Todas las batallas de Saibari: una prótesis para caminar, un crecimiento tardío y el ‘no’ a Bélgica

Cuando Saibari marcó el último penalti ante Países Bajos que dio el pase a octavos de final a Marruecos, corrió a la grada del estadio de Monterrey y se abrazó a una mujer, su madre. Fátima sabe mejor que nadie todas las batallas que ha librado su hijo Ismael para, a los 25 años, ser el hombre gol de su país, un héroe que ha podido firmar el contrato de su vida con un histórico como el Bayern de Munich. El equipo bávaro no ha esperado al final del campeonato para cerrar un trato que llevaba cocinando desde hace meses. La confianza en sus cualidades contrasta con la poca fe que le tuvieron algunos clubes cuando, como niño inmigrante, llegó a Bélgica en 2007.

 El delantero de Marruecos, recién fichado por el Bayern, vive el momento más dulce de su carrera: marcó en todos los partidos de la fase de grupos y el último penalti que dio el paso a octavos  

Cuando Ismael Saibari marcó el último penalti ante Países Bajos que dio el pase a octavos a Marruecos, corrió a la grada del estadio de Monterrey y se abrazó a una mujer, su madre. Fátima sabe mejor que nadie todas las batallas que ha librado su hijo para, a los 25 años, ser el hombre gol de su país, un héroe que ha podido firmar el contrato de su vida con un histórico como el Bayern de Munich. El club bávaro no ha esperado al final del campeonato para cerrar un trato que llevaba cocinando desde hace meses. La confianza en sus cualidades contrasta con la poca fe de algunos equipos cuando, como niño inmigrante, llegó a Bélgica en 2007.

Saibari nació en Terrasa en 2001, donde Fátima y Hassan se instalaron a principios de los 90 tras llegar de Marruecos y pasar unos años en Almería. Él era transportista y ella abrió una tienda de comestibles, pero la vida les puso de nuevo a prueba: a Ismael le detectaron una malformación en los pies que podía impedirle de por vida caminar con normalidad. Sus pies estaban torcidos y necesitó una prótesis ortopédica para echar a andar cuando ya tenía dos años.

Fue el primer obstáculo y, superado, empezó a tocar el balón en Can Perelada. Fue con su hermano mayor, que jugaba en los alevines de la Damm, histórico club de formación de Barcelona. Sin embargo, a los seis años, la familia hizo la maleta rumbo a un futuro mejor. O al único que veía posible. «Mi padre temía perder su empleo y, aunque mi madre tenía su propia tienda, no podíamos vivir sólo de eso. Fuimos a Bélgica por una amiga de mi madre», reconoció el jugador en una entrevista en 2024, cuando su nombre ya era familiar en la liga donde ya despuntaba con sus goles: la holandesa.

Al fútbol belga le costó ver su potencial. Se formó en las categorías inferiores del Racing Genk, pero el Anderlecht lo descartó porque lo veía pasado de peso y con un desarrollo físico tardío. Nada de eso le importó al PSV Eindhoven, que lo fichó con 19 años en el verano de 2020 para su filial y, tras seis temporadas y con varios títulos bajo el brazo, lo ha vendido por 50 millones.

A Saibari le estimuló librar la batalla por demostrar su valía pero, además, los neerlandeses fueron capaces de generarle un ecosistema perfecto para un futbolista que encaja como mediapunta, por las bandas y como 9. El frente de ataque es su hábitat y lo supo ver su entrenador, Peter Bosz: «Tiene condiciones para decidir encuentros importantes». Sus movimientos en el área han llegado a sorprender a veteranos compañeros como Luuk de Jong: «Siempre sabe dónde va a aparecer el espacio».

En cinco temporadas con el PSV disputó 142 partidos oficiales, marcó 42 goles y repartió 29 asistencias, convirtiéndose en una pieza indispensable en la conquista de tres títulos consecutivos de la Eredivisie. Más allá de las cifras, fue uno de los jugadores que mejor simbolizaron el fútbol vertical y dinámico del conjunto de Eindhoven: presión alta, llegada desde segunda línea y una pasmosa facilidad para aparecer en el área en el momento justo para sorprender al rival.

Cuando su nombre ya estaba sonando, Marruecos lo tenía monitorizado como a todos los expatriados que despuntaban. Esta vez el rival no era España, como ocurría con otros jugadores de su generación como Brahim Díaz o Abde Ezzalzouli, sino Bélgica, el país donde se crió. De cara al Mundial de Qatar, Roberto Martínez le llamó para enrolarlo entre los Diablos Rojos con 21 años. Pero él había tomado una decisión: el vínculo emocional con el país de sus padres pesó más que cualquier otra posibilidad.

Mohamed Ouahbi, con Saibari, tras el triunfo ante Países Bajos.
Mohamed Ouahbi, con Saibari, tras el triunfo ante Países Bajos.AFP

En septiembre de 2022, apenas un mes antes del Mundial, debutó con la Sub-23, pero su destino era la absoluta, a la que llegó tras el Mundial donde Marruecos sorprendió colándose entre los semifinalistas apoyándose en el liderazgo de Achraf Hakimi, Sofyan Amrabat o Hakim Ziyech. Después, llegó el relevo generacional y emergió su figura.

No podía dejar de acudir a este Mundial porque su temporada con el PSV ha sido extraordinaria: 19 goles y nueve asistencias. Y es que en la Copa África, donde aún está en disputa quién es el campeón, si Marruecos o Senegal, sólo marcó un gol, ante Camerún en cuartos. Ese «mejor momento» de su carrera, como él mismo ha reconocido, lo ha alargado en esta Copa del Mundo. Saibari acabó la primera fase con goles en todos los partidos, Brasil, Escocia y Haití, y con más conducciones progresivas y ocasiones generadas de toda la competición. Además, en la primera eliminatoria, marcó el último penalti de la tanda que certificó la clasificación para octavos frente a Países Bajos.

Este escaparate terminó acelerando una operación que llevaba meses cocinándose. El Bayern no fue el único gran club interesado, pero sí el que actuó con mayor determinación. La dirección deportiva consideraba que reunía exactamente el perfil que buscaba Vincent Kompany: un jugador polivalente, físicamente dominante, disciplinado en la presión y con margen de crecimiento. El relevo perfecto para Harry Kane en el futuro, por eso le firman hasta 2031. Llevará el dorsal 34 en homenaje a su amigo Noui, ex jugador del Ajax que se desplomó en un partido y, con secuelas cerebrales, tuvo que dejar el fútbol.

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