Cuesta creer que al príncipe George, de 12 años aún, no le esté resultando difícil estos días conciliar el sueño con probables pesadillas en la cuenta atrás para su ingreso en otoño en Eton si a sus oídos han llegado las truculentas anécdotas que cuenta sobre su paso por el más prestigioso colegio de secundaria del Reino Unido su tío paterno, el príncipe Harry. Para el Windsor más díscolo, los años en aquel internado fueron un constante sufrimiento. «Eton había pasado a referirse a sí misma no como una escuela sino sencillamente como… La Escuela. Era el paraíso para los chicos brillantes pero, por lo mismo, sólo podía ser el purgatorio para un muchacho que lo era muy poco», relata en sus polémicas memorias En la sombra. Claro que, por otro lado, el primogénito de los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, también habría oído mil veces las divertidas historias de su padre en el mismo lugar, donde el hoy heredero del trono británico sí consiguió disfrutar como estudiante y dio rienda suelta a su pasión por el deporte.
El primogénito de Guillermo y Kate estudia secundaria en el colegio más prestigioso y elitista del Reino Unido, al que acusan de ser un instrumento para perpetuar la endogamia clasista del país. Cada curso escolar cuesta 75.000 euros.
Cuesta creer que al príncipe George, de 12 años aún, no le esté resultando difícil estos días conciliar el sueño con probables pesadillas en la cuenta atrás para su ingreso en otoño en Eton si a sus oídos han llegado las truculentas anécdotas que cuenta sobre su paso por el más prestigioso colegio de secundaria del Reino Unido su tío paterno, el príncipe Harry. Para el Windsor más díscolo, los años en aquel internado fueron un constante sufrimiento. «Eton había pasado a referirse a sí misma no como una escuela sino sencillamente como… La Escuela. Era el paraíso para los chicos brillantes pero, por lo mismo, sólo podía ser el purgatorio para un muchacho que lo era muy poco», relata en sus polémicas memorias En la sombra. Claro que, por otro lado, el primogénito de los príncipes de Gales, Guillermo y Kate, también habría oído mil veces las divertidas historias de su padre en el mismo lugar, donde el hoy heredero del trono británico sí consiguió disfrutar como estudiante y dio rienda suelta a su pasión por el deporte.
Eton College, el exclusivo internado donde cada año estudian unos 1.350 alumnos, todos varones, de entre 13 y 18 años, es sin duda una escuela que mantiene una enorme reputación por el nivel académico que ofrece, pero al mismo tiempo un centro con fama de añejo y que en las últimas décadas ha estado señalado por diferentes polémicas y críticas, como la de ser todo un símbolo de desigualdad social y un instrumento más para perpetuar la endogamia clasista del país. Tampoco han faltado campañas de rechazo por que la institución no se modernice y abra sus puertas a las mujeres. De ahí que hubiera dudas de si Guillermo y Kate iban a decantarse o no por Eton para la educación de su hijo mayor. Al final, se han impuesto la tradición y el hecho de que el colegio considerado como «una fábrica de reyes y primeros ministros» garantiza una altísima calidad curricular. Además, aunque Jorge, como el resto de sus compañeros, pernoctará de domingo a jueves en una de las 25 casas que tiene el campus en sus 160 hectáreas de verdes prados, podrá reencontrarse con gran facilidad con sus padres los fines de semana, dada la cercanía de Eton a Forest Lodge, la histórica mansión ubicada en Windsor Great Park que hoy es residencia de los Gales.
El coste anual de estudiar en Eton College representa un desembolso de casi 75.000 euros, calderilla qué duda cabe para la inmensa mayoría de las familias que envían al centro a sus cachorros. Pero a los rectores del colegio les gusta subrayar que cuentan con un sistema de becas que alcanza aproximadamente al 20% de los matriculados, chavales sin grandes recursos. De hecho, desde su fundación en 1440 por el rey Enrique VI, un soberano profundamente intelectual y toda una rara avis para la época, que cedió enormes extensiones de tierras, derechos y beneficios para que algunos de sus súbditos pudieran instruirse en los saberes medievales y del recién abrazado Renacimiento, Eton presume de los llamados 70 becarios del rey, chicos brillantes de extracción humilde a los que se les costea absolutamente todo durante la secundaria.
Con todo, es difícil para el centro despojarse de las etiquetas de elitista y endogámica cuando por sus aulas han pasado hasta una veintena de primeros ministros -entre ellos David Cameron o Boris Johnson- y muchos de los hijos de la clase empresarial y financiera británica. El colegio también está muy asociado a la realeza. Antes de que el príncipe Guillermo ocupara uno de sus pupitres en 1995, ya se habían matriculado miembros cercanos al trono como los primos de la reina Isabel II Ricardo de Gloucester;Eduardo, duque de Kent; o el príncipe Miguel de Kent. También cachorros de sangre azul extranjeros, como el príncipe Tokugawa Iesato de Japón, Nicolás de Hohenzollern-Sigmaringen -el segundo de los hijos del rey Fernando I de Rumanía-, el futuro Leopoldo III de los Belgas, el príncipe heredero Dipendra de Nepal, o el Aga Khan III. De otros ámbitos, la lista de celebridades que pasaron por las aulas de Eton es interminable: Ian Fleming, George Orwell, Horace Walpole, Aldous Huxley…
Durante mucho tiempo, la educación en Inglaterra qué duda cabe fomentaba y perpetuaba la característica sociedad clasista del país. Y se solía decir que bastaba con pertenecer a una familia pudiente y bien posicionada para que los portones de Eton se te abrieran, independientemente de que fueras tonto de remate. El centro rechaza sin embargo ese estigma y pone en valor las pruebas que hay que superar antes de la admisión, como las que también ha tenido que hacer el príncipe Jorge. Claro que Harry no era un lumbreras con los estudios, y si sus padres decidieron matricularlo en Eton fue porque el entonces príncipe Carlos y Diana de Gales sintieron que si no hacían con él lo mismo que con Guillermo los tabloides le iban a machacar tachándolo poco menos que de idiota.
La vida escolar en Eton se rige por bastantes normas rigurosas a través de las que se busca también moldear valores como el de la disciplina en los estudiantes. Así, cada día han de llegar a sus obligaciones muy puntuales para evitar que sus nombres aparezcan en el Libro de Tardanzas. El riguroso uniforme escolar del centro, que ha de adquirirse en una de las pocas sastrerías escolares autorizadas en la ciudad, es también duramente criticado en su libro por Harry, quien sintió el mayor de los ridículos con las representaciones teatrales, muy importantes en Eton. Veremos si el príncipe George tiene hechuras de cómico.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón

