por 100.000 en 2021.«Las características de los individuos diagnosticados como autistas han cambiado drásticamente tanto en el Reino Unido como en Suecia» Aws Sadik Universidad de BristolEl incremento más acusado se concentró en el grupo de jóvenes de 16 a 20 años. En el Reino Unido, los diagnósticos en este segmento pasaron de 31 a 364 casos por cada 100.000 habitantes en el periodo analizado, mientras que en Suecia se dispararon de 165 a 361. Al cierre del estudio, la prevalencia acumulada de autismo en este grupo de edad alcanzó el 4,1% en ambos países .«Las características de los individuos diagnosticados como autistas han cambiado drásticamente desde 2010 tanto en el Reino Unido como en Suecia», destaca el doctor Aws Sadik, investigador en la Universidad de Bristol y autor principal del trabajo. Aunque los varones siguen registrando una prevalencia superior a las mujeres (un 1,4% frente a un 0,7% en el Reino Unido, y un 1,8% frente a un 1,2% en Suecia), la velocidad a la que crecen los nuevos casos en el sexo femenino supera con claridad a la masculina.La metamorfosis del historial clínicoEl hallazgo más llamativo radica en cómo han variado los diagnósticos previos que figuraban en el historial del paciente antes de ser catalogado como autista. En el Reino Unido, la proporción de adultos recién diagnosticados de autismo que tenían antecedentes de epilepsia cayó del 10% al 4% entre 2010 y 2023. El declive de la discapacidad intelectual o los cuadros psicóticos previos siguió un patrón idéntico.En el extremo opuesto, los trastornos del estado de ánimo y el TDAH han tomado el relevo. El porcentaje de pacientes autistas que presentaban un diagnóstico previo de ansiedad se duplicó en el mismo periodo, pasando del 29% a superar el 58%.El fenómeno plantea una encrucijada para los sistemas de salud: ¿hay infradiagnóstico o las fronteras del autismo se han vuelto permeables?Al tratarse de un estudio de carácter observacional, los investigadores aclaran que los datos por sí solos no permiten determinar con certeza qué mecanismo causa este vuelco . «Aunque estos datos no nos permiten dilucidar si estos cambios indican una mayor sensibilidad médica para apreciar formas más matizadas y sutiles de autismo, o si responden a diagnósticos erróneos de otras patologías psiquiátricas etiquetadas como autismo, será necesario realizar esfuerzos para reconocer y atender estas necesidades con el apoyo adecuado», argumenta Sadik.El fenómeno plantea una encrucijada para los sistemas de salud europeos: determinar si la medicina está logrando rescatar del olvido a miles de mujeres y jóvenes cuyo neurodesarrollo pasaba desapercibido bajo la máscara de la ansiedad social, o si, por el contrario, la frontera diagnóstica del autismo se ha vuelto tan permeable que corre el riesgo de solaparse con el malestar psicológico común de la juventud contemporánea.
El perfil clínico de los adultos a los que se diagnostica un trastorno del espectro autista (TEA) ha dado un vuelco drástico en los últimos quince años. Si a principios de siglo el autismo solía identificarse en pacientes con antecedentes de epilepsia, psicosis o … discapacidad intelectual, hoy el cuadro que precede al diagnóstico ha migrado masivamente hacia la ansiedad, la depresión y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Esta es la principal conclusión de una investigación poblacional que ha analizado los historiales médicos de más de 33 millones de personas en el Reino Unido y Suecia, publicada en la revista científica ‘BMJ Mental Health‘. El trabajo describe una transformación sin precedentes en la demografía del autismo: la tasa de nuevos casos detectados se ha disparado con especial virulencia entre las mujeres y la franja de jóvenes de entre 16 y 20 años.
Para desentrañar si el aumento de casos responde a un cambio en las herramientas clínicas o a una mayor concienciación social, un equipo internacional coordinado por la Universidad de Bristol examinó registros médicos de atención primaria británicos (47,4 millones de pacientes) y bases de datos demográficas suecas (13,3 millones) recopilados entre 2010 y 2023.
Eclosión en la adolescencia tardía
Los datos muestran que la tasa de nuevos diagnósticos de autismo en adultos se multiplicó por diez en el Reino Unido, pasando de 6 casos por cada 100.000 habitantes en 2010 a 64 por 100.000 en 2023. En Suecia, partiendo de niveles históricamente más altos (43 por 100.000 en 2010), la cifra escaló hasta los 65 casos por 100.000 en 2021.
«Las características de los individuos diagnosticados como autistas han cambiado drásticamente tanto en el Reino Unido como en Suecia»
Aws Sadik
Universidad de Bristol
El incremento más acusado se concentró en el grupo de jóvenes de 16 a 20 años. En el Reino Unido, los diagnósticos en este segmento pasaron de 31 a 364 casos por cada 100.000 habitantes en el periodo analizado, mientras que en Suecia se dispararon de 165 a 361. Al cierre del estudio, la prevalencia acumulada de autismo en este grupo de edad alcanzó el 4,1% en ambos países.
«Las características de los individuos diagnosticados como autistas han cambiado drásticamente desde 2010 tanto en el Reino Unido como en Suecia», destaca el doctor Aws Sadik, investigador en la Universidad de Bristol y autor principal del trabajo. Aunque los varones siguen registrando una prevalencia superior a las mujeres (un 1,4% frente a un 0,7% en el Reino Unido, y un 1,8% frente a un 1,2% en Suecia), la velocidad a la que crecen los nuevos casos en el sexo femenino supera con claridad a la masculina.
La metamorfosis del historial clínico
El hallazgo más llamativo radica en cómo han variado los diagnósticos previos que figuraban en el historial del paciente antes de ser catalogado como autista. En el Reino Unido, la proporción de adultos recién diagnosticados de autismo que tenían antecedentes de epilepsia cayó del 10% al 4% entre 2010 y 2023. El declive de la discapacidad intelectual o los cuadros psicóticos previos siguió un patrón idéntico.
En el extremo opuesto, los trastornos del estado de ánimo y el TDAH han tomado el relevo. El porcentaje de pacientes autistas que presentaban un diagnóstico previo de ansiedad se duplicó en el mismo periodo, pasando del 29% a superar el 58%.
El fenómeno plantea una encrucijada para los sistemas de salud: ¿hay infradiagnóstico o las fronteras del autismo se han vuelto permeables?
Al tratarse de un estudio de carácter observacional, los investigadores aclaran que los datos por sí solos no permiten determinar con certeza qué mecanismo causa este vuelco. «Aunque estos datos no nos permiten dilucidar si estos cambios indican una mayor sensibilidad médica para apreciar formas más matizadas y sutiles de autismo, o si responden a diagnósticos erróneos de otras patologías psiquiátricas etiquetadas como autismo, será necesario realizar esfuerzos para reconocer y atender estas necesidades con el apoyo adecuado», argumenta Sadik.
El fenómeno plantea una encrucijada para los sistemas de salud europeos: determinar si la medicina está logrando rescatar del olvido a miles de mujeres y jóvenes cuyo neurodesarrollo pasaba desapercibido bajo la máscara de la ansiedad social, o si, por el contrario, la frontera diagnóstica del autismo se ha vuelto tan permeable que corre el riesgo de solaparse con el malestar psicológico común de la juventud contemporánea.
RSS de noticias de salud
