El Sevilla vence en una jornada de Copa marcada por la tristeza de la tragedia de Urda

España entera se paralizó el miércoles a las 8.55. La Copa, aunque sea ridículo hablar de ello, también. Cuando ocurre algo como la tragedia ferroviaria de Urda, el fútbol es lo de menos. En un principio, así lo hizo ver la RFEF al suspender los partidos de la primera ronda eliminatoria previstos para el miércoles. Pero los tres días de luto nacional no sirvieron para detener las dos jornadas restantes.

 El conjunto andaluz se impuso al Sporting de Hortaleza (0-3), equipo de Primera Aficionado. Rafael Louzán, presidente de la RFEF, estuvo presente en un encuentro en el que muchos aficionados opinaban que no se debería haber celebrado  

España entera se paralizó el miércoles a las 8.55. La Copa, aunque sea ridículo hablar de ello, también. Cuando ocurre algo como la tragedia ferroviaria de Urda, el fútbol es lo de menos. En un principio, así lo hizo ver la RFEF al suspender los partidos de la primera ronda eliminatoria previstos para el miércoles. Pero los tres días de luto nacional no sirvieron para detener las dos jornadas restantes.

El partido de ayer se jugó en Alcalá de Henares, y hasta allí se desplazó Louzán, presidente de la RFEF para ver el enfrentamiento entre el Sporting de Hortaleza, un equipo de Primera Aficionado, y el Sevilla. Precisamente Sevilla, la ciudad de destino de los trenes afectados hace dos días. Precisamente Sevilla, la ciudad de destino de los trenes afectados hace dos días. Rubén y Antonio David viajaron desde la capital andaluza hasta Madrid en coche, pues el servicio ferroviario se encuentra fuera de funcionamiento tras lo ocurrido. Cinco horas y media por carretera para ver «un partido difícil», decía Antonio David. No por el juego, sino por la situación, por los ánimos.

Lo mismo transmitían Juan y Borja, hermanos nacidos en Sevilla que viven en Madrid y Alicante, respectivamente. A ellos el accidente les tocaba de cerca: «Un amigo iba en el tren. Tiene tres costillas rotas. Le ha tocado la lotería». Sus caras serias eran algo común entre todos aquellos aficionados que recordaban el accidente. Lo que no era homogéneo eran las opiniones sobre la celebración del encuentro. «No es el mejor momento pero, ¿cuál es el punto en el que dices hasta aquí? ¿Cancelas los partidos de Copa para que el viernes se juegue LaLiga como si nada?».

Por su parte, Fernando, sevillano residente en Cáceres por trabajo y desplazado hasta Madrid por pasión, lo tenía muy claro. «El partido no se debería haber jugado, por respeto a las víctimas. Han decretado tres días de luto y la Federación decide jugar hoy [por ayer]. No pasaba nada por que hubieran puesto los partidos dos meses más tarde». Pero el calendario está más que apretado y los días disponibles para reprogramar estos encuentros son limitados. «Abusan de tantos partidos que es imposible», defendía Fernando.

Miguel opinaba en la misma línea. Sevillista pero viviendo en Alcalá, buscaba la puerta de entrada junto a su pareja, Andrea. Ambos iban enfundados en la camiseta del Nervión. Ayer, Miguel no dudó en ir a donar sangre para colaborar, porque, si algo se refuerza en estas situaciones, es la solidaridad del pueblo. «Igual que se suspendieron los partidos de ayer, hoy debería haber sido igual. Pero bueno, aquí lo que manda es el dinero», respondía el joven con un gesto, tal vez, de resignación.

La opinión de los vecinos de Hortaleza no distaba mucho de la de sus rivales, pero ellos andaban, bueno, ilusionados se queda corto, aunque, como todo el país, sin olvidarse de lo ocurrido. Fran sonreía junto a su hijo Gonzalo, un chaval de la cantera del Sporting que andaba envuelto en nervios. Pero esa alegría se apagaba cuando hablaban de la tragedia: «Creo que esto es una manera de intentar retomar un poco la normalidad. Guardaremos el minuto de silencio y lo tomaremos como un homenaje a todas las víctimas», explicaba el padre.

El minuto de silencio se guardó. No se escuchó ni una mosca. Vaya, no es algo a resaltar, pero más de un bochornoso momento se ha vivido alguna vez. La afición sevillista apretó, animó y jugó el papel que siempre ejerce, pero la situación extradeportiva se notó. De las 1.500 localidades destinadas a los andaluces, más de la mitad se devolvieron. La ilusión de la Copa se sintió, pero fue la Copa más triste.

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