Como en la más bella de las clásicas, Van der Poel remata una explosiva etapa en Ussel

Como en la más bella de las clásicas, Mathieu Van der Poel dejó su sello de furia en este Tour 2026 que sólo premia, de momento, a los ilustres. Su zarpazo felino en Ussel para rematar una fuga de la fuga de la que apenas quedaron cuatro corredores. Imposible para Tobias Johannessen, Tom Pidcock y Alex Baudin contener el ímpetu del neerlandés, su tercera victoria en la Grande Boucle, el beso a su mujer embarazada en la meta del que será bisnieto/a de Poulidor. [Narración y clasificaciones]

 El neerlandés se impone en una fuga de cuatro para sumar su tercera victoria en el Tour en un día de extremo calor y un recorrido eléctrico.  

Como en la más bella de las clásicas, Mathieu Van der Poel dejó su sello de furia en este Tour 2026 que sólo premia, de momento, a los ilustres. Su zarpazo felino en Ussel para rematar una fuga de la fuga de la que apenas quedaron cuatro corredores. Imposible para Tobias Johannessen, Tom Pidcock y Alex Baudin contener el ímpetu del neerlandés, su tercera victoria en la Grande Boucle, el beso a su mujer embarazada en la meta del que será bisnieto/a de Poulidor. [Narración y clasificaciones]

Fue una preciosa guerra de guerrillas. La táctica y el poderío del ciclismo desplegados en el corazón de Francia. Había avisado por la mañana Van der Poel, incómodo hasta el momento, comprobando como su compañero Jasper Philipsen no era capaz de rematar su faena en los sprints masivos. Avisó y cumplió. Y cuando un fuori classe como él, un triple ganador en Flandes y Roubaix, doble en San Remo, campeón del mundo y dios del ciclocross, se empeña, poco se puede hacer.

Camino de Ussel, tras dos etapas para sprinters que desataron el habitual debate sobre el tedio de esas jornadas en que todo se destina a los últimos 500 metros, el Tour volvió a entrar en erupción. Igual dio el calor, que obligó a recortar 30 kilómetros, lo nunca visto. La primera semana ha definido los roles, el intocable Pogacar, el perseguidor Vingegaard, el quinteto de nobles -entre ellos, Juan Ayuso– que luchará por el podio. Y más allá de todos ellos, levanta la mano un ramillete de corredores top en busca de su parte del botín.

El recorrido, como un tobogán de sube y bajas por el departamento de Corrèze, con casi 3.000 metros de desnivel acumulado y hasta cuatro pequeñas cotas, era propicio. Y desde el amanecer de la etapa se sucedieron los ataques en busca de la escapada buena, nombres propios que asustan, de Van der Poel a Pidcock. De inicio a fin ellos dos.

Tardó un ratito en conformarse, primero un grupo de 15, que se quedaron en ocho al paso por Suc au May. Qué ocho. Van der Poel, Pidcock, Baudin, Van Eetvelt, Gee, Simmons, Johannessen y el bravísimo Pablo Castrillo. El pelotón, comandando por el UAE y con apenas 40 unidades, no perdió demasiado, poco más de un minuto, por si acaso.

Y hubo un momento de juego, de arrimarse hasta tal punto que pareció que Tadej no iba a dejar la oportunidad. Pero en el muro de Mont Bessou, Mathieu, como si fuera la Cipressa o el Poggio, desató su clase y adelgazó la escapada. Cuatro elegidos hasta Ussel, aunque atrás Ineos y Lidl (Mads Pedersen aguantó en el grupo principal) se empeñaran en un imposible.

En la recta de meta, picando hacia arriba, y pese al corajudo aguante de Johannessen, alzó los brazos Van der Poel. El bamboleo violento de su bicicleta, el pedaleo con todos los músculos del cuerpo. Un regalo para el Tour. Como en 2021 en el Muro de Bretaña o el año pasado en Boulogne sur Mer.

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