Donald Trump ha sido el rey del Partido Republicano desde que ganó la histórica elección presidencial de 2016, el que impulsa y tumba candidatos en primarias a su antojo. Ese poder fue sometido a una de sus mayores pruebas hasta ahora en las primarias republicanas en Carolina del Sur para uno de sus dos escaños al Senado. Y el multimillonario neoyorquino, como en la ranchera, sigue siendo el rey . Puso todo su músculo político a favor de Darline Graham, una figura sin experiencia, que protagonizó una campaña titubeante y salió triunfante:Su candidata, hermana del fallecido senador Lindsey Graham , se impuso en las primarias celebradas este martes en el estado sureño.La victoria es muy importante para Trump, que llega a las elecciones legislativas de este otoño, en las que los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso, en problemas. Su popularidad pasa por el peor momento de su presidencia -Reuters la situó este mes en el 33%- y con algunos republicanos cada vez más preocupados por los resultados que se cosecharán en las urnas. A comienzos de año, logró expulsar en primarias a dos enemigos republicanos, como el diputado Thomas Massie y el senador Bill Cassidy. Pero en las últimas semanas, sus candidatos en algunas primarias fracasaron, algo que ha ocurrido poco desde 2016. Era una mala señal.Con Graham, Trump obró una maniobra arriesgada . Ella no tiene experiencia política, ni profesional, ni académica que le acredite como candidata a una responsabilidad con tanto impacto y poder como la de senador de EE.UU. Su hilo con la política era solo la figura de su hermano, un legislador hábil, que ha sabido navegar las aguas turbulentas de la era Trump -primero se enfrentó a él, después se hizo aliado acérrimo- para mantenerse siempre a flote.Graham falleció este año por una dolencia cardiaca y Trump exigió de inmediato al gobernador de Carolina del Sur que nombrara a su hermana, Darline, como senadora sustituta para cubrir la vacante hasta la siguiente elección, este noviembre. Después subió la apuesta: Trump quiso que fuera ella quien se presentara para quedarse el escaño los próximos seis años.Durante la campaña afloraron los problemas de alguien alejada de la política. Su capacidad comunicativa y su magnetismo son discretos. En un debate entre candidatos, preguntada por si Taiwán es un asunto de seguridad nacional para EE.UU., se limitó a una respuesta sorprendente para alguien que quiere un escaño en el Senado: «La seguridad nacional no es lo mío, no soy experta, pero yo apoyo a nuestro ejército». Era algo en especial doloroso en comparación con su hermano, uno de los senadores con más experiencia y dedicación a las relaciones internacionales y la seguridad nacional.Pero su hermana, Darline, aseguró que en el Senado se centrará en asuntos domésticos, como el coste de vida (la principal preocupación para los votantes) y alardeó de no ser una política. Tampoco lo fue Trump antes de presentarse a la presidencia, recordó en muchas ocasiones.Trump podría haber escurrido el bulto y desentenderse de su elección cuando las cosas pintaban mal. Al contrario, redobló sus esfuerzos por Graham. Viajó a Carolina del Sur y dio un mitin para impulsarla. La recibió en el Despacho Oval. Participó en otro mitin por vídeo en la víspera de las votaciones. La elogió desde su poderoso altavoz en redes sociales.Y ha funcionado. Graham se impuso -para algunos, contra pronóstico- frente al diputado republicano Ralph Norman, conservador y que no estaba enfrentado a Trump.«Carolina del Sur es el país Trump» , proclamó la ganadora en la fiesta de celebración de resultados. Ahora, el presidente y los republicanos tienen que trasladar ese impulso a la elección general, donde sufrirán para mantener sus mayorías en el Congreso. En su estado, se espera que Graham tenga una elección favorable frente a la candidata demócrata, Annie Andrews, una pediatra y activista a favor de la regulación de las armas de fuego. Carolina del Sur no ha elegido a un demócrata al Senado desde 1998.
Donald Trump ha sido el rey del Partido Republicano desde que ganó la histórica elección presidencial de 2016, el que impulsa y tumba candidatos en primarias a su antojo. Ese poder fue sometido a una de sus mayores pruebas hasta ahora en las primarias republicanas … en Carolina del Sur para uno de sus dos escaños al Senado. Y el multimillonario neoyorquino, como en la ranchera, sigue siendo el rey. Puso todo su músculo político a favor de Darline Graham, una figura sin experiencia, que protagonizó una campaña titubeante y salió triunfante:
Su candidata, hermana del fallecido senador Lindsey Graham, se impuso en las primarias celebradas este martes en el estado sureño.
La victoria es muy importante para Trump, que llega a las elecciones legislativas de este otoño, en las que los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso, en problemas. Su popularidad pasa por el peor momento de su presidencia -Reuters la situó este mes en el 33%- y con algunos republicanos cada vez más preocupados por los resultados que se cosecharán en las urnas. A comienzos de año, logró expulsar en primarias a dos enemigos republicanos, como el diputado Thomas Massie y el senador Bill Cassidy. Pero en las últimas semanas, sus candidatos en algunas primarias fracasaron, algo que ha ocurrido poco desde 2016. Era una mala señal.
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Javier Ansorena
Con Graham, Trump obró una maniobra arriesgada. Ella no tiene experiencia política, ni profesional, ni académica que le acredite como candidata a una responsabilidad con tanto impacto y poder como la de senador de EE.UU. Su hilo con la política era solo la figura de su hermano, un legislador hábil, que ha sabido navegar las aguas turbulentas de la era Trump -primero se enfrentó a él, después se hizo aliado acérrimo- para mantenerse siempre a flote.
Graham falleció este año por una dolencia cardiaca y Trump exigió de inmediato al gobernador de Carolina del Sur que nombrara a su hermana, Darline, como senadora sustituta para cubrir la vacante hasta la siguiente elección, este noviembre. Después subió la apuesta: Trump quiso que fuera ella quien se presentara para quedarse el escaño los próximos seis años.
Durante la campaña afloraron los problemas de alguien alejada de la política. Su capacidad comunicativa y su magnetismo son discretos. En un debate entre candidatos, preguntada por si Taiwán es un asunto de seguridad nacional para EE.UU., se limitó a una respuesta sorprendente para alguien que quiere un escaño en el Senado: «La seguridad nacional no es lo mío, no soy experta, pero yo apoyo a nuestro ejército». Era algo en especial doloroso en comparación con su hermano, uno de los senadores con más experiencia y dedicación a las relaciones internacionales y la seguridad nacional.
Pero su hermana, Darline, aseguró que en el Senado se centrará en asuntos domésticos, como el coste de vida (la principal preocupación para los votantes) y alardeó de no ser una política. Tampoco lo fue Trump antes de presentarse a la presidencia, recordó en muchas ocasiones.
Trump podría haber escurrido el bulto y desentenderse de su elección cuando las cosas pintaban mal. Al contrario, redobló sus esfuerzos por Graham. Viajó a Carolina del Sur y dio un mitin para impulsarla. La recibió en el Despacho Oval. Participó en otro mitin por vídeo en la víspera de las votaciones. La elogió desde su poderoso altavoz en redes sociales.
Y ha funcionado. Graham se impuso -para algunos, contra pronóstico- frente al diputado republicano Ralph Norman, conservador y que no estaba enfrentado a Trump.
«Carolina del Sur es el país Trump», proclamó la ganadora en la fiesta de celebración de resultados. Ahora, el presidente y los republicanos tienen que trasladar ese impulso a la elección general, donde sufrirán para mantener sus mayorías en el Congreso. En su estado, se espera que Graham tenga una elección favorable frente a la candidata demócrata, Annie Andrews, una pediatra y activista a favor de la regulación de las armas de fuego. Carolina del Sur no ha elegido a un demócrata al Senado desde 1998.
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